Beirut + Tunng + The Twilight Sad. Londres, 10-11-2007
No tenía sentido arriesgar la imagen mental del recinto que albergó la primera actuación de los Ramones en el Reino Unido y su reunión histórica con The Clash y los Sex Pistols en 1976 por un probable fiasco del hype folclórico de la temporada, pero acudí al Roundhouse animado en parte por el recuerdo magnífico (y de alta graduación) que me dejó su actuación en el último Primavera Sound, otro poco por informarles a ustedes, amados lectores, y sobre todo por un profundo sentimiento de indefensión ante el argumento definitivo de una entrada gratis.
No se imaginan cuánto me alegra que espacios como éste hayan podido beneficiarse de los presupuestos culturales y renacer con más y mejores estímulos creativos para el superior intelecto de la juventud más inquieta. Iluminación minimalista de exteriores, lounge bar, pulcros muros de ladrillo visto y estilosos carteles de diseño. Lo tenía todo y amigos, se notaba la diferencia. El público era de otra pasta, de mente abierta, participativo y favorable al mestizaje. Tanto que durante las horas de acicalamiento previas al concierto algunos incluso habían pensado coño, que es Beirut, vamos a disfrazarnos de gitano, y pululaban por los alrededores luciendo pañuelos de colores vivos cosidos con moneditas de latón.
Me cuesta admitirlo, pero esta gente está más preparada que yo para profundizar en el entendimiento de cualquier propuesta artística. En los primeros teloneros, The Twilight Sad, ocurrió que yo sólo veía a un trío post-rock ajeno a la completa obsolescencia de su estilo cuyo único rasgo digno de mención eran los meritorios esfuerzos de su batería mientras el público reconocía multitud de virtudes altísimas que hacían imperativo rematar cada canción con vigorosos aplausos que me pudrieron de envidia y rencor. Los segundos, Tunng, me parecían Simon and Garfunkel con un ordenador Apple asistidos por varios amiguetes en el vano empeño de disimular lo visto que está contrastar folk con electrónica. Se trajeron a un greñas con guitarra acústica para tocar una por una las mismas notas, otro encargado de un hilo del que colgaban carrillón, campanitas y chorradas diversas, y a una corista tipo Nouvelle Vague equipada con vestido de volantes y el inventario completo de una tienda de instrumentos de percusión africana.
Ahora bien, imaginen qué visión germinal sería aquella para sensibilidades menos estériles que la mía. Capaces de apreciar sus delicados matices e inspirarse en ellos, los allí presentes bailaban, palmeaban ritmos tribales, e incluso tomaban fotos en alto contraste para enriquecer sus fascinantes flickrs o grababan vídeos a saltos que sí, se verían de puta pena, pero ¿con qué cara vas a presentarte mañana en el Facebook sin haber updateado tu canal del youtube? Qué disparate.
Por fin, Beirut. El auditorio celebró tanto los grandes éxitos de Gulag Orkestar como las canciones del reciente The Flying Club Cup. No necesito recitarles las canciones. Yo, ocioso en el tedio, rodeado de un no parar de vítores y palmas, observé a Zach Condon menos entusiasta que en el Primavera Sound. Entonces cantaba con los pulmones a punto de escapársele por la boca y la banda alineada frente al escenario se tensaba en un arco que parecía lo único capaz de mantenerlo pegado al suelo. Esta vez era la imagen del cansancio y tendía a dejarse arropar por el grupo. Por sus manos desfilaban todos los instrumentos de cuerda y viento concebidos por la imaginación del hombre, y los tocaron bien, esforzados, dispuestos, capaces de asumir el protagonismo de su joven líder pero no de reemplazar su carisma, que es uno muy bobalicón basado en su perenne estado de embriaguez y tonterías como sacudir la trompeta de babas entre canciones, pero determinante para dar al grupo una personalidad propia.
Lo desagradable de Beirut es toda la escena montada a su alrededor que despide una fetidez insoportable a falsedad y esnobismo. Quizá sean imaginaciones mías causadas por el inmenso complejo de inferioridad que me dejaron las horas previas al concierto, pero no puedo dejar de comparar la honestidad de Zach Condon, que nunca ocultó haberse interesado en esta música por pura casualidad mientras viajaba por
Europa bebiéndose hasta el agua de los floreros, con el artificio que despliega su parroquia de fans para mostrar una relación con el folclore balcánico que iría más allá el aspecto lúdico hasta pulsar raíces culturales y no sé qué batallas. He llegado a leer a un individuo contando del mismo concierto que la música le despertó visiones de un amanecer en una aldea pesquera a la orilla del mar mientras los hombres salían a faenar, hombres “conscientes de que algunos no volverían”. Como si en algún momento de su vida el muy soplagaitas hubiera contemplado escenas similares que anidaron en su recuerdo hasta ser evocadas por la música de Beirut. En mi infinita bondad incluso podría darle un voto de confianza, a él, en privado, pero lo que no pienso hacer es tragarme el mismo cuento de los tres mil zíngaros de pasarela que había en la sala, entre los cuales el más entusiasta estuvo pegando voces a mi espalda y era japonés. Queridos modernos, lo lamento pero un disfraz de echadora de cartas y un puñado de estereotipos robados de la televisión, el docudrama croata del certamen independiente, o con mayor probabilidad el valioso testimonio de una revista musical, no cuentan como herencia cultural.
Con todo esto en cuenta, el balance queda muy mermado. Beirut tienen todo mi respeto y simpatía, pero la música me deja indiferente (ninguno tenemos nada en común con este tipo de influencias) y con apenas tres o cuatro singles que puedan animarme algunos minutos de radio no encuentro alicientes buscarme una úlcera entre la panda de subnormales que les ha tocado en suerte como público.

The Velvet Underground
Russian Red
Iggy Pop
Ya en su distribuidor
Crónica de una profanación (o The Hidden Cameras, Londres 23-08-2008) 
Chavalote, que en el último disco también está la influencia de la chanson y que algunos somos mediterráneos y no nos pajeamos solo con lo que viene de UK, y qué coño, estuve en el concierto de Amsterdam y no había nadie disfrazado de zíngaro. Ahora en lo que es un hype folclorico tienes toda la razon, sobrevalorado, puede. Y, por cierto, el de Beirut del PS fue una puta mierda pq el chaval llevaba un colocon del carajo creyéndose Gillispie y sólo se oían bien las trompetas: sólo alabaron los conciertos los fans ñoñas que si el chaval se pedorrea ante el micro hubieran aplaudido igual.
Y pq coño contesto?
Yo no lo recuerdo tan colocado en el primavera sound,lo mismo siempre va borracho perdido, me gusta su música pero el concierto no me dio más,le faltaba química y el público era de lo mas fashion forzado.Me encantan los dos discos y éste último tiene una influencia mucho mas francesa cierto,pero me decepcionó ese concierto en particular y me dieron ganas de no repetir.
Escuche el Gulag Orkestar ara cosa de 8 meses y la verdad, después de varias escuchas terminé por dejarlo…no me entran, incluso me llegaron a molestar, recuerdo apagar el mp3 pensando, estoy hasta los cojones de este ruido.
donde dije ara digo hará
Pues The Twilight Sad han sacado un disco bastante decente este año, aunque no acabo de ver qué hacen teloneando a Beirut, a parte de ser escoceses