Babybird / Bugged
Llevo más de una semana
buscando la manera perfecta de empezar este artículo, y no
se me ocurre otra mejor que comenzando por la verdad. La verdad,
toda la verdad y nada más que la verdad. Hace un poco más
de un año me compré un Melody Maker en el que aparecía una
entrevista a Graham Coxon,
en plan propaganda de su último álbum ‘The
Golden-D‘. No se si cierta persona tendrá razón cuando
dice que me flipo con cualquier cosa, o si es que el señor
Coxon no es más guay porque no se entrena, pero el caso es
que a la media hora ya estaba perdiendo el culo en el Madrid
Rock para comprármelo. Bueno, el caso es que cuando ya volvía
a casa a por mi trasero, coloqué el ‘Golden-D‘
en
la minicadena y me dispuse a seguir leyendo el reportaje.
Entonces llegó el momento clave por el que llevo escribiendo
diez líneas sin parar. El intrépido reportero le preguntaba
al de Blur que qué tipo de
música había estado escuchando últimamente. Recuerdo que Graham
contestó que le había encantado el nuevo álbum de Radar
Bros (por cierto, cojonudos), y que casualmente, el
único disco que se había comprado desde hacía años era, adivinad,
el Bugged de Babybird.
Coño, eso, por lo menos a mí, me impresionó. Que uno de los
músicos a los que en ese ‘momento entrevista’ idolatraba,
no se haya comprado un disco en años y que de repente adquiera
el de un tal Babybird, pues
por lo menos a mí me despierta una cierta curiosidad.
Cómo no, no pasó un rato, cuando ya estaba yo con el Napster
de turno bajándome el Bugged.
Bueno, pues ha tenido que pasar más de un año para que lo
pueda disfrutar de verdad, en formato CD, incluidos chimpancés,
orangutanes y demás simios a los que el tipo este parece que
tanto adora.
Bueno, al lío. El tal Stephen Jones es uno de esos artistas
que de pronto surgen del lugar más impredecible de la tierra,
que parece que hayan nacido con un mágico halo de luz alrededor
que les concede unas excepcionales dotes creativas (no solo
musicales), que desprenden (conscientemente, por supuesto)
una imagen de tal pureza que parece que estés oyendo al mismísimo
Espíritu Santo, no se si me entendéis, que poseen un talento
innato, un carisma especial…
Sólo
hace falta un primera escucha del disco para convencerte de
que estás ante un fuera de serie. Después llega el traumático
momento en el que te enteras de que éste es su octavo álbum
en cinco años (qué prolífico), y no puedes evitar que te posea
la idea de que has estado todo ese tiempo escuchando basura,
mientras éste tío creaba verdaderas obras de arte. Suele pasar.
El primer single que puso a la venta fue precisamente la canción
con la que abre el disco, ‘The F-Word‘.
Aunque dista de alcanzar algún que otro momento glorioso que
nos espera más adelante, no sería osado en absoluto decir
que es de lo mejorcito del álbum. Stephen Jones consigue crear
una atmósfera musical tan pegadiza que le haría pegar botes
hasta a mi primito de cuatro años. También nos comienza a
demostrar el tan poco convencional uso que hace de los sintetizadores,
no apto para oídos conservadores. Y es que con ‘The
F-Word‘ ya puedes empezar a degustar las maravillosas
mezclas de sonidos que Stephen Jones es capaz de crear con
una sencilla mesa de mezclas.
‘Getaway‘ se presenta relajada,
con la suave y melancólica voz de Jones en un primer plano.
Pero tiene que romper una explosión de trompetas (sí, trompetas)
para que te des cuenta de que estás ante uno de los himnos
más creativos del disco. Coros, ecos y trompetas acompañan
a una prosa sencillamente espectacular.
Here you go You have the power
To turn the rain off
Leave this shower
Start the plane
Stop your brain
Cut the world off
Like a flower
El
tercer corte, ‘Out Of Sight‘,
es sin lugar a dudas el tema principal del disco. Ha sido
la canción más aplaudida por la crítica musical, y no cabe
duda del porqué. Segundo single del disco, ‘Out
Of Sight‘ es una de esas escasas composiciones que
son tan, tan sencillas que precisamente es eso lo que las
hace aún más bellas. Te atrapa desde el primer estribillo
y hace que tengas que volver a ponerla una y otra vez hasta
que se te queda tan grabada en la mente que no te la puedas
quitar de la cabeza en unos cuantos días. Pero no es sólo
la negra voz de Jones, la guitarra, el bajo, la percusión,
los efectos, el teclado, hasta la pandereta, todos los instrumentos
están tan perfectamente mezclados y sincronizados en la melodía,
que personalmente, no puedo cantarla sin sentir de vez en
cuando un escalofrío por todo mi cuerpo. Dios mío, va a ser
verdad lo de que soy un flipado… Pero qué coño, la canción
es preciosa. A ver quién se puede resistir al estribillo:
Don’t let her out of your sight
Look at your kids Look at your wife
This was your life
Your life was her life
Don’t let her out of your sight
Con ‘Fireflies‘ me da la impresión
de que se ha quedado a mitad de camino entre lo que podía
haber sido un temazo y lo que es, la canción que va después
de ‘Out Of Sight‘. Por otro
lado, tiene algunos puntos a su favor, como el efecto de voz
que le pone en ‘Oh, no, it’s hot in
here‘, los ritmos de fondo (¡qué imaginación!), o la
curiosa mezcla de una música tan suave como una canción de
cuna, y la morbosidad del coro:
If I find them,
I’m gonna kill them
It wasn’t me, it was my friends
Lo
siguiente que nos encontramos se llama ‘Eyes
In The Back Of Your Head‘. Si lo que os esperábais
era no tener que levantaros del sillón, esto os va a dar de
lleno en las narices, porque el sonido que tanto satisface
a nuestros oídos en este momento es digno del mejor Moby.
Sí, habéis leído bien, Moby.
Así que más vale que no refrenéis las ganas de pegar botes
por vuestro cuarto.
¡Sigue la fiesta! ‘Till You Die‘
nos abre las puertas a la mente del Stephen Jones más fresco
y bailable. Puestos a sacar a luz parentescos, es muy poco
probable que oigas ‘Till You Die‘
y no te venga a la mente la imagen de Beck.
Lo cierto es que a estas alturas del disco estoy seguro de
que te habrá quedado bastante claro las similitudes musicales
entre ambos compositores. Pero añádele aún más sintetizadores
y un humor bastante más negro, mezclado con cierta amargura.
‘Til You Die‘ no es una canción
acerca de la muerte, habla de las promesas que sabes que no
puedes cumplir, pero aún así la haces. Prometes a alguien
que vas a estar a su lado hasta su muerte, o hasta la tuya,
sea lo que sea que llegue antes.
One is you / Two is me
Three’s a baby / Four’s the family
Buy the cake / Buy the ring
Get the knife / Stick it in
Cos it all adds up you’ve got one stab at love
Cos I’m gonna love you til you die
Cos I’m gonna love you til you die
Llegamos
al séptimo tema del disco, titulado ‘Wave
Your Hands‘. Este, aún siendo un tema un pelín más
flojo que lo que venimos escuchando, no deja de tener lo que
tienen todas las canciones del álbum, una producción cojonuda
y la magia que tiene Stephen Jones, que parece que convierta
en oro todo lo que toque.
Ahora sería el momento en el que el álbum nos sorprendería
con otro temazo. Y para no defraudar, llega. Y no con uno.
Lo hace con dos. Y seguidos. Amigos, esto es para oírlo, en
serio. La parte final de Bugged es, ahorrándonos explicaciones,
apoteósica. La primera, ‘All I Want
Is Love‘ es, para mí, la balada más expresiva y hermosa
que he oído en mucho tiempo. Si no estás enamorado, te vas
a emocionar tanto que puede que te enamores al instante de
Babybird (si no lo has hecho ya), pero si lo estás, si estás
enamorado, … mejor siéntate, porque puede que te flaqueen
las piernas en cualquier momento.
La otra maravilla de la que hablaba es ‘The
Way You Are‘. Aquí Stephen Jones llega al punto culminante
del disco. Definitivamente consigue elevarnos a un estado
de perfecta armonía, a un nivel superior, de felicidad, de
tranquilidad, de seguridad… La receta idónea para alegrarte
la tarde, vaya.
La canción que cierra el disco, ‘One
Dead Groove‘ marca una despedida algo oscura, que quizá
nos deja con un hálito de duda. No se sabe realmente si esto
es el final del disco o sólo es una broma. El tipo que canción
que debería ser no encaja en absoluto con lo que nos deja
entrever. Personalmente, a mí esta canción no me encaja en
el resto del disco, me pone demasiado triste, y me resulta
un giro muy brusco en un disco tremendamente sensible.
Ya decía yo. Cuando creías que esto terminaba aquí, nuestro
héroe gasta, ahora sí, el último cartucho y te vuelve a dejar
clavado con una canción fuera de lista, llamada ‘The
Xmas God Of New York‘, con la que consigue hacer que
nos pongamos de nuevo de pie para saltar y no dejar de movernos…nunca.
Esto si que molaría sonando en los 40 principales esta Navidad!!
Shut up!
Sit down!
Don’t talk!
It’s the Xmas
God of New York!
En fin, un disco muy pero que muy recomendable para el nene
y la nena. Por cierto, si aún os han quedado ganas de saber
más acerca de lo que se le pasa por la cabecita al excéntrico
de Stephen Jones, que sepáis que podéis adquirir a través
de I.M.P. fiction su primera novela, ‘The
Bad Book‘. Y si no, simplemente visitad la web oficial
del grupo, www.babybird.co.uk
, que está cantante bien.
Miguel

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