Bloomington / The Magic bullet Theory

De toda mi colección de discos, supongo que a ustedes
les sucederá lo mismo, hay unos pocos especiales, mágicos. Son
sólo tres o cuatro elegidos y cuando llega uno nuevo sentimos una satisfacción,
una ilusión característica. Lo depositamos con cariño en
la estantería y lo miramos. Sabemos que lo recordaremos siempe, que es
distinto a los demás. Hoy he recibido uno de ellos: The Magic
Bullet Theory
ha entrado en mi lista especial por la puerta grande,
directo al número uno de portadas y libretos espantosos. Qué cosa
más fea, qué sinrazón cromática. El diseñador
de las de REM es un aficionado, un pamplinas, un inútil,
un vil esteta. ¿Quién dijo que el producto español no podía
competir con el americano? Pero en fin, hablemos del disco.

Yo tengo varios ‘me gusta’ en lo que a discos se trata.
A grandes rasgos hay tres. Tenemos ‘Me gusta pero no me apetece escucharlo’,
discos que me parecen buenos pero que siempre tienen delante a muchos otros
de la sección ‘Me gusta y me apetece (mucho, bastante, infinito)
escucharlo’, discos que me encantan, que me dan ganas de poner en el reproductor
sin demasiada influencia del humor o el momento, discos asiduos en mi reproductor.
Finalmente está la sección ‘Me gusta y no quiero escucharlo’,
como el último de �rsula, que me aburre aunque
me parezca bastante bueno, o el primero de Coldplay, que me
duerme y sin embargo las canciones sueltas me encantan.

Al terminar de escuchar The Magic Bullet Theory
lo meto a disgusto en la primera categoría, está bien, pero tampoco
me va a apetecer escucharlo. ¿Por qué digo que a disgusto? Porque
haga lo que haga queda una especie de remordimiento. Merece la pena escucharlo
porque casi todas las canciones son suficientemente meritorias, no hay tantos
grupos en España que busquen un sonido enérgico y la intensidad
de guitarras que persiguen Bloomington y encima lo hagan decentemente.
Por otra parte al terminar de escucharlo me parece que han pasado más
de los 40 minutos que dura, se me ha hecho algo largo. Sobre todo me queda una
impresión demasiado homogénea del disco. Y sospecho que no es
por incapacidad sino por despiste o ganas de asegurar el resultado porque ahí
está la sexta, Return to Dulwich Road testimoniándolo.
A ver si al próximo, que promete.

galo
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