B.R.M.C. > Interpol

galo el 11 Agosto 2007, 12:44 - en discos

La ola de revivals rompió contra las costas del nuevo milenio trayendo dos grupos que practicaban un sonido oscuro con bajos imponentes, baterías arrolladoras y guitarras frenéticas. Los neoyorkinos Interpol estaban concentrados en referentes británicos de la primera mitad de los ochenta, el post-punk majestuoso de nombres que no vamos a repetir por enésima vez, y los ¿sanfranciscanos? Black Rebel Motorcycle Club que, aparte de hacer condenar al fracaso cualquier intento de seriedad con el puto gentilicio de los cojones, llevaban un aire retro opuesto a la sofisticación bicolor de Interpol y se movían con más amplitud desde Led Zeppelin a los Stone Roses pasando por Stooges y siempre propulsados por las turbinas de Ride o Jesus & Mary Chain. Todos los maestros tenían una originalidad revolucionaria que a ellos les faltaba para alcanzar el estatus de mito, pero ambos fueron discos intachables como sin ir más lejos demuestra el hecho de que lo esté poniendo yo por escrito estas mismas páginas sellado con toda la rotundidad de un punto.

Claro que si estuvieron unidos en la gloria, también compartieron el declive. Ninguna de las dos bandas supo, pudo o se atrevió a enfrentarse a sus primeros discos y vendían las mismas canciones regurgitadas con otros títulos a un público que, tampoco podemos culparle, prefería rumiar como vacas darse un festín de moscas con sus imitadores. La jugada funcionó mejor a Interpol, que de hecho crecieron en popularidad y han conseguido el aparato promocional de Capitol (EMI) en el prelanzamiento de Our love to admire, hace mes y medio tenían media europa empapelada con esa visión posmoderna del clásico documental del Serengueti que vemos en su portada. B.R.M.C. cambiaron de formato en Howl y se llevaron palos hasta en el cielo de la boca. Pudo ser un error tirarlo a la papelera según notamos ausentes los amplificadores, pero qué quieren, hay un hartazgo de neo-folk que no está el horno para bollos acústicos.

Interpol eran mejores candidatos para la remontada. A pesar del inmovilismo que mostraron en Antics sigo pensando que les queda mucho por explorar más allá de la primera mitad de los ochenta y Pulp servirían mejor que muchos otros para ponerlo en práctica. Así nos llena de esperanza escuchar Pioner to the falls, que comienza con un punteo en el mismo estilo de Hands away pero un tono más siniestro que sólo define a la mitad con un solo de guitarra y un final claustrofóbico que apuntan a This is hardcore. La canción apenas tiene valor más allá de las pistas sobre la posible evolución de Interpol y de todas formas resulta ser un camelo: de haber alguna progresión es que antes Interpol se repetían bien, ahora se repiten mal. Verán que Pace is the trick insiste en la introducción vía punteo, entrada simultánea de bajo y batería, etc. buscando las progresiones apabullantes de su primer disco o incluso Antics pero con unos instrumentos que de repente suenan endebles y sin fuerza Interpol pasan de calco a caricatura. El bajo de No I in threesome no sonaría peor desenchufado, las baterías intentan estampidas al estilo de Obstacle 1 pero se asfixian y renquean arrastrando consigo a toda la banda durante Mammoth, Scale. Sólo Who do you think y Heinrich Maneuver mantienen el tipo, la segunda es un single potente al que incluso disculpamos ciertos ecos ampulosos durante el estribillo cuya inutilidad han dejado demostrada The Killers. Todo queda ahí y quizá conscientes del fracaso Interpol se arrastran por una epopeya mística de diez minutos entre Wrecking ball y Lighthouse suplicando que apretemos el botón de stop como el gatillo que terminase la agonía de un caballo moribundo. Vive Dios que lo hacemos, CommonPeopleMusic es compasivo.

B.R.M.C. son limitados en ideas, precipitados y torpes a la hora de poner en práctica otras nuevas, pero no tienen un defecto peor que el derrotismo de Interpol. En muchos aspectos Baby 81 es el opuesto de Our love to admire, podríamos resumirse en que le da veinte patadas, y una vez postrado en un charco de barro y sangre, le escupe a la cara. Con moco. La primera mitad por ejemplo es un autohomenaje regresivo que merecería los mismos reproches que Take them on.., y es cuando lo que voy a decir podría rechinar contra algunas cosas escritas en esta revista venerable. Pero cuando se habla desde el Criterio siempre se tiene la seguridad de tener razón, así que lo digo: Took out a loan, Berlin, Cold wind y Weapon of choice, son tan buenas que desafían la poca coherencia que nos haya sobrevivido agazapada durante seis años debajo de algún armario. No hay racionalidad que resista polvazos sonoros de esa categoría ni los que vendrán en la segunda parte con líneas de bajo que se deslizan como serpientes por una oscuridad tórrida y viscosa, Lien on your dreams, Need some air, incluso el desbarre delirante de nueve minutos en American X. Entre ambos bloques Not what you wanted y 666 conducer introducen la mezcla justa con Howl, quizá como bajada de pantalones ante el rechazo del público, o reclamando una segunda oportunidad para la malograda aventura pseudofolk, o tratándonos como pajaritos que necesitasen el desayuno digerido para no atragantarse. Importa poco, Baby 81 es un disco opresivo, rabioso, sexual. Black Rebel Motorcycle Club, de nuevo, en su mejor forma.

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B.R.M.C. tocarán el dos de diciembre en Barcelona, sala Apolo, y el tres en la sala Heineken, antes Arena, siempre pocilga bakala, de Madrid. Interpol el ocho de noviembre en La Riviera de Madrid, y el nueve en Barcelona, sala Razmatazz.

Exprese su opinión insignificante sobre el disco con estas estúpidas estrellitas:
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