A night with the Bluetones - 16/09/2006, Southampton

La becaria insiste en la fatalidad: mis grupos preferidos desaparecen pronto y mal, Alfie, Webb Brothers, poco se oyó en sus tiempos y hoy nadie los recuerda, sólo a los Bluetones y no mucho más que su primer disco..

- Bueno sí, pero los Smiths son mejores.
- Los Smiths ni siquiera son.
- Son, viven en los corazones de gente con criterio como yo.
- Eran, ahora sólo queda un tonel canoso que lame helados y enseña las chichas.

A punto de desencadenar un conflicto nuclear en los autobuses de la National Express, CommonPeopleMusic.com se desplaza por y para ustedes hasta Southampton, ciudad emblemática del sureste inglés cuyas únicas atracciones son a) unas ruinas medievales cuyo atractivo se antoja difícil de encontrar pues si sobra algo en todas y cada una de las poblaciones europeas son ruinas medievales y b) marcharse en barco a otras poblaciones e islotes del canal, actividad de atractivo también inexplicable a la luz del triunfo rutilante que obtuvo el Titanic tras zarpar desde sus muelles.

Tras una breve expedición por la ciudad comenzamos a sospechar que el desafortunado trasatlántico quizá prefirió sucumbir a la puñalada mortal de un iceberg antes que permanecer más tiempo en esta ciudad que hoy podríamos calificar de atrocidad urbanística o ciudad-parking. En un restaurante del puerto nos disputamos una lasaña con varios arácnidos inaplacables siquiera con el sacrificio ritual de varios insectos, y convenimos pasar la tarde en el puerto deleitando nuestros sentidos con el perfume del gasoil. Dos minutos después, decidimos de pura desesperación localizar el bar y suplicar de rodillas que nos dejen entrar aunque sea para pasar la fregona pero fuimos arrojados de una patada en el culo a la noche gélida y temible del sububrio inglés donde sólo escucha el taconeo de esa criatura grácil y femenina como una tanqueta que es la mujer británica, y el aliento malvado de malhechores adolescentes que vigilan bajo capuchas de chándal apostados en la entrada de callejones. Sin atrevernos a ir más allá del local contiguo, que debía ser el mismísimo Olimpo de la toxicidad alimentaria: un fast food chino, Fortuna hizo girar su rueda en nuestro favor y distinguimos la inconfundible cabellera de Eds Chesters, el batería bluetónico, a través de la mugre del cristal del restaurante oriental intentando decidir qué alimaña tomarse con el arroz hervido. Cenamos con él un exquisito arroz a la rata en salsa de bilis departiendo sobre lo divino y lo humano y otros temas de alto calado intelectual fuera del alcance del populacho con que prensa y artistas ocupamos nuestro tiempo de ocio. Se retiró para preparar el concierto y temiendo acabar en las ollas del chino nos metemos un pub rústico al otro lado de la calle en busca de nuestro fiel aliado y benefactor, el vodka, que nos fue servido en vasos opacos de mugre inmemorial.

Quizá recuerden al malote de su colegio que usaba gafas Ray Ban de piloto de F14 desde séptimo de EGB y se remangaba las camisas para dejar a la vista el poder de sus bíceps. Bien, pues tiene un grupo llamado My Elvis Blackout que actuaron aquella noche como teloneros y superaron con holgura la difícil prueba de hacernos pasar un rato entretenido, hagan una visita a su MySpace. Comenta nuestra becaria que sabe más de estos caballeros.

La lista me deja escéptica. No comprendo muy bien el rechazo hacia el segundo disco porque es mi preferido y por tanto el mejor, ni la elección de Serenity now y Mine in the morning de su último E.P, que pasó sin pena ni gloria a pesar de contar con buenas canciones como Autumm Tones. Los hermanos Morriss parecen rejuvenecidos por la ilusión del retorno a los escenarios pero sin la torpeza del novato solo muestran cierta inexperencia ante el teclado que comparten en un par de temas dejando asomar la lengua por la comisura del labio. Solomon Bites The Worm (nos pide disculpas con la mirada por su indescifrable chapurreo en castellano), Home Fires Burning y por supuesto la melancólica The Fountainhead son clásicos intemporales pero nuevas como Serenity Now o el medio tiempo melódico de Baby back up los muestran capaces de recuperar su mejor época. El bajo es una gozada como siempre, siguen rompiéndote el corazón con estilo en Never going nowhere y cambian de tercio con otra nueva, Head On Spike, el corazón roto esta vez reclama sangre, odio por despecho, qué humanos. Nuestros pies se mueven sincronizados con los de Mark Morriss, sigue el delicioso pop melódico de Blue, mi destestada Liquid Lips, la melosa Mine In the Morning y mientras yo disfruto en mi mundo en el otro la gente insiste con la infalible pero sobadísima Slight Return, cosa que de ser muy graciosa hace años se ha convertido en irritante. Los Bluetones se hacen de rogar, y retrasan lo inevitable con la preciosa Surrendered, es la primera del nuevo disco y desvela el protagonismo que ha adquirido el pequeño de los Morriss, bajista, corista, diseñador gráfico y misántropo de la banda. El núcleo central de hooligans consigue por fin su melé de rebuznos con Slight Return y llega la despedida tradicional de If.. antes de marcharse a esperar los aplausos y volver con el bis. Las dimensiones del Joiners y su falta de camerino hacen complicado irse a otro lugar que el váter caminando sobre el público. Scott Morriss (The Bluetones), foto de la casaSe ahorran complicaciones y Tocan Last song but one, la mejor descripción posible para su carrera, para despedirse entre aplausos con Bluetonic. El set no ha sido tan desacertado como en un principio esperaba, más bien cambio de ritmo con respecto a lo que venian siendo sus directos recientes, han conseguido romper la monotonía y sonar más apacibles y exquisitos.

Incapaces de raspar siquiera una noche de hotel y panchitos del presupuesto hollywoodiense que manejan nuestros superiores, nos quedaba por delante una noche a la intemperie alrededor de la estación de autobuses de Southampton esperando el primer bus de la mañana. Pero los Bluetones son un amor y conmovidos por nuestra indefensión a la par que seducidos por el glamour irresistible del periodista musical nos abrieron las puertas de su autobús y una despensa repleta de vino y patatas fritas. Un lugar curioso este de los autobuses de gira. En cada pueblo algunas fans locales se adhieren a la chepa de algún artista para colarse dentro, expectantes a un horizonte de sexo drogas y rocanrol, pero se estrellan contra la indiferencia de cuatro individuos en pijama derrumbados en sofás con más interés por sus deuvedés y pleiesteisions que la tundra mental de las muchachas. En estos autobuses negros te sientes un poco Devon Miles, como si en cualquier momento la pared posterior del autobús fuera a tenderse sobre el asfalto para recibir el bólido de Michael Knight, sueños que se materializan con el triunfo del sopor y te acompañan hasta despertar en la madrugada de Acton y buscar un minicab, y circular por las venas de asfalto de la gran ciudad, y dormir de nuevo, por fin, en una cama. Es dura esta profesión, si ustedes supieran..

Head on a Spike

The Bluetones Diary.

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¿Le ofende la superioridad de nuestro critero? No se reprima:
  1. xavier,

    En sus principios esta web resultaba original y buena con criterio justificado, sí, criterio i todas esas ostias.
    Ahora aquí solo escribís con la finalidad de rajar, perdéis calidad periodística.

    Parecéis unos niños intentando promocionaros por vuestra idiotez de creer qe sabéis rajar con estilo, y qe esto a la gente gusta. Un criterio un poco forzado, digamos, poco criterio.

    espero qe respondáis a esto, con la misma tozudez qe os obliga a estar en contra de todo. Niños.

  2. galo,

    Yo le contesto encantado pero ¿se puede usted explicar un poco mejor? Porque no me aclaro. ¿Cuándo hemos tenido calidad periodística?

Ánimo, deslúmbrenos con su ingenio:

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