1ª Fiesta Intromúsica en Madrid

Intromúsica: Página web dedicada a la música independiente, capaz de costearse un concierto de presentación con cinco grupos en La Riviera. Common People: Página web dedicada a la música independiente cuyos reporteros se sienten felices tan sólo con que les inviten a un concierto como éste.

¿Podrá nuestra humilde página organizar un concierto así algún día? Sabe Dios. Mientras tanto Galo y yo nos dirigimos a La Riviera para comprobar cómo se lo habían montado los chicos de la (agradable, por otra parte) competencia. Y de momento el cartel no estaba nada mal: Cotton, Gravity Grave, Jet Lag, Digital 21 y Los Planetas. Con seis horitas de concierto por delante y una sed abrumadora (no sería mala idea poner precios populares en los conciertos de música independiente), nos dispusimos a disfrutar del espéctaculo.

Abrieron a las seis de la tarde Cotton que, francamente, hicieron el viaje en balde. Diagnóstico: nada grave. Con tres canciones y menos de veinte personas haciéndoles caso, el que firma se quedó con las ganas de saber qué coño eran Cotton. Creo que cantaban en español, pero no lo confirmo, porque por desgracia el sonido era infame. Y a otra cosa, mariposa.

Bien. Luego vinieron Gravity Grave, y aquello ya iba cogiendo otro color. Dos guitarras, batería, bajo, teclado y un tío con un bongo enorme. Es decir, que debían ser seis coleguitas que decidieron montar un grupito de música, y a la hora de repartir los papeles, los que perdieron jugando a los chinos se llevaron el bongo y el órgano. Si no fue así, entonces no entiendo nada. ¿Para qué ponen a un tío con un bongo, cuando le va a silenciar totalmente el (por cierto cojonudo) batería? Claro, el pobre hombre sólo tocó en una canción y se dedicó en el resto a llevar el ritmo con la cabeza. Al menos luego podrá contarle a su madre que tiene una banda de “rocanrol”. ¿Y para qué necesita un grupo de rock un teclado haciendo sonidos infantiles, del tipo de aquel Casio PT-10 que nos regalaron en nuestra primera comunión? Me apuesto mi Kid A a que, si siguen haciendo música, dentro de unos años se quedan en cuarteto. Porque, aunque no son un grupo como para echar cohetes, al menos tienen un cantante con un tono curioso, que me recordó mucho a la voz de Suede, y un batería potente. De composiciones van un poco escasos, aunque puede ser que en concierto no sonaran tan bien como debían, debido al defecto que tienen muchos grupos consistente hacer más ruido del que deben.

En Jet Lag ya pudimos ver a un grupo más formado y maduro, aunque compartiendo alguno de los defectillos del grupo anterior. No tenían un tipo con bongos (ese tipo me dejó marcado), pero sí se dolieron de un sonido excesivamente ruidoso. Si Jet Lag son un grupo con canciones de power-pop, ¿por qué insisten en usar unos guitarreos exageradamente noise? A pesar de cantar en inglés, a pesar del fortísimo sonido y a pesar de que todavía no había bebido nada de alcohol, las estructuras de las canciones de Amplifier, su debut discográfico, me recordaron muchísimo a (agarraos) Los Flechazos. Suena un poco extraño, ya. A pesar de todo, gustaron.

Y eso que el espectáculo todavía estaba por llegar. Se llaman Digital 21, son amigos y residentes en Málaga, y son, probablemente el grupo con más pose del panorama español. Esto, como todo, es bueno y malo. No viene mal encontrar un grupo que se curra la puesta en escena, incluyendo televisores con imágenes hipnóticas, flashes para dejar medio ciego al respetable público y maquillaje futurista. Hasta ahí todo bien. Lo que pasa es que Digital 21, aunque pretendan, no son Depeche Mode ni nada parecido.

“The Sound Station“ es un disco curioso, con buenas melodías, un poco facilón y con las peores letras que uno se pueda echar a la cara. “I want more. Always more. I wanna be the number one.“ En eso consiste “Number One“, una de las canciones que interpretaron. No es fácil convencerme así de que esta canción va sobre la “puta mierda“ del panorama musical español (literal). Aún así el concierto estuvo bastante animado, merced al buen trabajo de los músicos y a un público caluroso, venido desde lejos, y que coreó “Club 69“, “Down“ o “Anymore“, que fue interpretada en dos versiones presuntamente diferentes. Ah, y además nos dejaron una versión del “Creep“ de Radiohead, con el que la gente se volvió loca, confirmando las sospechas: ya es algo así como un himno generacional, lo cual da un poco de repelús. Y en medio de la cortina de humo, acabaron destrozando las guitarras y montando un poco más de show. Me parece que han visto demasiadas películas.

A partir de aquí, la gente empezó a tomar posiciones para poder ver a J, Florent y el resto lo más cerca posible. Allí había de todo: fans histéricas, pijos fuera de sitio y macarras en busca de un poco de bronca. Así se montó lo que se montó. Parecía más un concierto de rock duro, con lo cual pudimos disfrutar más bien poco de las bondades de un grupo que es mucho más que guitarreos contundentes y canciones para dar saltitos y liarse a hostias. Pero la gente no lo entendió así, y nos vimos en medio de una batalla campal al ritmo del “Unidad de desplazamiento“. Eso sí, la gente se sabía todas las canciones al dedillo, y estuvo apagando la voz de Florent durante todo el concierto. Los Planetas estuvieron sobrios, con un sonido bastante bueno durante gran parte del concierto y recordando algunas canciones de anteriores discos (“Qué puedo hacer“, “David y Claudia“, “La playa“ o “La copa de Europa“). A pesar de todo esto, y quizá más por el ambiente que por otra cosa, no me dio la impresión de ver a uno de los mejores grupos de la escena independiente española. Y mucho menos en la última parte, donde dejaron a un lado la coherencia de las guitarras y se dedicaron a hacer simplemente ruido sucio y sin emoción. La gente disfrutó mucho, pero me temo que hubieran estado igual de contentos viendo a cualquier otro grupo que les hubiera dado excusa para cantar y aramar un poco de alboroto. ¿Para cuándo una actuación de Los Planetas más íntima, lejos de festivales o macroconciertos?

pepo
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