Hoy he digerido las tostadas contemplando el azul vibrante que sucede en este país a las semanas de tormenta y quizá por acceso de locura transitoria he querido amenizar el paseo al metro con una recomendación de nuestro público que es amado, pero indigno de confianza. Durante el comienzo del viaje pensé en los Flaming Lips, en Wolf Parade y es posible que estuviera intentando pensar en Destroyer en lugar del disparate de Of Montreal fingiendo ser Mew sin su casio inseparable. Pensé en los Beach Boys, en los Shins, en unos Arcade Fire libres de pretenciosidad, y al final del trayecto mi único lamento era haber tenido que escuchar la maravillosa Weed Party en un túnel, aunque de alguna manera el tronar de las vías tuvo algo del momento catárquico que hubiera buscado en el resplandor solar con que palpitan los suburbios desiertos en mañanas laborables. Sí, hoy he gozado con melodías y guitarras fulminantes en First song o Wicked gil y admírense, pero cuando Our swords comenzó una sutil transición desde el vendaval eléctrico de la primera mitad a una segunda acústica no reaccioné a dentelladas como es habitual y han resistido en mi estéreo hasta la caída de la tarde. Por supuesto empiezo a estar saturado de la mitad neofolk y de ahora en adelante escharé el debut de Band of horses mutilado de la séptima en adelante excepto por el necesario indulto de Weed Party, y no por mucho tiempo eso es seguro, pero sería tan injusto no felicitar a estos tres morcones hirsutos de Carolina del Sur. Bien muchachos, bien.

Exprese su opinión insignificante sobre el disco con estas estúpidas estrellitas:
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