alt=Sepan que la cutícula de una uña del pie recién arrancada vibra con los tonos bajos de una sala de conciertos produciendo una sensación en extremo desagradable. Rumiando este dato evitemos preguntarnos qué coño pinta un medio de nuestra reputación en un evento organizado por el NME con motivo de no sé qué mierda de premios y procedamos con la crónica de la noche que se desarrolló ayer mismo en la sala principal del Astoria, otro cine-teatro reconvertido en discoteca con pasillos laberínticos, una acústica desoladora, consumiciones a precios que podrían pagar la fianza de varios capos sicilianos y urinarios que no sólo supuran una roña viscosa de las paredes sino que además incitan al descuido de la higiene personal al estar vigilados por una especie de segurata picarón que acecha sentado sobre los lavabos fingiendo vender piruletas y cosméticos masculinos para, sibilino, accionar el grifo a traición cuando los usuarios intentan lavarse las manos forzándoles así a dejarle una moneda en un platito.

En el auditorio una multitud de chavalines con pieles de nácar bebían latas de red bull sin respirar y se atusaban los elementos del uniforme H&M con verdadero primor esperando la salida del primer telonero de la noche. Fueron Team Waterpolo, un grupo malísimo a los que faltan meses de incubación en su colegio mayor y ni por esas tendrían garantía de que sus patéticas imitaciones de The Strokes, Supergrass y otras docenas de nombres copiados ya hasta la saciedad tuvieran una fracción de la gracia de sus originales. El siguiente número fue perturbador. Wild Beasts parecían cuatro habitantes del cercano Soho, el bajista vestía una holgada camiseta abierta hasta el ombligo en un vertiginoso y peludo triángulo, el guitarrista iba disfrazado de Jason Donovan, con un peinado proscrito desde las SuperPop de los primeros noventa, camiseta de manga larga y cuello alto metida POR DENTRO de los pantalones, vaqueros, prietos, y tocaba moviendo el cuello como una garza borracha, tocaba, de hecho, bien, sonando a guitarras excelentes como las de Orange Juice o The Smiths, llenas de reflejos y matices inesperados. Pero era cuando irrumpía el cantante que operaba más cerca de Kate Bush que Edwin Collins y si bien los adolescentes no hacían ni caso absortos en su jovial idiotez, varios elementos de edad avanzada mirábamos incrédulos con los ojos fuera de las órbitas. La aversión fue poco a poco progresando hacia tolerancia, sorpresa y miedo porque a ver si no iban a estar tan mal pero no hubo tiempo para resolver el enigma sin robar tiempo a los dos grupos restantes. Aunque no garantizo nada merecen escucharse con detenimiento, un vistazo rápido demuestra que sí, hay temazos. El cantante de Mystery Jets salió propulsado con dos muletas, se encaramó a los restos de una silla de oficina y aunque aquello era demasiado surrealista para ser cierto eran la reencarnación new-new wave de los mismísimos Tennesee. Sí, esos Tennessee. Con ellos el grueso de público entró en acción coreando canciones y dando los primeros saltos, lo cual puede servir de orientación a aquellos de ustedes que quieran estar a la última de los hypes británicos pero para la minoría con buen gusto sólo supondrá una clara muestra de lo sobado de su música que para mí fue además superflua dado me que bastaba con escucharla.

Mis expectativas para Cansei de Ser Sexy eran moderadas y, de nuevo, correctas. Con un disco donde sólo cuatro canciones brillan en medio de mucha paja no hay combinación posible para mantener en alto un concierto completo y el único acierto puede ser elegir cómo y dónde dejarlo decaer. Tomaron la opción arriesgada, echar a la hoguera las infalibles Off the hook, Meeting Paris Hilton y Alcohol durante los primeros veinte minutos y confiar que el calor aguantase hasta el final con Let’s make love and listen death from above. Funcionó de milagro. Lovefoxxx, que esta vez salió con un lazo enorme en el pecho vestida de Caja Roja de Nestlé (sólo la caja, el chocolate se lo había zampado), cantaba sin mucha voz, bailaba sin mucho brío y volteaba el micrófono como un cebo por encima de las primeras filas. Ahí acababa la animación de un grupo que sin eso no tiene casi nada. Comparando con las fotos llenas de globos y confetti de la víspera en la universidad de Leeds, el espectáculo fue sobrio, de una resaca que debía ser notable para que unas chicas con casi dos años seguidos de gira encima la consideren digna de mención. Pasaron Alcohol bromeando a costa de la guitarrista/teclista del extremo izquierdo que respondía metiéndose el dedo índice en la boca y en general aunque había ganas, intentaban bailes que duraban segundos y el batería, que parece el padre de la prole, intentó espolearles diciendo que se hacían viejas era evidente no tenían el cuerpo para muchos trotes. Del resto lo más destacable fueron Alala y This month, day 10 y la única canción que los poderes fácticos les permitieron tocar del segundo disco fue discreta. Tuvieron la suerte que los putos ladrones de la sala Astoria supeditan los conciertos a la apertura de la mierda de discoteca e hicieron sonar la campana después de Let’s make love.. recién cumplida la hora de actuación. No sirvieron de nada los sonoros zapatazos ni las detalladas referencias a los árboles genealógicos de los organizadores con que el público pidió el bis. Sospecho que CSS respiraron aliviados.

Wild Beasts - Brave Bulging Buoyant Clairvoyants
Mystery Jets - Young Love
Team Waterpolo - Letting Go

Exprese su opinión insignificante sobre el concierto con estas estúpidas estrellitas:
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