Doves / Some cities

El crecimiento imparable que la música Pop había seguido en la última mitad de siglo quedó interrumpido en agosto del 87 con la disolución de los Smiths. Sumido en la catalepsia, comenzó la era del revival. Los últimos espasmos llegaron a tiempo para confundirse con los primeros flashbacks. Cuando la enfermera salió a atender un suicidio con escopeta y regresó lo encontró inanimado sobre la camilla con un rictus que llamaron Brit Pop.

Es innegable que pasamos buenísimos ratos con el Brit Pop, lo hicimos después Doves, Starsailor, Travis, Coldplay y demás de su quinta, y con muchos de los grupos que han ido apareciendo con en sucesivos revivals con sus respectivos megamixes de viejas glorias bajo el brazo. No ha dado tiempo a cansarse de unos antes de que aparecieran otros. En escasos diez años hemos visto desfilar a toda velocidad cuarenta años de música pop Beatles, Stones, Kinks, Bowie, Velvet, Joy Division, Rem, Smiths, Jesus & Mary Chain, New Order, Ramones por nombrar unos cuantos. El último cartucho, Nirvana, espera en la recámara. Pero empieza a resonar una pregunta ¿y después qué? Hemos agotado la historia del pop en una década que se alarga desde principios de los 90, más de lo que ninguna otra había hecho, y nadie da muestras de tener la menor idea de cómo salir de ella.

En esta situación se recibe a gente como Doves con un sabor agridulce, sin poder eludir la molesta sensación de que ya hemos oido todo lo que tenían que decir pero aún con el buen gusto que siempre deja una carrera a la que en justicia se puede reprochar bien poco (no seré yo quien diga nada contra los celebrados Lost Souls y The Last Broadcast). Evidentemente no es el caso de grupos como Keane quienes a día de hoy, francamente, sobran.

Desgraciadamente Some Cities trae un conflicto interno. Es imposible oponer racionalidad y juicio a la típica e irresistible melodía para lunes por la mañana de Black and white town, la excelente Snowden donde echan mano de un shoegazing sideral a lo Slowdive, Walk in Fire o la intensidad de Sky Starts Falling. Lo peor del disco, y la raíz del conflicto, no son la plomiza The Storm que te corta el ritmo a machete a mitad del disco ni algún otro pinchazo más que perdonable que se pierde por ahí. El problema es que sigue quedando un vacío en alguna parte que se siente palpitar con canciones como Walk in Life o Almost Forgot Myself, donde uno no tiene del todo claro si escucha a Travis, Starsailor o a los propios Doves. Un vacío que no es sino aquella ‘inquietud’ de la que hablaba antes, la sensación exprimir las últimas gotas de algo que se seca a marchas forzadas y cada vez sacia menos. Some Cities es un disco muy representativo de los últimos 15 años de música pop: disfrutable y muy digno, pero por favor, ya basta.

galo
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