FIB 2001 - Diario Verde

10 Septiembre 2005, 21:56 - en conciertos, festivales

Jueves 2 de Agosto

Lo malo del pluriempleo es que te tienes que amoldar a los horarios. Terminé de trabajar (en mi empleo serio, con sueldo y esas cosas) media hora antes de que partiera mi autobús hasta la capital por unos días del sonido independiente. Así que no me quedó más remedio que hacer mi macuto en un tiempo récord de cinco minutos cuarenta y cuatro segundos, y salir pitando a la estación de autobuses. Un rápido repaso mental a mi mochila, ya en el autobús, me confirmó el olvido de algunos elementos esenciales como esterilla (adiós espalda), desodorante (adiós higiene) y pantalones cortos de recambio (espero que a las niñas FIB les guste el estilo natural pocilga). Enfrascado en este tipo de pensamientos, desperté cuando el conductor empezó a amenizar el viaje con el repertorio más independiente del que disponía: Roxy Music y Dire Straits. Mirando las reacciones de los allí presentes, pude concluir que a) se confirmaban mis sospechas de que Brett no iba en mi autobús, porque no hubo ningún tipo de destrozo al vehículo ni daños a su conductor, y b) en el mundo real tienen bastante más superado que nosotros el efecto Mark Knopfler. Después vino la prueba de habilidad, consistente en agarrotar los músculos para no hacer ningún amago de baile mientras nuestros oídos sufrían con joyas interpretadas por Sonia y Selena, Coyote Dax o Paulina Rubio. Para algo somos independientes. Un servidor cayó en la tentación, y me encontré canturreando casi al dedillo esa pequeña e infravalorada obra maestra denominada ‘Vespa Especial’ (si la cantarán los Fresones Rebeldes estarías todos como locos…).

Mi coeficiente intelectual, que nunca ha dado para mucho, tiende a reblandecerse si cabe más en la época estival, con lo que mis tres cuartos de hora andando bajo el sol de justicia sólo me llevaron al camping que no era. Ah, es que hay dos. Otra victoria más de la ley de Murphy. Cuando pregunté acerca de la ubicación de la otra zona de acampada, una de las chicas de información me señaló con un dedo un punto cercano, pero por desgracia tan sólo estaba señalando un cartel informativo que me indicaba que mi caminata estaba a punto de prolongarse otros cuarenta y cinco minutos, si es quería volver a ver con vida a alguno de mis compañeros. Gracias a Dios Miguel vino a rescatarme y me puso al corriente de temas variados. Uno. En sólo tres días había perdido alrededor de 15.000 pelas entre una maravillosa multa de aparcamiento y la rotura de unas magníficas gafas de sol que no estaban aseguradas. Dos. Que además, esto gracias a mí, había perdido uno de los pocos sitios de aparcamiento cercanos a la zona de acampada. Y tres. Que Óscar y Galo habían decidido pagar las mil quinientas para ir a la fiesta de presentación del FIB. Así que si esperabais la crónica de la fiesta, y lleváis un rato aguantándome para enteraros de qué narices hicieron los Posies, daos la vuelta. Mientras tanto Miguel, Ana (así es, ávidas lectoras ansiosas de dar el braguetazo con un periodista musical, siento comunicaros que Miguel está comprometido) y un servidor optamos por testar la marcha de Benicasim en la víspera del comienzo del festival. Todo un gustazo llegar a un bareto, escuchar a Foo Fighters, o a Placebo o a Skunk Anansie, y que aún así la gente salte y baile. ‘Sí, pero le quita toda la emoción’, me dijo al oído Miguel. También es verdad. Nunca estaremos contentos.

Viernes 3 de Agosto

Amanecimos prontito con noticias frescas. No, no era la caída del cartel de conciertos de Low, ni la confirmación de que el maldito sol iba a acabar con nuestra epidermis paulatinamente. Era algo más grave. Al calor de los conciertos del velódromo nuestro hasta entonces admirado compañero Galo había conseguido el primer recuerdo del festival: ni más ni menos que un fantástico amor de verano con una siniestra. Cosas más raras se habrán visto, pero pocas. Esto de los grupos sociales a mí siempre me ha dado bastante repelús, así que me sentí raro formando parte circunstancial de uno de ellos. Mamá, soy un fiber. O al menos esa era la denominación que nos daba la revista (por ponerle alguna denominación) oficial del FIB. Vestuario oficial: gorrito Heineken, zapatillas tres rayas Adidas y una camiseta. Lo de la camiseta tiene cola, porque no vale cualquiera. Las reglas nunca escritas obligan a estar dentro de una de estas categorías:

- Las del mensaje, a elegir entre modelos como: ‘Profesor de sexo. Primera lección gratis’ ‘Drogas no, que no hay para todos’ ‘¿Entiendes? O te lo explico…’
- Las de algo icono pop como las Super Nenas
- Las de grupos de música. Muy socorridas, pero tampoco puedes ponerte la primera que encuentres. Obligatoriamente el grupo debe ser independiente (penalizan Nirvana y Ska-p) y preferiblemente de un grupo que no se encuentre en el cartel de este año. Así no vas de fan incondicional y de paso o bien reivindicas la presencia de algún grupo (Planetas, Radiohead y Massive Attack las que más) o provocas la sorpresa de tus congéneres (¿en serio existen camisetas de Muy Poca Gente?)

El resto no está bien visto. No es que te vayan a pegar, pero no formas parte del clan, e ir contracorriente puede ser tomado como un síntoma de intentar ser más indie que el resto. En fin, que yo me emboté en mi camiseta prehistórica de Terrorvision, y me dispuse a empezar mi festival. Primer paso: coger el autocar desde el camping hasta los conciertos. Segundo paso: decidir tras una hora y media de cola esperando el mencionado vehículo comunitario que lo mejor sería dejar de perdernos conciertos (adiós a Lowgold y Nacho Vegas), e intentar asegurar por lo menos el de Ash.

Al llegar al recinto recordé las sabias palabras de la madre de Miguel, cuando éste abandonó el hogar. ‘Hijo mío, ten cuidado con los Raps’. A ciencia cierta ninguno logramos averiguar qué eran los Raps, pero lo que es seguro es que allí no todos eran fibers. A la entrada, una reencarnación femenina de los peores años de Sid Vicious situada a unos escasos quince metros de la benemérita nos ofrecía amablemente y de carrerilla ‘hash, pastillas, trippy’. Estuve a un tris de comentárselo al señor guardia civil, pero me dió un poco de apuro, por si mejoraba los precios de la okupa y me daban ganas de adquirir algo. Total, que me dieron mi pulserita (ahora sí que soy uno de vosotros) y ya dentro del recinto nos encontramos a Óscar, que diligentemente nos informó (para algo se le paga) que si íbamos al escenario verde tuviéramos perspectiva e hiciéramos la tijera. Pusimos cara de entenderle, no se notara que éramos novatos, pero viendo nuestra caras de horror nos explicó que fuéramos a la parte opuesta a la que daba a la entrada, que seguro que habría bastante menos gente. Ah, la tijera, haberlo dicho antes hombre.

Cuando terminamos de hacer maniobras, nos encontramos ante el recién empezado concierto de Chucho, que sonaban optimistas y felices, muy guitarreros, y aprovechando al máximo a un Fernando Alfaro que debe estar en estado de gracia desde que nació. Me convencieron tanto que llegar a Madrid y comprar ‘Los diarios de petróleo’ fue todo uno. Sé que lo de ser cabeza de cartel nacional es sólo algo para la galería, pero por un poco de historia y de coherencia, Chucho deberían haber merecido ese honor. Desde luego dejaron las cosas muy claras y el listón muy alto. El testigo lo iban a recoger Ash, así que había que ir apurando el mini y cogiendo posiciones. ¿Por qué tanta pasión por Ash? Por ser una de las pocas (a priori) oportunidades de escuchar algo verdaderamente enérgico, porque si me gustaran los tíos Tim Wheeler estaría el primero en mi lista y porque me había quedado con ganas de verles después del feo que les hicieron en la fiesta de Viaje a los Sueños Polares, donde les cortaron el micrófono a la quinta canción. Pues dicho y hecho. Comienzan con ‘Burn, Baby, Burn’, la gente suda un poco, y se retiran por la puerta falsa, mientras los técnicos reparan uno de los micrófonos. ¿Estarán gafados?. La verdad es que la espera se hizo larga (¡que salga Estopa!, gritaba algún incondicional), pero mereció la pena con creces. Sacaron lo mejor de 1977 y Free All Angels (¿verdaderamente existió el Nu-Clear Sounds, o es otra alucinación mía?), con lo que por fin pude disfrutar de ‘Kung Fu’ o ‘Walking Barefoot’ en directo. Apoteósico. A mí se me quedó una cara de felicidad tan estúpida que daba miedo. Y para terminar, como va siendo habitual, ‘In my dreams’ de Weezer, que les viene como anillo al dedo y que aprovechan para hacer un divertido numerito en el que Charlotte y Tim se encaran con las guitarras poniendo unas caras de sufrimiento extremo que son para darles un Goya. Además Charlotte y yo, aunque no nos dijimos nada, ya hemos hecho las paces, ahora que Ash han vuelto a coger el ritmo. Un beso, cariño.

Tomamos un poco de aire, y nos pusimos a disfrutar con el generoso espectáculo audiovisual de uno de esos grupos que te apañan un festival. Flaming Lips salieron dispuestos a, por lo menos, conseguir que nadie se quedara indiferente. Un montón de sangre de coña, toneladas de confetti y un gong con el que Wayne Coyne se despachó a gusto. Todo acompañado de una pantalla de vídeo en la que, como en su música, cabe de todo. Desde los teletubbies hasta la famosa imagen de un vietnamita asesinado a sangre fría. Musicalmente, no disponían nada nuevo que presentar (su último disco, The Soft Bulletin, data del 99), pero habría sido una pena perdérselos por esa llana razón. A mí se me volvió a poner cara de gilipollas feliz, y empecé a preocuparme por si me iba a durar todo el festival. Menos mal que llegaron The Divine Comedy y pude tomarme un pequeño relax. Tras el terremoto de los Flaming Lips, los de Neil Hannon salieron empequeñecidos, y con la impresión generalizada de que se les quedaba grande el escenario. Un concierto soso, desganado y sin química. Nada más que comentar. Bueno, que con ese pelo, Neil podría participar en cualquier serie juvenil ‘Made In Usa’ y que cantaron algo parecido a esa gran canción que era ‘Generation Sex’. Y ya.

James llegaron, vieron y triunfaron. Parece mentira que vinieran al FIB de rebote. Su concierto fue pura pasión, puro genio y pura buena música. Si algo les sobra son buenas canciones y más contando con que su último disco, ‘Pleased to meet you’, suena tan bien como cualquiera de los anteriores. Repasaron toda su historia con un concierto hecho para que el público disfrutase de lo lindo con las tremendas ‘Laid’, ‘Sometimes’, ‘Waltzing Along’, ‘She´s a star’, ‘Ring the Bells’ y sobre todo la maravillosa magia de ‘Getting Away UIT It (All Messed Up)’, con ese estribillo que finalmente se convirtió en el himno oficial del festival. Es un gustazo ver a un grupo con un líder como Tim Booth, que podría enseñarle un par de cosas a algunos cantantes de la escena actual que dormitan en los escenarios. Además el público respondió de fábula, coreando y bailando cada una de ellas al ritmo de los movimientos epilépticos de Tim. Desde luego, los que llorábamos por la baja de Travis, no sabíamos lo que ganábamos.

Volví a salir de mi particular éxtasis para encontrarme con los ojos de Miguel, que me anunciaban que su primer día de festival estaba a punto de acabar. Yo, de natural marchoso, logré convencer a Galo para que fuéramos a ver tocar a Fatboy Slim. Lo de tocar es un decir, porque la organización le debió pagar una pasta para que viniera a pinchar el ‘Music’ de Madonna. Vale. A ver si la próxima vez me entero, y me doy cuenta de que si no pone en el programa una _L (de Live) al lado del grupo es que no viene a tocar sus canciones sino a poner discos. Daba igual, porque la gente llenó la carpa hasta los topes, bailando como unos descosidos. Y mientras tanto, los otros Dj’s, que actuaban a la vez, y que probablemente tendrían los mismos argumentos musicales, muertos de risa. Lo que hace un nombre. Cabizbajos por la decepción (al menos yo, y no creo que fuera el único), nos volvimos al escenario grande, con nuestra botellita de agua bajo el brazo, para sentarnos tranquilamente a ver a Hooverphonic. Atención, pregunta: ¿qué coño han hecho estos tipos para colocarse delante de Ash en los carteles? Un par de canciones de anuncio. Y eso que la voz de Geike Arnaert es deliciosa, y así lo demostró cuando la dejaron, pero musicalmente son paupérrimos. Se pierden tanto en efectos de sonido baratos que al final pierden la que es su mejor baza, que es la voz de su cantante. En fin, un globo infladísimo y hueco, que consiguió que Galo literalmente roncara, y que la gente se decidiera a guardar fuerzas para los días que quedaban.

Sábado 4 de Agosto

Una de las mejores ideas que tuvo la organización fue la de reducir el contacto cultural con el exterior al periódico oficial del festival, alias Fiber. Imaginad por un momento que ,encima de estar viviendo en un camping desastroso, con una enorme capa de suciedad en la piel y con todo el cuerpo dolorido, te llega un periódico de tirada nacional y te enteras del escándalo Gescartera. Te hundes, claro. Sin embargo, si al despertarte por la mañana lees que hasta los más freaks son felices en Benicasim y que todos los conciertos del día anterior han sido históricos, pues se te queda otra cara. Yo reconozco que no me pude leer ningún ejemplar completo, porque cada vez que veía la página con el cartel de ‘Lucía y el Sexo’ me quedaba embobado mirando la foto de Paz Vega. Por suerte, las crónicas de los conciertos se encontraban esta vez antes de mi musa, así que me enteré de que todos los artistas habían estado enormes. Bueno, todos no. Casualmente no había ni rastro de los conciertos de The Divine Comedy y de Hooverphonic. Un par de fotos, eso sí, pero ni un sólo comentario sobre ellos. ¿Autocensura, incompetencia o un simple olvido? Parece mucha coincidencia que lo más flojo del día anterior no tuviera ni una triste reseña.

Nuestra única intención era salir pronto para pillar sitio en la carpa Fiberfib.com para ver a Belle & Sebastian, que se habían negado a actuar en el escenario verde porque no les gustan las aglomeraciones. Pues lo llevaban claro. Al final llegamos tarde, claro. La carpa estaba hasta arriba y tuvimos que conformarnos con adivinar las formas desde lejos. Aun así el concierto de Belle & Sebastian gustó mucho, pero es que juegan a caballo ganador. Sonaron algunas de las más famosas, como ‘The Wrong Girl’ o ‘ The Boy With The Arab Strap’, y todo el mundo se lo pasó en grande. Todos menos Galo, que se debió picar porque como no estaba de los primeros, no le subieron al escenario al bailar y sí a las dos groupies con cara de ya-nos-podemos-morir-tranquilas. Por cierto, que la distancia y mi miopía contribuyeron a que yo viera estampado a Jim Morrison en el vestido de Isobel Campbell. Tanto me extrañó, que se lo comenté a Miguel. ‘Es Bob Dylan, idiota’. Ah, ya me extrañaba a mí que fueran fans de los Doors.

Cuando llegamos al escenario verde ya habían empezado Orlando. Un par de canciones y te podías dar cuenta perfectamente de que, tras tantos años, han perdido mayoritariamente la vitalidad y la rabia que desprendía Usura y ahora suenan anodinos y en tierra de nadie. No estuvieron mal, pero les faltó algo de fuerza para arrastrar un poco de más de público hasta su actuación. Con Goldfrapp ya fue otra cosa. Su sola presencia en el cartel demostraba que el de Benicassim no es un festival al uso, y que lo que aquí se premia es la calidad. Goldfrapp no son un grupo juvenil, ni para corear las canciones, incluso choca verles en un macroconcierto, pero facturan una música fuera de lo común. La voz de Alison se envuelve en una atmósfera tenebrosa de violines y teclados, y de una tacada vuelves a recuperar la fe en los experimentos arriesgados. Y si encima tienen el detalle de incluir el ‘Physical’ de mi adorada Olivia Newton John, pues sólo queda darles las gracias. Gracias.

Lo más divertido de estos festivales son los cambios de ritmo que se producen en breves momentos. De los sonidos evocadores de Goldfrapp a algo mucho más familiar como La Habitación Roja. Con un disco recientito bajo el brazo, el honor de ser cabezas de cartel nacional, y un público que les conoce como si les hubiera parido, sólo puede salir un gran concierto. O no. La tónica después del concierto fue que nadie habló del concierto. Ni para lo bueno ni para lo malo. Mala señal. A mí verdaderamente me supieron a muy poco, pero es que tampoco he terminado nunca de cogerles el truco, con lo cual no creo que sea muy objetivo. Lo que está claro es que al público no le transmitieron nada, la gente se movía únicamente porque se sabía las canciones y más de uno nos acordamos de Los Planetas. Quizá deberían haber tirado un poquillo más de su repertorio más movido, o haberle puesto un poco más de emoción. Nada que ver con Mogwai, que vinieron decididos a destrozar los tímpanos de los asistentes y, de paso, un par de tópicos sobre el noise-rock. Ni aburridos ni intelectualoides. Simplemente espectaculares. Dejaron al público fuera de sus casillas con un concierto de cuatro canciones instrumentales de melodías ascendentes, exprimiendo las guitarras hasta el límite. Después de cada corte quedabas absolutamente exhausto, pero deseando que volvieran a acometer otro acto de terrorismo rock. La escena final, tirados sobre los pedales de distorsión, a modo de Dj’s fue apoteósica. Un concierto difícil, no apto para mentes pop, que subió una vez más el nivel del festival. Otra cosa fueron Mercury Rev, que vinieron a no forzar la máquina y pasaron con más pena que gloria. Pero como son cojonudos, pues se les perdona. No todos los días tiene uno la oportunidad de escuchar ‘Goddess on a Highway’ en directo. Ya habrá otro año para verlos a tope. La próxima vez, además, que no les pongan detrás de Mogwai, porque lo de terminar haciendo distorsiones, después de lo que habíamos aguantando, pues da ganas de comparar. Y no es plan.

Aquello iba empezando a coger color, y más cuando el escenario se vio abarrotado por la inmensa legión de fans de los Manic Street Preachers. Los que me conocen un poco saben que a mí musicalmente me encantan, pero que lo de las peroratas políticas envueltas en cultura me la trae bastante floja, así que me daba un poco de miedo que el concierto se convirtiera en un mitin para mayor gloria de los líderes comunistas mundiales. Un par de banderas en el escenario, una de Gales, y otra de Cuba, fueron el único signo político del concierto, con lo que por suerte pudimos disfrutar de la fuerza de un gran grupo. Sin embargo, la historia de los Manics es bastante curiosa, ya que su legión de detractores es casi tan grande como la de sus admiradores. E incluso estos últimos (en especial lo más antiguos) no les perdonan la senda que tomaron después de la desaparición del guitarrista Richy James. La actitud del público (orgulloso de saber mucho de música) aguantó bien hasta que James Dean empezó a entonar ‘So Why So Sad’, en la cual se produjo una huelga de brazos caídos (los míos no, desde luego) y silencio. Parecía que sólo se quisieran escuchar los éxitos más añejos del grupo (’Motorcycle Emptiness’, o ‘You Love Us’), para demostrar que yo, no yo, yo más, soy fan de la banda desde tiempos inmemoriales. Que para algo soy indie, y a ti te encontré en la calle. Pues no, señores, la historia de los Manic es preciosa y hay que ser muy animal para no saber apreciar canciones, menos batalladoras, pero igual de buenas que las de los primeros discos. Los de Gales se desquitaron riéndose del público a carcajadas con un conato de versionar a los Guns ‘n’ Roses (’mi verdadero nombre es Slash’, James Dean dixit) y terminaron poniendo a todo el público en pie con un concierto trabajado y con estilo. Yo me quedo con ‘The Everlasting’, interpretada con una sóla guitarra acústica y con las ganas de haber escuchado ‘Kevin Carter’ o ‘My Guernica’, con el riesgo que eso conlleva, a ver si va a pensar alguien que soy fan de los Manic de sólo unos años para acá. Madre mía, qué vergüenza.

Y antes de terminar la crónica de este día, dejad que insulte un momento vuestra inteligencia. El concierto de los Stereo MC’S estuvo al nivel de los mejores de Benicasim. Si no los visteis, probablemente vuestras carcajadas duren un rato largo, pero si estuvistéis allí sabréis por qué lo digo. Venían a promocionar ‘Deep, Down and Dirty’, su ultimísimo álbum después del parón de casi nueve años. Y desde luego, los años parecían no haber pasado. Rob MC ya no está para muchos trotes, pero sigue dando espectáculo, acompañado de sus tres coristas, tipo Andrew Sisters en plena efervescencia. Bailar era absolutamente inevitable, y el escenario se llenó pronto con la gente de las otras carpas, que oían que aquí se cocía algo divertido. Pasamos un rato realmente agradable con los éxitos antiguos como ‘Connected’ y los nuevos, como ‘We Belong in This World Together’. Los buenos conciertos, si además llegan por sorpresa, pues hacen el doble de ilusión.

Domingo 5 de Agosto

Supongo que en algún momento de nuestra vida nuestro cuerpo pasará factura a los déficits de alimentación y descanso que sufrimos estos días. Desde luego nuestro organismo ya no estaba para demasiadas coñas, así que gastamos lo poco que duró la mañana en practicar deportes de riesgo mínimo como el parchís, comer sin prisas en Casa Vicente e intentar sonsacar algo a Galo sobre su aventura con la siniestra. Había que guardar fuerzas, porque el cartel del día estaba preparado a conciencia para acabar con lo poco que quedaba de nuestra forma física. Yo pretendía salir con tiempo para poder ver a Death Cub For Cutie, pero a lo único que pudimos aspirar fue a llegar prontito para pillar sitio y ver a nuestros queridos Ellos. Así que Galo y yo (habíamos abandonado cruelmente a Miguel) pusimos cara de groupies y nos colamos en las primeras filas para disfrutar a tope de lo que prometía ser un concierto al menos muy divertido. GuilleMostaza debe ser el personaje con más amigos del territorio nacional, porque cada vez que da un concierto se pasa media hora saludando amistosamente a su club de fans. Ellos dieron lo que prometían, mucha juerga, sudor y la casi totalidad de su primer disco ‘Lo tuyo no tiene nombre’, una explosiva mezcla a caballo entre Astrud y los Hombres G. De hecho en el escenario sonaron cachitos de joyas como ‘Mamma mia’ o ‘Me pongo colorada’. La horterada bien tomada siempre triunfa. Por cierto, que mi lado más mitómano se tiró como un loco a agarrar una de las toallas sudadas que Guille arrojó al público. De hecho conseguí atraparla, pero al otro extremo de la toalla se encontraba una fan con cara de asesina, y no era plan de quitarle la ilusión. Toda para ti, guapa. Al final me temo que lo único que me voy a llevar de recuerdo son los condones que regalan.

Exhaustos como estábamos (con lo bien que me habría venido la toalla), decidimos darnos un descanso, y visitar una zona que aún no conocíamos, para mayor tranquilidad de nuestras libretas de ahorro: las tiendas. Allí, además de una camisa hawaiana para Galo, nos encontramos con nuestro fiel lector Joserra, que ya empieza a ser como de la familia. Comentarios: a) que le habían encantado los Satellites, con lo cual tuvimos que reconocer que habíamos sido suficientemente horteras como para perdérnoslos en favor de Ellos, b) que La Habitación Roja le había parecido una mierda, lo cual me dejó más tranquilo, porque ya podía decirlo yo en público y c) que se había logrado hacer una foto con Jarvis Cocker, con lo que me puse rojo de envidia y me entraron ganas de atizarle un cabezazo, pero pensé que para una persona que nos reconoce por la calle pues no es cuestión de maltratarla. La próxima vez no seré tan piadoso. Con Jarvis no se juega.

Nos volvimos al escenario verde, donde habíamos quedado con Miguel, y mientras le esperábamos pudimos escuchar buena parte del concierto de los Sneaker Pimps. Sin ser nada del otro jueves, ni originales, ni geniales, cocinaron un concierto muy currado y francamente interesante. Supieron encontrar el equilibrio, siempre complicado, entre las bases electrónicas y las guitarras fuertes y firmaron un bonito concierto, que lejos de ser emocionante, al menos dejó un halo de profesionalidad. Hay muchos que ni eso. Y ya estábamos preparados para ver a Cooper, cuando apareció Miguel y dijo que si Galo se iba con una ganga de camisa (mil pelas costó) pues que él no iba a ser menos. A ver qué iba a pasar. Veinticinco minutos después ya habíamos dado rienda a nuestro afán consumista. A saber: Ana con un bolsito muy indie, Miguel con un camiseta de un deporte indeterminado con la única leyenda ‘Armadillos’, y que tras arduas investigaciones resultó ser de fútbol femenino (jua) y el que escribe con una de béisbol de los San Diego Padres. Como ya teníamos equipación oficial, no se nos ocurrió otra idea que estrenarla de una forma a la postre delictiva. Miguel se colocó para lanzarme una bola (imaginaria), que yo, colocado a diez metros, debía golpear con mi bate (imaginario). Finalmente lo único que conseguí fue batear la cabeza de una pobre fiber que pasaba por allí y dejarla K.O. en el suelo en estado de semi inconsciencia. Hay algunos que no deberíamos salir de casa.

Sintiéndonos ya prófugos de la justicia, huimos de la escena del crimen para encontrarnos con algo más agradable como era el concierto de Big Star. Así que este tipo es el famoso Alex Chilton. Encantado. A mí la verdadera magnitud de este personaje se me escapa un poco, pero hay que reconocer que como músico tiene esa especie de aura mágica que pocos poseen. Le acompañaban algunos miembros de los Posies para desplegar una suerte de rock clásico ideal para sus devotos, y un pelín densa para los que (esto debe ser sacrilegio, pero no os quiero mentir) les descubríamos en este día. El de Big Star es un concierto de esos que aprovecharán los críticos para desmarcarse del resto de los mortales y proclamar entre sus favoritos. A mí no me queda más remedio que decir que me gustaron, pero que me resultaron de alguna forma lejanos.

Antes de que empezara el concierto de mi idolatrada P. J. Harvey , me dio por pensar dónde narices están las mujeres en esto del FIB. Porque en el escenario verde, la presencia femenina protagonista se había reducido a Alison Goldfrapp, Geike Amaert (Hooverphonic), Ana Béjar (Orlando) , P.J. Harvey y Nicky Wire. No parece suficiente, pero es que realmente en nuestro pequeño mundo musical, las caras femeninas se están volviendo casi rarezas. Una verdadera pena. Por suerte aún nos queda una de primer nivel, y que vale por cuatro o cinco. Se presentó, con su ahora archiconocido bikini de cuero y las botas de tacón de aguja a juego. A mí me pareció una verdadera horterada. Con esto del último cambio de imagen uno se esperaba algo bastante más elegante, pero el caso es que triunfó, y no me quedó más remedio que abrazar la opinión generalizada de que estaba guapísima. A ver cuando me compro una personalidad. Por suerte, Polly Jean no se dejó la elegancia y la fuerza a la hora de cantar y de tocar, y realizó un concierto todo corazón que en algunos momentos provocó un estremecimiento general. Batalló igualmente con las canciones del último disco como con los éxitos de antaño que tanto reclamábamos los admiradores. Así, tuvo la delicadeza de reescribir ‘Down by the Water’ o ‘Send His Love To Me’, resultando casi irreconocibles, o cantar acompañada únicamente de su guitarra ‘Rid of Me’, en el (casi unánimemente) mejor momento del festival. Ni siquiera el chunda chunda que venía del escenario electrónico pudo parar una marea de emociones simplemente imposible de describir. Además salió acompañada de una banda de lujo, con John Parish dejándose los dedos en la guitarra y Margaret Fiedler (Laika) haciendo los coros. Deluxe.

Y todavía nos quedaba Pulp. Jarvis Cocker, además de ser el músico más cool de toda la escena independiente, es Dios. Hubiera hecho lo que hubiera hecho, un triste reporterillo como yo jamás se hubiera atrevido a desautorizarle. Pero es que además salió dispuesto a que el concierto de Pulp fuera memorable. Pero a ver quién es el guapo que se resiste a un concierto que empieza con ‘Common People’ y descarga ‘Underwear’, ‘Sorted for E´s & Wizz’, ‘F.E.E.L.I.N.G.C.A.L.L.E.D.L.O.V.E.’, ‘A little soul’ o ‘This is Hardcore’. Esta última sobre todo les quedó perfecta, con Jarvis tirado en el suelo del escenario y con ese piano que se quedó resonando en mis oídos durante un largo rato. Y si hubo gente que no se quedó satisfecha fue probablemente, porque la presentación mundial del nuevo álbum hizo que se quedaran en el tintero algunas canciones históricas como ‘Do you remember the first time?’ o ‘Mis-shapes’. Mala suerte. El nuevo disco, por cierto, no pintó del todo mal, con lo que nuestras esperanzas de que sea otro éxito han mejorado sensiblemente. En fin, todo un espectáculo ideal para casi clausurar el escenario verde de Benicassim. Aún nos quedaban Orbital, que dieron exactamente lo que se esperaba de ellos. Se pusieron sus gafitas con luces (�¿por qué todo el mundo se mete con ellas, con lo que molan?), pusieron unas pantallas con unos vídeos definitivamente cutres, nada que ver con los Flaming Lips, y empezaron a ejecutar canciones que, sorprendentemente, me sonaban de algo. Yo decidí acabar bailando, así que en un acto de valor me levanté del suelo y sorprendí a mis compis de redacción con unos bailes asaz modernos. Miguel decidió que ya tenía bastante, pero Galo me siguió, cosa que además de alegrarme, me asustó un poco. Nunca había visto bailar a Galo. Eso debe decir algo bueno de Orbital.

Por último os diré que si Jarvis Cocker mea, yo meo, y si Jarvis pincha en la pista Mond, pues allí estaré para dar fe. Era gracioso verle con los auriculares super Dj, escrutando qué disco sería el siguiente, acompañado de su fiel Steve Mackey. Primero empezaron con música de club (como domino lenguaje, parece que fuera del mundillo) y luego ya se entonaron y pincharon a Stone Roses, Happy Mondays y New Order de seguido, para terminar con el ‘Smells like teen spirit’ de Nirvana. Adoro a este tío. Cuando se fueron, llegaron los siguientes Dj’s, salidos de alguna discoteca de Barcelona, para seguir animando al público con Feeder, Muse, James, Elevator Suite… Esto duró hasta que Galo se arrastró por el suelo rogándome que nos fuéramos a casa (perdón, camping) porque ya no podía con sus extremidades. Cualquier otra versión que oigáis es falsa. Ya que habéis aguantado leyendo hasta aquí, cosa que os agradezco, pues confiad en mí. Hala, a descansar.

P.D. No me he podido resistir a copiar descaradamente a la revista oficial, e incluir los que fueron mis himnos del festival. Si os animáis y queréis compartir los vuestros, pues ya sabéis donde tenéis el foro, que hay que deciros todo. Ahí van los míos.

  1. ‘Kung Fu’, Ash
  2. ‘Demasiada poca gente’, Chucho
  3. ‘The everlasting’, Manic Street Preachers
  4. ‘Racing to the prize’, Flaming Lips
  5. ‘This is hardcore’, Pulp
  6. ‘Getting away with it (all messed up)’, James
  7. ‘Diferentes’, Ellos
  8. ‘Rid of me’, P.J. Harvey
  9. ‘Human’, Goldfrapp
  10. ‘You don´t know Jesus’, Mogwai

El censor precisa: Hay gente que no sabe mentir. Una de esas personas es Pepo. Como aquí el que se pega con el Dreamweaver soy yo resulta que me veo obligado a precisar ciertos comentarios. Eso de que el último día pedí clemencia tiene su parte de.. MENTIRA. Aquí el caballero bailaba como un descosido para gozo y disfrute de las nenas circundantes mientras Pepo, durante casi una hora me miraba pidiendo clemencia. El pobre, finalmente, sucumbió y dijo, cito textualmente, ‘anda tio, vamonos ya que no puedo más’. Yo, que he nacido para hacer el bien, accedí, eso sí, bailé por el camino.

Exprese su opinión insignificante sobre el concierto con estas estúpidas estrellitas:
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