Budapest / Too Blind to Hear
Empiezo a sospechar que la manía por la innovación
es una historia que se han inventado las revistas para poder rellenar con algo
las cinco o diez líneas de las críticas. Llega por ejemplo un
japonés y registra el sonido que resulta de rayar un cd con un tenedor,
lo publica y listo. ‘XX es un japonés que utilizando un tenedor
y un cd evoca paisajes sonoros que desconciertan a una primera escucha..’
Nadie que haya aprobado religión en el colegio tiene problemas para enrollarse
cuatro o cinco líneas más. Es lo bueno de la innovación,
que da facilidades, hasta trae una crítica hecha de regalo.
Todo el mundo queremos hablar de música y saber de música
y tener la razón, y lo malo de la razón es que hay que justificarla.
Lo más sencillo sería evitar decir ‘tengo razón’
y cambiarlo por ‘tengo gusto’, pero la gente se complica e insiste
en tener razón, que es un engorro porque como todas las cosas que no
existen, la razón puede demostrarse. Hay gente que con dos números
hace la nada y te la planta en las narices, tú sólo ves un papel
con un cuadriculado azul celeste muy bonito pero no, parece ser que es la nada
lo que hay ahí. Fíjense que la gente dice ‘está demostrado’
o ‘la verdad es que..’ o ’si te digo la verdad..’ cuando
no sabe qué decir y es que las cosas que no existen se demuestan para
hacer como que existen, y así nace la razón. A la gente le gusta
hacer como que existen cosas. El gusto sin embargo es de las cosas que existen
y por tanto no se pueden demostrar. Yo por ejemplo existo y nadie sabe demostrarlo,
y existe un algo maligno que se esconde en la rendija negra que hay entre la
pared y mi mesa y se pasa el día mirándome con cara de pensar
algo que no me da buena espina. Existe, se lo digo yo, y nadie me cree porque
ni yo ni nadie lo podemos demostrar.
A lo que iba. Quería decir es que sería más
fácil decir ‘tengo gusto’ que ‘tengo razón’
porque así te ahorras explicarlo. El problema es que entonces la música
no tendria justificaciones ni demostraciones así que la gente de pronto
pensaría que no existe y se preocuparía. Y es lógico porque
que de golpe y porrazo desexistan existencias aturde. La música existiría,
existe, claro, pero como no es la que se han inventado las demostraciones y
justificaciones sino otra distinta e inexplicable pues la gente no la encontraría
y lo pasarían fatal. Me voy haciendo a la idea de que las revistas en
realidad hacen un bien a la gente evitándoles dramas existenciales con
sus críticas y sus razones, y la gente, que en el fondo es buena, critica
y anda con la razón a vueltas para ayudar al prójimo a no volverse loco.
Me gusta mucho Budapest

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