Córtate el pelo
Otra víctima del nuevo siglo: las peluquerías de caballero. Se extinguen aquellos santuarios donde tres ancianos agonizan recostados en sillas de cuero rojo bajo la custodia de botecitos de lociones capilares del siglo XVIII y la cuchilla que heredaron del abuelo hirviendo en el esterilizador en espera de clientes a quienes afeitar las patillas. Clientes cuya serena confianza descansa en el buen hacer de estos venerables profesionales, caballeros seguros de salir del establecimiento con el pelo como mandan los cánones: cortito, un privilegio que compensa al varón la ocasional pérdida de un ojo o quizá una loncha de carne a causa de un inoportuno acceso de Parkinson. La desaparición de estos templos de masculinidad arrastra al hombre a las peluquerías unisex, o sea, de mujeres. Lugares fétidos donde las ancianas son fumigadas con laca y un biombo disimula un tétrico habitáculo al que los empleados entran con carritos de aluminio cargados de pociones y cuencos de brea que utilizan para trasquilar los hediondos genitales de cuarentonas descaradas e impúdicas.
Siempre rezo para que me lo corte el dueño, que suele ser un cincuentón con barba canosa capaz de sembrar a las señoras de rulos y adulación y raparte la cabeza en un mismo gesto. No suele ser así. Me presenta a la becaria - Ella cuidará de ti. Es una de esas licenciadas en depilación de ingles por CEAC para quien el pelo de una cabeza masculina es un misterio indescifrable salvo que la tengas con forma de chocho. Yo la tengo de pepino. Hablemos claro, las peluqueras, y aquí incluyo a peluqueros afeminados y metrosexuales, no saben cortar el pelo a un tío. Están demasiado acostumbradas a tratar con mujeres y metrosexuales, gente dispuesta a someterse a todo tipo de sufrimientos con periodicidad quincenal a fin de convertirse en una parodia de la portada del Vogue hasta la próxima ducha. Los hombres no lo estamos. Yo no lo estoy. Me irrita el mero hecho de perder una hora de mi tiempo a merced de su infame hilo musical y los titulares de revistas del corazón (’por qué no tuve sexo en mi noche de bodas’ - ‘adelgaza inflándote a patatas fritas’..). Tengo mucho pelo, y quiero que os lo quedéis. Eso es todo. No quiero que me restreguéis la cabeza con lociones, no quiero actualicéis mi imagen, no quiero que me déis consejos y por los clavos de Cristo, NO QUIERO QUE ME LAVÉIS LA PUTA CABEZA.
Que cómo lo quiero, pregunta Mari Ingles. En la peluquería de caballeros incluso es posible que el anciano entienda ‘Al cuatro por detrás y los lados, por arriba igual de corto, pero con tijera’. En una peluquería normal es mejor ahorrarse los detalles. ‘Al cuatro’ es un enunciado sencillo que yo, iluso de mí, sigo esperando que alguien con formación escolar básica y un diploma de esteticienne sea capaz de entender, pero me estrello contra la cruda realidad una y otra vez. Las peluquerías son como singularidades cósmicas, las leyes de la física pierden todo su sentido y al cuatro no quiere decir al cuatro, quiere decir rápame a la izquierda, tíñeme de verde y me pones tres tirabuzones en el flequillo. Lo digo por si esta vez cuela, que al cuatro, contesta que al cuatro, por supuesto. Cuando agarra la máquina con la soltura que un cangrejo sostendría una licuadora he sabido que estaba en un aprieto.
Al principio siempre me engañan, comienzan rapándote la nuca, los lados, repasan las orejas, te hacen creer que en cualquier momento pasarán a la coronilla concluyendo el suplicio. Hoy tampoco tengo suerte. De repente cesa el zumbido de la máquina, agarra la tijera y comienza a delinearme el cráneo con el peine. Me corta el pelo POR CAPAS. ¡¡POR CAPAS!! ¿Estoy soñando o realmente me estás rapando por capas? No quiero mirar. Intento distraerme leyendo la portada del Elle. Jenniffer Aniston ha superado su ruptura con Brad Pitt, se ha comprado un perro. Cuando vuelvo a mirar al espejo encuentro un infeliz bajo una plasta de pelo cuidadosamente perfilada. ¿Es necesario hacerme la permanente antes de afeitarme la cabeza? Entiendo que cortar el pelo a una veinteañera requiere cautela. Entiendo que el peinado subnormal para modernos imbéciles exige un plan de acción elaborado. No es mi caso, y se nota según piso el establecimiento. No tengo aspecto de mujer. No tengo aspecto de metrosexual. No estoy a la moda. Hoy llevo vaqueros del 98, un jersey viejo del Corte Inglés y la camiseta de pipas Facundo. No tengo pelo Pantene, tengo pelo Sanex. Salta a la vista que cuando pido que me lo rapen quiero que pasen por mi cabeza como una maderera por el Amazonas, con rápidez y voracidad. Soy un regalo para las peluquerías, maná celestial, pago tarifa completa por diez minutos de máquina, sin peines, sin pringar láminas de aluminio con decolorante industrial, sin secador, sin conversación. ¿Es realmente necesario RAPARME POR CAPAS?
Mari Ingles escrutina en el espejo la escultura capilar que corona mi cabeza. ¿Cómo lo quieres de corto? - ¿Qué? - Que cómo lo quieres de corto - ¿Cómo que cómo lo quiero de corto? Corto como AL CUATRO. ¿Es AL CUATRO una medida suficientemente específica para ti? Coge la máquina, pon un 4 y rápame-de-una-puta-vez. Aah, al cuatro. Vuelve a sacar la máquina, me la pasa a lo largo y ancho de la cabeza. Lo deja al cuatro, pero también al siete, al dos, al treinta y cuatro y al diecinueve. Saca los utensilios y vuelta a por uvas con el peine. ¿Así de corto? Mmm déjame pensar.. ¡NO! ¡CORTO COMO AL PUTO CUATRO, AL-CUA-TRO, CÓRTAMELO AL CUATRO!
Tras repetir la operación una media de ocho veces se hartan y deben pensar ah con que corto eh, pues te vas a enterar, y van y se vengan. Es cuando por fin te lo dejan al cuatro. Se apresuran en zanjar el asunto antes de que reacciones: o te cubren la cabeza con una porquería gelatinosa o extraen el secador de un cajón y te dan volumen. ¿Acaso cree que es imposible dar volumen a una cabeza con menos de un centímetro de pelo? Pues se equivoca. Pueden hacerte parecer un subnormal, pueden y lo consiguen. Te levantas. Diecinueve noventa. ¿Qué? Diecinueve noventa. Pone diez en la puerta. Aah, ¿no te has lavado el pelo? NO, NO ME HE LAVADO EL PUTO PELO. Ah, pues diez. Pagas y una vez más te arrastras por las calles con aspecto de subnormal dejando un rastro de pelitos hasta tu casa, condenado a repetirlo una y otra vez, hasta el fin de tus días.

Gran Torneo 2008
Boquerones en Vinagre 

comprate la trasquiladora del pryca por 12 euros, un poco de practica y te haras con ella.
Anonymous | 05.12.05 - 9:19 pm | #
joder, yo pasé de la de barrio (hasta que se acostumbraron y me empezaron a maltratar) a una de estilistas (a 20 euris la broma)
ahora me meto en cualquiera con un letrero de corte por 8 euris, y aunque el seños marco marquini no atiende, para el caso es lo mismo.
además cada dos meses cambio de estilo :-)
k | 09.12.05 - 11:54 am | #
A mi el otro dia me pegaron un tajo en la oreja que todavía no se me ha cerrado… “es que es un sitio muy escandaloso para los cortes…”
Pues pinchate las pelotas, a ver si se te quita la cara de memo…
KAKO
Anonymous | 09.12.05 - 12:06 pm | #
Toda la puta razón tiene este hombre, por esta y otras razones yo no me corto mucho el pelo.
Mark Speech | 14.12.05 - 1:32 pm | #
Jojojojojo. Espectacular. Mira que me fastidia adular a los que casi escriben tan bien como yo, pero esta vez te has superado. Me he reído bien a gustito. Has retratado mis horribles experiencias. Yo ahora no voy nunca al barbero si no está el maricón que me lo corta en 10 minutos y no me da conversación.
Anonymous | 19.12.05 - 4:16 pm | #
Gravatar Qué bueno, me has hecho reir de verdad… toda la razón, sí sr.
apol | Homepage | 28.12.05 - 9:49 pm | #
Gravatar Jajaja, muy bueno, totalmente cierto… jamas en toda mi vida me han cortado el pelo alguna vez como yo especifique.
Miguel | Homepage | 29.12.05 - 9:24 am | #
Muy bueno. Yo siempre pido que me rapen al 0.5 sabiendo que como mínimo me van a dejar 1.5 cm. Así me ahorro todas las tonterías de ‘fijador?’ ‘que te parece?’ y tonterías por el estilo. Afotunadamente tengo un buen melón por lo que no me queda del todo mal… si no fuera por las cejas de teleñeco que Dios me ha dado. Pero aun así lo prefiero. Cortarse el pelo ya no es un dilema. Ganas me han dado un par de veces de coger la maquinita de las narices y rapar a todo el local para después gritar… ‘ves como no es tan dificil de hacer, anormal!’ y cosas por el estilo.
Anonymous | 29.12.05 - 2:02 pm | #
Gravatar Es verídico, yo soy de Venezuela, llegué a tu página desde Menéame; y aquí en mi ciudad también cada vez es más difícil encontrar una barbería para machos. De paso las que hay son atendidas todas por señores mayores, así que cuando ellos mueran irremediablemente creo que terminaré en una peluquería unisex :o(
Marcel | Homepage | 01.01.06 - 10:33 pm | #
“Me presenta a la becaria - Ella cuidará de ti. Es una de esas licenciadas en depilación de ingles por CEAC”
“‘Al cuatro’ es un enunciado sencillo que yo, iluso de mí, sigo esperando que alguien con formación escolar básica y un diploma de esteticienne sea capaz de entender”
…moderno no seras, pero clasista un rato.
maria | 04.02.06 - 12:43 am | #
No sé qué tiene que ver ser clasista con esperar que una individua de treinta años, con, supongo, una mínima formación escolar, sea capaz de entender una frase de dos palabras. Yo creo que es algo razonable, pero en ese caso, esperé demasiado.
Creeme, viendo como tengo la cabeza ahora que ha crecido el pelo (parece que hubiera explotado un petardo en la cabeza de Rocío Jurado), estoy seguro de que fui demasiado blando con ella.
galo | 04.02.06 - 1:11 am | #