Control (Anton Corbijn) / Touching from a distance (Deborah Curtis)
Inevitable como es que las vidas privadas de los artistas despierten un interés especial en el público, existe la duda de si es posible reconciliar ambas identidades, y hasta qué punto debe intentarse conseguirlo. Para Tony Wilson (y cientos antes de él) la respuesta estaba muy clara: entre la leyenda y la realidad, elige la leyenda. No vamos a darle más vueltas, pero baste anotar que de tanto haberse discutido este dilema a veces se olvida su punto de partida: hay dos personas distintas. En el prólogo de Touching from a distance, la biografía escrita en 1995 por Deborah Curtis en que se basa el reciente biopic de Anton Corbijn, Jon Savage comete este error al preguntarse si la gente quería a Ian Curtis por las mismas cosas que lo estaban destruyendo. Pasa por alto que en realidad no es Ian Curtis lo que se quería, y supongo que se quiere, sino sus escombros.
La tarea de explicar al cantante de Joy Division a través de Ian Curtis comienza por tanto desde un planteamiento defectuoso que hubiera podido dar buen resultado con otro personaje pero aquí se pega de morros contra una realidad abrumadora: nadie, ni siquiera su mujer, tenía mucha idea de cómo era ese tal Ian Curtis. Touching from a distance sufre más las consecuencias. Deborah Curtis intenta desmitificar al personaje y criticar la manía de glorificar artistas malditos pero aparte de rozar el viejo tópico del gran artista y mejor persona, que pudiendo ser cierto es sobre todo irrelevante, cuando toca hablar de Ian Curtis en el contexto que interesa, el de la banda, llegan a aportar más cuatro citas de Bernard Sumner y Peter Hook que varias páginas de almanaque en plan “Y el día tal tocaron en cual y les acompañó mengano, y yo no fui, pero al de dos días más tarde, sí, y nadie me dirigió la palabra“. Usando una frase de Deborah Curtis sí, entendemos que cuesta mitificar a quien lavas los calzoncillos. Pero nuestro interés sobre Joy Division no alcanza a los pormenores de su colada.
En conjunto es una sensación frustrante que en la película se vive de una manera muy visual cuando permancemos con ella en la puerta del hogar familiar mirando el coche alejarse hacia una historia paralela que se desarrolla por las carreteras de Europa. Deborah Curtis cuenta cuándo y dónde. Nosotros queríamos saber qué y cómo. Sin menospreciar el trance que pasara la pobre muchacha, hay muchos detalles que quedaron fuera de su alcance y es probable que cualquiera que hubiera compartido la furgoneta con su marido, incluida Annik Honoré, la amante, hubiera podido aclarar más sobre estos periodos que en su libro se ocupan narrando un rosario de fechas, nombres y testimonios de segunda mano. El abatimiento de Ian Curtis en Control cada vez que regresa a casa y se tropieza con el biberón, el carrito y los pañales en medio del salón es, en verdad, compartido durante la lectura.
Esos momentos que Deborah Curtis pasaba cociéndose de rabia en casa son los que Control aprovecha para entrar en el terreno de la leyenda y ganar una ventaja definitiva. Factory, Rob Gretton (el manager, con varias intervenciones gloriosas), la primera actuación en So it goes, la firma del contrato con la sangre de Tony Wilson, las fugas al bar de Ian Curtis (muy al estilo “a por tabaco”), los conciertos, las giras. En todos los pasajes históricos Control interesa y divierte. La recreación histórica del Manchester de finales de los setenta es magnífica. Digo esto haciendo mía toda la autoridad de la crítica profesional, y en general la de cualquier historiador que se precie: la de de quienes no estuvimos allí. Los planos parecen rodados sobre instantáneas perfectas en blanco y negro que muestran un Manchester desolador, gris en alto contraste y esa textura granulosa que tampoco podemos decir que nos sorprenda mucho de Anton Corbijn. El público aprobó con risas cuando se pronunciaron las primeras palabras con acento cerrado del norte (hay en el Reino Unido una mitología social con el norte, impresiona cómo los carteles de carreteras anuncian en The North, en mayúsculas, en abstracto, imagínense el absurdo si en Andalucía los carteles orientasen “Al Norte”). Son los propios actores quienes tocan todas las canciones que suenan en la película (Anton Corbijn dio en Cannes un motivo incontestable: ¿por qué querrías escuchar la versión original? vete a casa y pon el disco) y por encima de todos la interpretación de Sam Riley es inmensa, en especial durante los conciertos. Quienes recuerden los vídeos originales notarán un parecido casi sobrenatural que ridiculiza los espasmos del actor innombrable de la chapucera 24 Hour Party People. El contraste con ésta es devastador en todos los puntos comunes.
Es una lástima que Deborah Curtis no comente más la obra de su marido y en este sentido Anton Corbijn hace más con el simple método de asociar las canciones a episodios de la vida de Ian Curtis. Trabajando en una oficina de empleo al mismo tiempo que es diagnosticado de epilepsia consigue trabajo a una chica epiléptica, semanas después llama a su casa para averiguar cómo le ha ido y descubre que ha muerto de un ataque. Corte. She Lost Control en directo. En cualquier caso la película tampoco descubre nada importante sobre Ian Curtis y su acierto reside en sacrificar el rigor histórico para hablar de un artista desde un plano artístico. Touching from a distance es un buen complemento gracias lo exhaustivo de los detalles biográficos e incluir, aparte de las inevitables fotos de familia, un anexo con todas las letras de Joy Division, también las inéditas, y notas de los cuadernos de Ian Curtis.
La banda sonora convoca un séquito de lujo, Velvet Underground, Roxy Music, New Order, Sex Pistols, Bowie, Iggy Pop, Buzzcocks, Supersister y unos pitiditos de Kraftwerk para acompañar a los grandes éxitos, Atmosphere, Love will tear us apart y Dead Souls. Hay dos versiones, una de Transmission donde el propio reparto consigue resultados insólitos, y Shadowplay ejecutada por The Killers (un nombre cada vez más apropiado) durante los títulos de crédito. Tengan los abrigos listos para escapar al final de la película si se deciden a viajar a Europa para verla, no hay fecha de estreno prevista en España.
Les dejamos tres pasatiempos, un artículo de la única persona con motivos para averiguar algo del Ian Curtis privado, su hija, la banda sonora, y uno de los mejores aperitivos que hemos encontrado:

The Velvet Underground
Russian Red
Iggy Pop
Ya en su distribuidor
Crónica de una profanación (o The Hidden Cameras, Londres 23-08-2008) 
Plas, plas, plas. Realmente brillante el artículo.
Galoooo
estupendo entremés
así, sí que sí que fijo que veré la peli, parece emocionante
Yo voy a repetir sin duda,pero tendré que esperar al deuvedé para los 20 min extra de metraje?