El Crepus

Quizá no sea casualidad que Los Punsetes y Joe Crepúsculo hayan dado el estirón el mismo año teniendo en cuenta que ambos liberan al pop español de los dos referentes que más daño le han causado en su historia reciente. Vemos en sus discos que no es imprescindible cargarse de complejos para copiar a Los Planetas, que hay opciones más allá de repetir ad nauseam el petardeo carpetovetónico de la Movida y más importante aún, que la solución no pasa por calcar modas extranjeras: ambos suenan ibéricos. Se puede ser español, producto de una cultura, y al mismo tiempo evolucionar. Ambos han demostrado cómo hacerlo.

Nunca terminó de convencernos Tarántula, el grupo nodriza de Joe Crepúsculo. La última oportunidad que les concedimos, en el Primavera Sound 2008, fue para pasar minutos viéndoles cruzarse insultos de meretriz del raval con un colega del público, inmersos en ese circo de gamberrismo decadente que ha sido abusado en este país hasta el sopor. Es cierto que a Joe Crepúsculo también se le escapa el ocasional gesto hispatrash (vean el vídeo Esto Suena Brillante), pero uno tiene muchas más pruebas de que no van por ahí los tiros y que gran parte de esa fachada es una simple forma de disimular la timidez. Un motivo similar al que ustedes encontrarían si se preguntasen por qué ponen voces raras o hacen el anormal cantando esa canción especial en los bares, en los karaokes. Porque si la cantan de la manera que la cantan en su interior dejarían ver lo que les importa esa canción más de lo que querrían que notasen los demás. Cuestión de vergüenza. La manía de recurrir al kitsch como defensa contra el pudor es casi un condicionamiento cultural, no vamos a zafarnos de él en un futuro próximo y seguirá apareciendo en muchos grupos, durante muchos años, pero si es obvio que todo renacimiento parte de las propias cenizas lo que nadie parecía haber entendido es que también hace falta salir de ellas. Aquí está lo crucial de Joe Crepúsculo, saber asumir esa influencia pero no a costa de reducir el resto a un cúmulo de burlas, parodias y gamberradas rancias como es costumbre. Resto que de hecho es muy serio, atiendan a lo que canta, de hacerse mayor, de tener miedo, del amor. En la música española, por increíble que parezca, esto supone una novedad tan inmensa que lo que más está costando entender a la gente es que Joe Crepúsculo no está de broma.

En la raíz del problema está algo que insinúa cuando canta que “no es fácil amar en tiempos de democracia cuando la moral ha perdido su esplendor social”. En la era de la subjetividad, libres de referentes absolutos, es imposible dar importancia a nada. Es el gran problema generacional de todos los que hemos crecido bajo esa tiranía, somos incapaces de decir lo que nos importa si no es detrás de siete velos de ironías, frivolidades, cinismo, escepticismo, superioridad racional y lo que ustedes prefieran, siempre desde la distancia. Nuestra música y literatura son buenos ejemplos. No les digo que haga falta ir con cara de enterrador, pero sí aceptar que a uno le preocupan cosas, y decirlas, acaso con timidez pero sin fingir que no existan, sin protegerlas tanto que al final sean inespugnables. Porque lo contrario es inverosímil y es idiota. Qué cerca sentimos a Joe Crepúsculo cuando comienza Supercrepus, el segundo disco que publica este año, confesando que “De lo que tengo miedo es de tu miedo a que lo veas todo igual, o a que todo te sea indiferente” (Baraja de Cuchillos). Lo mejor es escucharle practicar en consecuencia, habla sin tapujos, claro y simple, tan claro y tan simple que uno acaba buscando dobles sentidos que no existen. Las frecuentes comparaciones que recibe con Astrud no son erróneas porque ellos también fueron buenos en eso, hablar de cosas importantes, pero suelen hacerlo desde un enredo intelectual excesivo que muchas veces (otras tantas no, pero aquí nos importan las que sí) provoca que aunque hablen de sentimientos elementales suenen analíticos, fríos. A su lado Joe Crepúsculo suena, coño, humano. Oigan Caja de Lluvia, no es por cantar que “Cada vez que quiero expresarme no encuentro nunca la expresión, por eso te digo que te amo en esta canción.”, es que además en la voz está esa admisión, con un poco de vergüenza, de que joder, que va en serio. El arsenal de emociones que despliega (iba a escribir, y usted hubiera esperado leer, “se esconden”: por inercia, una inercia muy significativa, vean como la mente ya se nos ha adaptado a que las emociones estén ocultas, haya que buscarlas, perseguirlas por las canciones) en Escuela de Zebras y Supercrepus son desarmantes, fabulosas y vitalizadoras: “Sigues esperando el verano, y no vendrá hasta que tú me des la mano” – “No hay más aquí. Por eso déjate llevar. Déjate llevar. Déjate llevar por estas olas de paz. [..] Cuando veas un estanque con las aguas de cristal déjate llevar” – “Cuando las navajas se te clavan en las nalgas y te sangran los ojos de ilusión” – “No tiene sentido estar encerrados todo el día. Ven a bailar, ven a reír, si estás dispuesta a ser feliz. Te quiero besar, te quiero abrazar, quiero estar cerca. De ti.” – “La vejez empieza cuando empiezan los viejos” – “El recuerdo de las noches siempre frescas, siempre tiernas, me llevan a una luz esplendorosa” – “La música es tan frágil que los recuerdos se quedan impregnados para siempre”. En estas condiciones, cuando llega la gamberrada esporádica sí hace gracia porque uno ya sí se ve dentro de la broma privada, no es a tu costa, es común. Por eso es fundamental que no vean ni promocionen a Joe Crepúsculo como una excentricidad de verbena. No lo es. Por culpa ese error el redactor ausente Pepo sufrió arcadas de aversión en su primer contacto con el maestro crepuscular, sin embargo ha cedido tan pronto como le he instruido esta tarde en las grandes melodías de Suena Brillante, Los Viejos, La Canción de tu Vida, Los Fauno o Gabriela, un temazo como se han visto pocos este año que fue remezclada hace pocas semanas por el fenómeno internacional El Guincho. Claro. Porque las de Joe Crepúsculo son canciones que atraen a la juventud a las pistas de baile, y pregunto, ¿no es mejor bailar cuando al mismo tiempo se canta a voces y saltos eso lo que uno no se atrevería a decir de otra manera? Podrán comprobarlo en las siguientes citas:

10 de enero en Ping Pong Shop (Las Palmas)
16 de enero en Ocho y medio, con Espanto y Lidia Damunt (Madrid)
23 de enero en Palma de Mallorca
13 de febrero en La [2], con Centella (Barcelona)
20 de febrero en MP7 CCCB (Barcelona)
27 de febrero en Café Teatro, con Diploide (Valladolid)

Los dos discos, y más cosas, están para descargar en crepus.com, la web con la mejor sección de enlaces de la historia: ninguno funciona.

galo (07/01/2009)
¿Le ofende la superioridad de nuestro critero? No se reprima:
  1. lector,

    Y ahora que el RDL lo ha puesto como lo mejor del año, todo el mundo dira que ya lo conoce de hace tiempo. Joder, siempre igual…

    Me gusta, disfrute de la escucha de ambos discos en su dia mas de lo que pense que iba a hacerlo, pero no me encanta. Me quedo con los Punsetes.

  2. P. Roberto J,

    En el clavo.

Ánimo, deslúmbrenos con su ingenio:

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