Estocolmo
Comienza aquí y ahora una colección de artículos en la que descubrirán una visión inútil e innecesaria de algunos de los destinos turísticos más célebres del globo y les obligará a plantearse, una vez más pero quizá con más énfasis que nunca, qué cojones hacen ustedes perdiendo el tiempo en esta web. Primer fascículo, Estocolmo.
Contexto histórico
Se desconoce la identidad exacta de su fundador y por qué no encontró otro lugar más apropiado en la inmensidad de la península escandinava que un islote cualquiera de la bahía Riddarfjärden. Según se cuenta, el anónimo padre de la ciudad echó un palo al agua, esperó que las corrientes lo devolvieran a tierra y el lugar le pareció bueno. Qué más dará, dijo según varias crónicas apócrifas, ni que fuera a venir alguien, y alrededor de 1250 sembró el gérmen de la futura capital de Suecia allí mismo, en el islote Stadsholmen que hoy se conoce como Gamla Stam y constituye el barrio viejo de la capital sueca. Edificios altos de color naranja y ocre que se cierran sobre calles estrechas tendidas sobre la isla como una telaraña de tiendas para turistas ávidos de fotografías fáciles, gnomos de barro, baratijas de falsa artesanía y peluches de Pipi Langstrum o su puto caballo.
Cómo llegar
Si usted acude a Estocolmo en aerolíneas de bajo coste quizá tenga la fortuna de hacerlo a Vasteras, aterrizando en un aeropuerto testimonial, más bien un aeródromo, un helipuerto alargado, una pista improvisada en el corazón de la tundra sueca y una caseta con dos mostradores de facturación, otro par de salas de espera, algunos bloques de sillas de plástico como en los ambulatorios de la Seguridad Social y una pequeña cafetería. A la salida verá un autobús, pero con una rápida inspección ocular comprenderá que medio avión deberá colgarse de los espejos retrovisores si pretende alcanzar en él su destino. Considerará entonces una espera civilizada o ceder la ruindad de luchar sin escrúpulos por un asiento. Ceda sin dudarlo, cuando el autobús arranque verá indefenso y aterido al resto de la cola y sabrá que fue mejor la ruindad que arriesgarse a un fin de semana incierto subsistiendo a base de panchitos a ciento y pico kilómetros de su destino original.
Información práctica
En Estocolmo hablan tan bien inglés que las clases intensivas del colegio no le servirán para nada, no entenderá una mierda y deberá comunicarse por gestos. Los estocolmeros son como los de Abba, pero más jóvenes o más viejos, depende de la edad, y no siempre cantan. Hay menos gordos y el café es peor y más caro, pero lo sirven siempre con agua. Las compras se pagan con una cosa llamada Krona que es el equivalente en divisas a un ojo de la cara. El sol está caído. A lo largo del día describe un arco sin superar los cuarenta y cinco grados con respecto a la posición sensata y natural que alcanza en nuestro amado país, lo cual significa que pasará la mayor parte del día cegado. Lo bueno es que éstos son cortos. Como resultado de la ausencia de luz y el frío de cojones que bate las calles sin piedad, la población estocolmera se recoge en sus hogares no más tarde de las siete, y la ciudad se queda un poco más aburrida de lo normal, que es bastante. Debido al frío, el agua tiene tendencia a endurecerse y formar un bloque sólido y resbaladizo conocido como hielo, si bien algunos ciudadanos encuentran divertido deslizarse por la superficie helada del río, el fenómeno resulta molesto cuando tiene lugar en las calles, de modo que tras décadas de hostias y mamporros las autoridades decidieron cubrir la ciudad de grava para evitar la aparición de placas de hielo en las calles. Funcionó, pero debido a ello Estocolmo ha sido envuelta en una nube de polvo gris y cruje con el caminar de lugareños y visitantes. Conviene saber que los niños no juegan a fútbol sino a hockey, puede resultarle pintoresco pero descubrirá que si bien esquivar un balón es cosa fácil y hasta divertida, el disco o puck es un proyectil sorpresivo y mortal, y los niños cuentan con palos para rematarle.
Transporte
Los principales puntos de interés están separados por distancias insignificantes que pueden recorrerse a pie, pero no cometa el error de estropear su viaje viendo la ciudad. Podrá fotografiar muchas más iglesias, museos y restaurantes si utiliza las redes de tranvía, autobús y metro. Éste último se encuentra a la cabeza mundial de la innovación tecnológica y permite el uso de foninos o teléfonos móviles incluso en las profundidades subterráneas. Tras dos paradas de politonos y conversaciones de adolescentes no verá la hora de disfrutar del invento en el metro de su propia ciudad.
Qué hacer
Aprovechando que la ciudad se ha extendido sobre multitud de islas, la oficina de turismo sueca intentó propagar para la ciudad el apelativo de Venecia del Norte. En principio la iniciativa fue acogida con el apoyo de los ciudadanos, pero los enamorados terminaron por encontrar molesto el rugido del quitahielos que debía abrirles paso a través de la bahía helada. Cuando se intentó solucionar el problema dotando de patines a las góndolas las muchachas protestaron, no sin cierta razón, que ellas no iban a Venecia a montar en trineo y sus novios intentaron compensarlas con paseos por los bucólicos paisajes nevados de Djurgärden y Kvarhölmen mirando navegar a los barcos por las oscuras aguas de la bahía. Pero lo podemos dejar lo de Venecia del Norte ¿no? - Insistió el director de la oficina de turismo, y como nadie tuvo corazón de negarle el capricho el apelativo fue aceptado en las guías de viaje.
En esos paseos los caminantes más intrépidos alcanzan el extremo oriental de Kvarhölmen y regresan por el norte del islote siguiendo el camino enlodado del Prins Carls Vag hasta encontrar un puente por donde cruzar el canal y continuar por el Kanalallën, que se transforma en Lidovägen y les devolverá a la ciudad por la avenida Strandvägen. Al norte se extienden los edificios señoriales de Östermalm que son como uno imagina el paisaje urbano germánico de la primera mitad del siglo tras desperdiciar demasiadas horas dirigiendo soldados por el Berlín nazi en la irrepetible saga de videojuegos Commandos, y paseará inquieto con el hombro pegado a los edificios vigilando los balcones en busca de francotiradores de la Wehrmacht. Lo mejor es perderse por la impecable cuadrícula del barrio y dirigirse hacia el noroeste, buscando sin especial ahínco las avenidas Karlavägen o Valhallavägen, seguirlas hasta Biger Jarslatan y regresar por ella hasta la escalinata del Raoul Wallenbergs torg para dejarse calentar por el sol sentado de espaldas al Berzelli Park con un café en compañía de la juventud estocolmera. Cerca de allí Sveavagen, Kungsgatan, centros comerciales, cines, mercados callejeros y tiendas de telefonía y deuvedés.
Al sur de la ciudad vieja encontrarán la isla de Södermalm que puede atravesarse de norte a sur por Sorderleden. La calle termina en una cuesta desde donde se divisa un paisaje desolado y post nuclear capaz de acabar con los ímpetus del explorador más audaz. Deténgase allí y dé media vuelta para explorar la isla dentro de los límites marcados por Ringväden. Algunos de estos barrios son los preferidos por los más jóvenes, que llaman al área Soder con el desenfado y jovialidad siempre característicos de su edad, aunque por los parques menos concurridos rondan vagos y maleantes con mirada aviesa. Por el borde noroccidental de la isla transcurre la Soder Mälarstrand. Siguiéndola hacia el oeste podrá cruzar la isla Längholmen alcanzar el puente Vasterbron para extasiarse en las vistas de la bahía, seguir hasta Kungsholmen y explorar la zona residencial más aburrida de toda Suecia, un páramo urbano de edificios grises cuyo único signo de vida es el brillo apagado de un flexo tras las cortinas de una ventana. No pierda el ánimo y continúe al norte. Use la referencia de Eriksgatan y Odengatan para encontrar el rumbo hasta la modesta pero indispensable colina donde se asienta el Observatorielunden, súbala y meriende un Kit-Kat en su cima contemplando tejados color turquesa perfilados contra el resplandor naranja del atardecer nórdico y cuando descienda patinando sobre el lodo y la nieve para buscar el camino de regreso a Gamla Stam quizá tenga la suerte de tropezar con uno de esos parques-iglesia-cementerio a los que tanta afición tienen los pueblos nórdicos, lápidas centenarias y rotas rodeadas de vegetación bajo un manto de nieve cosido por los pasos cansados de una viuda anciana de mirada ausente y arrugas de nácar.
Gastronomía.
Para desayunar, aparte de las viandas comunes al resto de naciones europeas, tostadas, café, zumos, galletas y biscottes, también sirven fiambres y quesos (fresco, emmental..) aunque lo más destacable es una pasta de pescado, salada y amarillenta en una lata que muestra un niño sonriente. Qué contento estoy de ser una lata de pasta de pescado, parece decir al viajero. Conviene mantenerse cerca del centro si busca restaurante o sandwiches en cafés de cadenas multinacionales con vocación trendy, pero tendría cojones irse a tomar por culo hasta Suecia para terminar comiendo pizzas o sandwiches del Starbucks. No, camine por el Kungsträdgärds garden y verá puestos donde comprar a precio de oro una curiosa mezcla de puré de patatas, cebolla, pepino, tomate y hierbas en una tortilla mejicana que podrá comer mientras observa partidas de ajedrez callejero. Si el frío no le quita las ganas de cenar camine en la oscuridad del Gamla Stam y sepa que dos llamas tiritando en el suelo advierten de la existencia de un restaurante donde será recibido y estafado con la legendaria hospitalidad sueca. Para bolsillos vacíos es útil saber que Suecia sí triunfó el Seven Eleven, y vende al peso golosinas y cajas de cartón con macarrones precocinados, pero lo mejor es aprovisionarse en supermercados, comprar hogazas de pan y paquetes de fiambre, buscar alguna escalera o mirador de Skinarbaken desde donde contemplar la ciudad y prepararse el bocadillo en el mantel de un kleenex desplegado sobre las rodillas.
Salir
Salir es fácil. Busque la puerta, y crúcela. Si siente frío, lo ha logrado. Si por el contrario una familia de suecos sentada frente a un televisor le mira con sorpresa y alarma, dése la vuelta e inténtelo de nuevo. El desenfreno de la noche estocolmera es célebre, pero no su localización exacta. Si se siente tentado a salir en su busca será disuadido de inmediato por varias ráfagas de viento polar. La principal sala de conciertos es Debaser, oculta en los bajos de un puente al extremo este de Gamla Stam ha acogido a muchas de las figuras más importantes de los escenarios internacionales. Es probable que no fuera la principal, pero tampoco encontramos otra.

Gran Torneo 2008
Boquerones en Vinagre 

Si se aceptan peticiones, pido Copenhague.
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