Bob Dylan - Bringin’ it all back home

galo el 27 Mayo 2007, 22:34 - en discos

Cada año la gente se empeña en recordarte que te mueres pero a veces tienen el detalle de compensarte en condiciones. Ha sido, entre otras cosas, con una caja editada con evidente intención recaudatoria que encuentra su única justificación en presentar los tres discos que alguna vez se ha dado en llamar trilogía eléctrica de Bob Dylan. Y dado que está cayendo el diluvio universal como por otra parte corresponde a cualquier puente británico que se precie pues habrá que matar el tiempo de alguna forma y escuchar el primero parece tan buena opción como cualquier otra.

No suele ser Bringin’ it all back home donde se planta la banderita que marca el cambio estilístico de Dylan sino en el celebérrimo concierto del festival de folk de Newport, que fue posterior al disco pero con un tono dramático mucho más apropiado para ilustrar nuevas eras y eventos trascendentales. La historia de aquel concierto ha sido contada tantas veces que ya es imposible saber a ciencia cierta qué pasó y cuánta premeditación había en un gesto cuyo significado es difícil comprender a casi medio siglo de distancia. Lo más probable es que fuera, como siempre, una ensalada de casualidades. A Dylan le dio por hacer un set eléctrico la noche anterior y después de tocar dos canciones como toda la vida en un taller del festival reclutó a la Butterfield Blues Band y algún otro mercenario para ensayar durante la madrugada apenas tres canciones porque se les había advertido que la actuación debería ser ser corta. Según casi todas las crónicas sonaron infames, y debio ser eso pero sobre todo la brevedad del concierto, lo que provocó los abucheos del público insaciable más que la visión inédita del profeta folk con una Fender Stratocaster. Es cierto que las grabaciones no se escuchan tan terribles como cuentan y que en conciertos posteriores la hostilidad de un sector del público es incuestionable (meses después en Manchester le gritaron “Judas!” y Dylan respondió aullando un Like a rolling stone apoteosico que se puede reverenciar en el cuarto volumen de The Bootleg Series), pero tiene cierta lógica que ese público intentase seguir la corriente a las exageraciones que se contaban del incidente en Newport. En cualquier caso, considerando que tres meses antes había publicado un disco con la mitad de canciones eléctricas, es absurdo que sorprendiera tanto verlo tocarlas con.. guitarra eléctrica.

Meterse en el contexto de estos tiempos memorables es una tarea faraónica y por otra parte inútil porque hay tantas cosas que se atisban pero no se entienden y se intenta abordarlas desde una perspectiva casi académica que le quitaría toda la gracia al asunto. Además lo grande de estas cosas es que los motivos de Dylan fueron unos que saben él y algunos elegidos y aunque tienen el evidente atractivo del misterio mitológico en realidad no importan ni deben importar y el cripticismo de sus letras a lo mejor está ahí por eso, para obligar a quitar la vista del becerro y mirarse uno por dentro y ver, ver otras cosas, pero ver. La universalidad que diríamos. Da lo mismo que Dylan la buscase o no, y sabemos que le importaba un bledo que cuarenta años más tarde fuera tan fácil conectar con las oscuridades de la tradición folk americana a través del galope trepidante de Subterranean Homesick Blues pero es así y por eso la grandeza de lo que hizo Dylan se multiplica con los años y retroceder desde aquí hacia la memoria histórica no es un ejercicio de arqueología sino un placer suntuoso que enriquece una música vigente, inmortal. Bringin’ it all back home parece un caleidoscopio mágico que puede mirarse desde los dos extremos, cuya vista desde el opuesto hemos leido leído con envidia muchas veces, esa transformación electrificada que ilustra la escisión de la comunidad folk del Village e interpretaciones más esotéricas, pero comprendemos que desde nuestro ángulo no es menos admirable ni nuestras conclusiones menos válidas, nos asombra cómo soplan con la misma fuerza los aires de cambio, de desencanto, de ruptura, que transpiran sus canciones subrayando la necesidad de huir siempre hacia adelante. Y aunque no lo fue parece tan premeditado, tan inteligente, el modo en que Bringin’ it all back home tiende el cebo con un tratado de cultura beat para llevarnos hasta una cara B de folk desnudo de acústica y armónica que deja una urgencia por seguir retrocediendo hasta sus orígenes recónditos.. pero escampa, y hay un mundo esperando ahí fuera.

Exprese su opinión insignificante sobre el disco con estas estúpidas estrellitas:
* * * * * * * * *  

¿Le ofende la superioridad de nuestro critero? pulse aquí