Deerhunter - Cryptograms
Venía a hacer una rectificación. No es que nos hayamos equivocado, qué disparate, no, puedo explicarlo todo. En nuestra lista de discos de 2007 concedimos un sesenta y ocho al segundo disco de Deerhunter, Cryptograms. Hoy, durante el repaso para el Primavera Sound, encontramos, perplejos, un disco que no los merece.
La explicación es sencilla. Los años de profesión han desarrollado en nosotros un mecanismo neurológico que canaliza el flujo de naderías electrónicas a una región del cerebro que actúa como basurero de estímulos sensoriales, es el mismo lugar donde van a parar el ruido del tren cuando se vive cerca de las vías, los crujidos de tu propia casa. Allí debió terminar también la mitad del disco que escuchada con detenimiento vale para poco más que anular el silencio del váter de una galería de arte contemporáneo. No es por tanto una equivocación, sino un juicio incompleto. Mi hipótesis cobra fuerza si tenemos en cuenta que con una sola excepción todas las canciones que merecen la pena de Cryptograms están concentradas en la segunda mitad, lo único que yo recordé del disco y en base a lo cual adjudiqué esa desproporcionada puntuación de sesenta y ocho puntos sobre cien que apareció en la lista. La realidad es que Cryptograms merece mucho menos, un cuatro por aritmética, un seis con la notable intervención de tres canciones donde la electrónica se usa como complemento para impregnarlas de niebla psicodélica pero tienen una base sólida, ya sea en desarrollos intensos (Spring hall convert), melodías emocionantes (Strange lights) o las dos a la vez (Hazel st.). Para llegar aquí hay que soportar a Deerhunter trasteando con maquinitas durante media hora con la difusa intención de crear expectación, ansiedad y tensión. Lo hacen fatal. En Intro chapoteos y crujidos forestales de cinta de relajación new age se funden en una serie de pulsos y cuela porque es una introducción. Cryptograms, que podría unirse a las anteriores, despista y retrasa lo inevitable. Pero ya en White ink no hay por dónde cogerlo, un crescendo parsimonioso de siseos y reverberaciones etéreas que a los tres minutos cuarenta segundos culmina en un cambio a.. más.. ruidos.. otros, pero también atrapados en un eco perenne, pik pik pik pik.. y así, hasta dar los cinco. Lake Sommerset despista con ruido y velocidad pero es lo mismito: bucles. Providence, Octet, Red Ink pulsos, estática, susurros sobrenaturales, crepitaciones, notas de bajo, carrillones. Nada.
Luego ya llegan las tres aquéllas, despiertas, y bien, el disco hasta podría haber terminado con sensación de remontada, pero vuelven a por uvas con Tape hiss orchid (uno de los títulos más pretenciosos que aparece en nuestra base de datos) y Heatherwood, donde incorporan un sonajero, un llavero y dos palos. Esto en concierto puede ser para abrirse las venas. El sábado a las 22:30 en el escenario ATP. Tenemos a Mission of Burma como salvavidas (Vice, 22:30).

The Velvet Underground
Russian Red
Iggy Pop
Ya en su distribuidor
Crónica de una profanación (o The Hidden Cameras, Londres 23-08-2008) 
Sin ser para tirar cohetes tampoco, está mucho mejor el de Atlas Sound.
Una muestra más de la integridad sin fisuras de El Criterio. A ver para cuando el especial de Sonic Youth.
Pues en directo son fantásticos,de lo mejorcito del sábado.
Lo fueron, en verdad.
A mi Sonic Youth me encantan desde pequeñito, es sabido.
Sí,desde pequeñito 27 años y medio? o 28?
Tú despídete del ascenso.