Dinosaur Jr. - Beyond (o el fraude Nick Hornby)

Me trae bastante sin cuidado que Nick Hornby haga terapia con sus libros, pero detesto cómo cada vez que pasa por una de esas crisis pivotales del urbanita contemporáneo, la de los treinta, la de los cuarenta, etc. le invade una necesidad patológica vender su manera de superarlas como las únicas opciones dignas, adecuadas, sensatas. Desarrolla todos sus libros en ambientes arquetípicos de las edades por las que él mismo pase en ese momento y desde ellas arrastra al lector hacia las conclusiones que él necesita refrendar. Una vez allí, al calor del aplauso y satisfecho por las reflexiones baratas que ha despertado en el público, Nick respira tranquilo y piensa hice bien, maduré con aplomo y dignidad.

Echen un vistazo a su bibliografía. Final de la treintena, escribe High Fidelity (historia conocida de sobra, la dejamos para luego) y About a boy, una castaña atroz también sobre treintañeros en crisis con suplemento de niño repelente cuyo argumento parodiaría, pero lo hacen mejor sus admiradores, transcribo a uno: “.. mirada ingeniosa y divertida a la lucha de un hombre y un chico para encontrar amor, aceptación y plenitud en sus vidas. El hombre (que en realidad es un chico) es egoísta, rico, inactivo e infeliz. El chico (que en realidad es un hombre) tiene problemas, no encaja. Este libro trata sobre cómo se encuentran y enriquecen las vidas del otro aprendiendo cómo deberían vivir un verdadero hombre y un verdadero chico“. Escalofriante. Bien, pues pasa los cuarenta y nos atiza How to be good, el inevitable discurso condescendiente sobre las flaquezas del idealismo juvenil enfrentado a un mundo complejo y polifacético (está claro, para aliviar el trauma de haber perdido sus propios ideales). Y hace dos años reaparece con A long way down, de cuya contraportada me faltó valor para pasar: cuatro suicidas, una adolescente rebelde, un ex-presentador ex-famoso, un joven rockero recién salido de un éxito efímero y una mujer de mediana edad se encuentran en una azotea la noche de año nuevo con intención de suicidarse. Pero juntos descubren motivos para seguir viviendo. ¿Crisis de los cincuenta, Nick? Habiendo convertido su obra en semejante colección de clichés, y a sí mismo en una especie de Paulo Coelho disfrazado de John Peel lo último que le faltaba era dar lecciones con la pretenciosidad paternalista de Auster.

En High Fidelity la jugada le salió algo mejor porque a pesar de no tener un fondo diferente lo cubrió con un disfraz más elaborado. Ocurre que la gente es boba y según aparece un personaje, graba dos casetes y deja los calzoncillos sucios por el suelo se deshacen de admiración por el genio analista del autor, como si fueran secretos insondables de la intimidad juvenil sólo al alcance de mentes sagacísimas. ¡Graba cintas! ¡Como yo! Gilipollas, COMO TODO EL MUNDO. A partir de ahí, seducidos por su propia imbecilidad, se tragan la cuadratura del círculo si hace falta. Que era lo que buscaba Hornby. Pues si recordamos que la escribe al final de la treintena, asumimos la intención más que plausible de digerir el trauma de la aproximación a los cuarenta rindiendo los últimos restos de orgullo juvenil y observamos el final de la historia, es fácil entender que toda la patraña del treintañero inmaduro y molón con su tienda de discos y su chaqueta de cuero está ahí con el único propósito de colar por la puerta trasera el concepto contrario, que Rob mola pero lo de resistirse al advenimiento de la madurez y las exigencias de la vida adulta es un empeño inútil e irresponsable que debe superarse. La parafernalia músico/estética que desfila por la película no está como adorno sino cebo, con el objetivo preciso de llevar de la nariz al lector/espectador hasta aceptar que el momento en que Rob cede, se coloca el arnés y baja a pinchar al bar con el mismo espíritu de los equipos de cuarentones en las ligas de fútbol municipal, era el único final lógico y la única elección sensata. Nick Hornby, inmerso en esa misma fase, lograba su objetivo. Para él no aplaudían su libro, sino su forma de dar el paso definitivo a la madurez.

En eso consisten todas sus novelas, dejar caer las piezas en su sitio, donde deben, donde se espera que caigan. Gran parte del público comparte la misma necesidad que Hornby, y por eso High Fidelity gusta no por retratar obviedades y hablar de buena música, sino porque desde el punto de vista del lector es una historia complaciente, reconfortante, cuyo verdadero atractivo es ver al héroe derrotado y adquirir la noción de que oye, si se rinde el tío ese que mola tanto pues lo de madurar no puede ser tan terrible. En cierto modo reciben la misma satisfacción que el autor, y al terminar el libro/película pueden cambiar pañales, bajar al Ikea a comprarse un sofá Markus, ser treintañeros como deben ser los treintañeros, y serlo con paz interior, sin complejos, sin remordimientos. Ahora bien, habría que ver el efecto si al final Rob manda a la novia a hacer gárgaras y durante los títulos de crédito aparece treinta años más tarde fosilizado, cubierto de canas, vistiendo la misma cazadora de cuero y escuchando a la Beta Band en Championship Vinyl, si es el “espíritu juvenil” quien sale triunfante, no sometido en el personaje secundario y bufonesco de Jack Black o convertido en un ejercicio nostálgico de fin de semana. ntonces la historia se hubiera vuelto inquietante, molesta, porque a ver con qué cojones se va el lector/espectador a comprar sofás con nombres vikingos sabiendo que los héroes de ficción están ahí, Eresistiendo con un par de huevos y la casa cubierta de calzoncillos sucios. Por eso detesto High Fidelity, porque es una película cobarde, artera y complaciente que en el fondo, llevado a extremos delirantes como la extensión que está cobrando este artículo pero no por ello menos ciertos, en el fondo enseña a dejarse morir.

Todo esto debía contarse porque ha sido Almost ready quien ha hecho explotar este rechazo torrencial contra Nick Hornby que yo tenía latente desde hace tiempo sin saber muy bien el motivo. Muchos celebran el regreso en plena forma de una banda que alcanzó su cima hace casi veinte años con motivos fundados porque el disco es colosal e inesperado, nadie creía que pudieran volver a crearse bofetadas como Almost ready con la misma esencia que Little fury things o estocadas mortales como What if I knew y Crumble que son en lo que piensan quienes definen a Dinosaur Jr. como “A soul-crushing noise rock band“. En ellos aún conviven una melancolía aplastante y una furia explosiva, fuerzas que en muchas bandas de su época aparecían por separado pero sólo Dinosaur Jr. sabían enfrentarlas en un equilibrio perfecto que es lo que te encoge las tripas. La voz de J Mascis a punto de desintegrarse en This is all I came to do, contrapuntos de guitarras sobrecogedores como el de la segunda mitad de Pick me up. Todo eso sigue presente en Beyond. Pero el auténtico valor de Dinosaur Jr. no es hacer un disco de este calibre sino seguir vivos como un anacronismo distinto al que suelen producir retornos providenciales pero siempre sospechosos como el suyo. Beyond lleva la falta de evolución más allá del defecto y demuestra que su supervivencia no es una resurrección oportunista ni un ejercicio de nostalgia como el DJ reciclado de High Fidelity o los cuarentones de liga municipal sino un desafío al tiempo donde a pesar de la certeza del fracaso mantienen la determinación de resistir en un mundo que debería haber quedado atrás. Y lo consiguen. Dinosaur Jr. no están anclados en el pasado: arrastran el pasado con ellos, son el Rob canoso en la tienda de discos, son la sospecha de otras cosas que apenas prometen una recompensa abstracta, intangible, pero de algún modo real porque la escuchamos ardiendo en los altavoces, son todo eso que Nick Hornby quiso hacernos olvidar porque él no tuvo valor de mirar a la cara.

galo
¿Le ofende la superioridad de nuestro critero? No se reprima:
  1. cretina,

    jaja genial artículo !

  2. krowder,

    joer muy bueno sips y gran simil, mira q m gusto high fidelity pero desd el punto de vista q lo has expuesto…m da que pensar. Un saludo. Y el disco d los dinosaur jr un buen disco.

  3. Gabriel,

    Nick Hornby no es tramposo: sus trucos se ven a la legua. Es un sentimental, un conservador, un hombre tradicional, un ciudadano medio. Y sí, vende terapia. Pero claro, para criticarle hay que partir de la base de que todo eso es malo, puesto que la rebeldía juvenil es un valor superior. Pero en realidad, lo único que vienen a decir los libros de Hornby es que se puede ser un carca sin ser un carca como los carcas de otras generaciones de carcas. Que envejecer en el cambio de siglo es distinto. Que no pasa nada. ¿Dónde coño está el problema? El rock y la rebeldía: eso sí que es un matrimonio de conveniencia. Y si no que se lo digan a Smashing Pumpkins.

    Yo me reconozco lector asíduo, y sé que Hornby es carne de cañón para cualquier elitista, porque es sencillo y tiene éxito. También sé que no es alta literatura. Pero es buena terapia, es cierto. Y por cierto, A Long Way Down es un tour de force decadente en que exprime la formula hasta el barroquismo, con un planteamiento inicial desquiciado, pero que no le sale tan mal.

  4. galo,

    Truco implica trampa. Cualquiera que use trucos es en esencia tramposo, aunque haya nombres más agradables según las circunstancias.

    Lo detestable de Nick Hornby no es ni su sencillez ni su popularidad, ni la reincidencia en el tema terapéutico, sino en que los objetivos que persigue son complacientes, facilones y cobardes. ¿Cómo que no pasa nada? Que te mueres coño, eso pasa. Todo el mundo se caga en los pantalones, y quien diga lo contrario miente. Envejecer consiste en asumir con la idea de que uno se muere, no perder el miedo, sino ampliar las tragaderas para aceptarlo. No porque sea lo más sentato, sino porque no queda más remedio. Hay muchas terapias, pero una a base mentiras, como difundir esa noción falaz de que el individuo de Alta Fidelidad sigue conservando su espíritu juvenil a pesar de haberse convertido en un bragazas, me enferma y me parece, insisto, facilona, complaciente y cobarde. Esa es la imagen que Nick Hornby transmite en cada uno de sus libros, de lo que tú dices, ciudadano medio, tradicional, conservador, cagado de miedo.

Ánimo, deslúmbrenos con su ingenio:

PARA SERVIRLE
 
 
  • Nomine sus discos favoritos de 2008. La eliminatoria comienza el 1 de diciembre. (detalles)
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