Editors - An end has a start

galo el 29 Julio 2007, 21:08 - en discos

Cuidado: Tom Smith se asombra y cabrea porque la gente aún les compara con Interpol o Joy Division. Sí, él se ha sentado en el sofá, se ha escuchado a ellos mismos y bueno, a lo mejor un poquillo la voz, pero el resto nada, cero, “absolutely nothing”, ha sido su conclusión. ¿No es irónico encontrar gente tan ingenua detrás de esa voz gutural, ese dramatismo, la ansiedad de sus guitarras?

El problema de Editors es que tienen buenos gustos pero pocas ideas y ninguna personalidad. Hay algo en ellos que suena bien, pero despierta la misma desconfianza que la textura satinada de un androide. La voz por ejemplo, los referentes de marras están ahí, pero es un parecido sintético, inerte. Tiene lógica porque nadie puede sentir como propias unas letras plagadas de lugares comunes y tópicos impersonales como An end has a start, Escape the nest y tantas otras, ni siquiera el mismo Tom Smith, a quien toda su angustia y afectación sólo conducen al histrionismo melodramático de un programa de testimonios: In the end all you can hope for is the love you felt to equal the pain you’ve gone through. Por favor. Hay momentos desoladores, a mitad de disco sorprende tropezando con un estribillo que canta como atragantado con unas migas de pan, luego cuando miras el título y comprendes lo que intentaba expresar Smith se te cae el alma a los pies: When anger shows. Luego repite How can you know what things are worth / if your hands won’t move to do a day’s work. Seis veces. Decid que sí machotes, la rima lo merece.

Trasladen esto a la música y completan el cuadro. Es cierto que Editors hacen por distanciarse de Interpol y oiga, acercándose al fantástico Achtung Baby. Aunque tampoco han sacado mucho en claro. Durante once canciones once las guitarras hacen poco más que tirar una nota al reverb y echarse a dormir esperando que la tensión se materialice por sí sola del eco y una percusión desganada (When anger shows), a veces inaudible (Escape the nest creo) y por lo general monótona, monotonía que algún sordo degenerado podría intentar defender recurriendo a Joy Division abriendo úlceras instantáneas en las tripas de cualquiera que se haya tomado la molestia de escuchar a los de Ian Curtis. Cinco canciones en este plan entre las cuales sólo Bones merecía la pérdida de tiempo, da verdadera lástima cuando la hasta el momento digerible The Racing Rats queda destrozada en la búsqueda del clímax de macro-estadio y rematan continuando con una lenta como si nos fuera a hacer falta coger aire o algo, de hecho la titulan Push your head towards the air. Pobrecillos.

Un disco malo y tedioso que no merece más desperdicio de electricidad subrayando sus defectos. No lo escuchen.

Exprese su opinión insignificante sobre el disco con estas estúpidas estrellitas:
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