Electric Soft Parade / American adventure
Sabemos que el NME, aprovechando la aparición de unos cuantos grupos nuevos con ideas no demasiado innovadoras pero en cualquier caso excelentes, y a falta de otro recurso con que llamar la atención se inventó la cosa esta del Brit Pop. La explosión resultante no resultó ser era más que una momentánea conjunción de casualidades y las cosas empezaron a desinflarse. Unos empezaron a meter la pata, otros cometían el imperdonable pecado de evolucionar y alejarse del tal brit pop, otros se llamaban Brett Anderson.. Fue cuando tomó fuerza lo del síndrome del segundo disco, por H o por B, con o sin motivos, el primer disco era la hostia, el segundo una mierda. Aquéllos que publicaron el segundo antes de la aparición del síndrome fueron defenestrados al tercero, pero que no se salvase nadie.
Hace un par de años aparecieron dos hermanos de 17 y 19 años con un disco que les consiguió un hueco en el FIB 2002, actuando en un escenario grande que se les hizo demasiado grande. Una hora lamentable con algún momento realmente bochornoso les bajó de la nube, eran The Electric Soft Parade.
Ya comentamos en el artículo correspondiente que Holes in the wall traía todo lo bueno de los últimos años de música británica condensado en un puñado de canciones sobresaliente. Bueno, pues parece que The Electric Soft Parade se han decidido a ser la enciclopedia ilustrada del brit pop por fascículos, y tras la primera entrega, refrescante éxtasis juvenil, llega la segunda, síndrome. Con The American Adventure, Electric Soft Parade parecen querer ahondar en un estilo propio haciendo básicamente lo mismo que antes. Individualmente sus canciones ya no suenan tanto a éstos o aquéllos, aunque en conjunto sigan estando claras las influencias del pop británico de los primeros noventa. Como idea fantástico, pero es que esto no funciona.
Un sólo problema se carga el disco entero, el mismo por el que todo aquéllo del brit pop se quedó en dos años de debuts fantásticos. Electric Soft Parade pierden absolutamente toda la frescura de Holes in the wall. Durante todo el disco queda la impresión de que lo tienen enfrente pero no saben llegar. Hay algunas canciones como Bruxellisation que en potencia resultan enormes. Sin saber muy bien por qué, todas se quedan en coitus interruptus y provocan que las que hubieran sido un buen acompañamiento, Lights out, Wrongest thing in town no pasen de amargo consuelo. Rematada la faena con un par de coñazos, The American Adventure y Chaos, uno se queda con los hombros caídos y la mismita impresión que al morirse el Brit Pop. Qué pena.

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Boquerones en Vinagre 
