FIB 2006
Faltaban el Fiti y Emilio Aragón, todas las demás caras de la ficción televisiva nacional Turbo, Luisma, Toni Alcántara, esperaban a Depeche Mode concentrados en nuestros cartoncitos azules con una pregunta en la mirada: “Y éstos, ¿de qué serie son?”. Allí en el epicentro de la jet-set nos parecía mentira que aquello hubiera comenzado como el concilio secreto de un colectivo marginal que habitaba el submundo indie de la España de los 90. Un festival humilde definido por vallas amarillas de ayuntamiento donde se vendían bocatas caseros de salchichón y la heroica resistencia de Urisei Yatsura contra tifones y derrumbes presagió la supervivencia al sold-out de guiris, bakalas de pueblo y matrimonios treintañeros que vuelve a colocar el interrogante sobre el futuro del festival. Otro año muriendo de éxito. El sexto.
El FIB sigue teniendo algo. Lo sientes nada más bajar del tren cuando una bofetada de calor te devuelve la sensación de carne reblancedida en la salmuera de tu propio sudor, el escozor de ingles, el perfil de piedras grabado en la espalda, el rugido de cigarras a punto de saltar de entre los rastrojos para comerte vivo. Una sensación familiar y reconfortante que banaliza la obsesión por los hoteles, los campings de pago, la higiene impecable, el confort, las vacaciones como en casa. Para eso ya tenemos una gran oferta de festivales urbanos, fiestas de fin de semana para regresar a casa en nit bus, despertar a la una, desayunar tostadas viendo Humor Amarillo, dormir la siesta y volver recién duchado, con una sonrisa, con ganas. El FIB es otra historia que sólo cobra sentido si al llegar a casa no quieres volver a un concierto en tu puta vida. Al FIB se va a sufrir.
Arbeit Macht Frei
La organización ofrecía en su infinita bondad un camping para trabajadores pero confundió como tales a la prensa y nos negó el acceso a los de toda la vida. Lo encontramos tras vagar por las afueras entre tanques metálicos donde la basura del pueblo se destilaba al sol en una fetidez aceitosa. Encajado entre las vías del tren y el backstage del escenario FiberFib.com, esa misma noche dudaríamos si era un gesto de cortesía o una especie de venganza, de ahora vais a trabajar por cojones, como si no fuera suficiente hacernos pagar las cervezas y hubiera que internarnos en un campo de trabajo. Yaceríamos tres noches batidos por el inmiselicorde tum tum de la carpa electrónica, pero de momento sólo nos preocupaba cómo erigir la tienda en ese terreno arcilloso cocinado al sol durante años en una placa de barro cocido contra el que las piquetas se doblan como barritas de caramelo. Tuvimos que hacerlo ante miradas altivas de los propietarios del modelo Quechua 2 minutos. Hizo furor este prodigio de ingeniería campista plegado en un platillo volador al que bastaba soltar una cremallera y echarlo al aire para iniciar una metamorfosis que parecía cosa de brujería. El repliegue era harina de otro costal. Nos marchamos el lunes mientras aquella pobre gente se daba de hostias con las tiendas, algunas de las cuales tomaron forma de comecocos y engulleron a sus propietarios sin que se supiera más de ellos.
Sabemos que algunos vecinos del pueblo esperan la llegada del festival para quemarse las verrugas en esas duchas que son como regaderas de nitrógeno líquido de modo que fue de celebrar en nuestro camping exclusivo estuvieran equipadas con calentadores mínimos que a veces obraban el milagro de elevar la temperatura del agua un grado por encima del cero absoluto. En alguna ocasión oimos voces jubilosas, gritos como si alguien lo celebrara duchándose con cubos de Herbal Esseces.
Había un cobertizo con varias regletas de enchufes para el aprovisionamiento energético de la maquinaria periodística, y máquinas de zumos, refrescos y bebedizos sin zumos, refrescos ni bebedizos. Un remolque-pizzería de cuyas pizzas se alimentaban los tábanos y avispas de todo el municipio hasta la llegada de algún cliente. Y esos pilones inciertos que no se sabe si son fregaderos, lavaderos de ropa o abrevaderos pero son usados para todo y terminan cubiertos con una baba viscosa de macarrones mal fregados, pasta de dientes y jabón lagarto.
Lo de alojarnos junto al recinto al menos permitía ducharse y cambiar de camiseta a la caida del sol, o asistir a los primeros conciertos de la tarde mientras intentabas atarte los cordones sin morir deshidratado. En tales circunstancias sufrimos la decepción de Tom Cary, mucho peores de lo que esperábamos tras escuchar las canciones vencedoras del Proyecto Demo por tanto querer epatar al respetable a fuerza de meter ruido sin pies ni cabeza en error similar al de 12 Twelve, quienes hace años estaban bien, curiosos, hasta interesantes, y han perdido el rumbo en una espiral de evolución experimental a lo Manta Ray que los está convirtiendo en un grupo obtuso e infumable.
Son decepciones corrientes en esta franja de horarios, conciertos de los que nadie espera demasiado y tampoco lo recibe. En Nadadora la sumisión absurda al escaparate de una cantante lánguida envuelta en una cortina y con pose de mujer murciélago que arrastraba al grupo
muy por debajo de sus posibilidades dio al traste con la profundidad y contundencia de guitarras que merecían más protagonismo, o todo. A Corazon les tomamos algunas fotos mientras contaban, cantaban, que es peor, la historia de amor de una escolar (!) en una de estas muestras de cursilería panoli que alguien en las altas esferas de la música española pretende hacernos confundir con sensibilidad y pop, pero se estrella en temáticas y actitudes que, alcanzada cierta densidad de barba, quedan fuera de lugar. Ellos la han superado hace mucho, mucho tiempo. Pero para hypes mediáticos Garzón, el Aleph del amiguismo patrio, el punto donde ha convergido el rascado de espaldas de la industria musical española durante los últimos dos años. Da una idea muy aproximada de su concierto la comparación entre la cantidad de tinta dedicada a lo musical y al cambio de nombre a Grande Marlaska tras las amenazas de Baltasar Garzón pero vamos, nada que deba sorprender en un grupo cuya única razón de ser se limita a llamar la atención y hacerse los graciosos. Lo que es música, poca.
Nos gustaron Ainara LeGardon, un grupo del que no habíamos escuchado nada aunque sentimos íntimo y cercano tras años de recibir cincuenta emails diarios de su promotora, pero parecían algo inapropiados para disfrutar del delicioso efecto invernadero en el interior de la carpa. Los únicos capaces de sorprendernos fueron Dionysos con una desquiciada puesta en escena que incluyó veinte músicos de alguna orquesta local parapetados tras una muralla de plexiglás y culminó su cantante a las cinco o seis canciones con un salto suicida, exitoso si por ello entendemos la supervivencia del acróbata, pues en su misma situación no han sido pocos quienes se lanzaron al vacío sin calibrar el entusiasmo del público, vieron abrirse a la multitud como Moisés el Mar Rojo y hubo que desencajarles los dientes del asfalto con una palanca.
Es justo decir que a partir del salto la cosa empezaba a hacerse cargante, pero ya habían ganado el privilegio de ser recordados como el primer éxito de esta edición, uno de esos grupos fundamentales que te ayudan a afrontar la noche tras jornadas inhumanas.
El cierre de la carpa electrónica señalaba con precisión milimétrica la hora en que el aire de la tienda se respira como metal líquido. Toneladas de basura y vasos de plástico aplastados nos separaban de la civilización y el único desayuno posible eran sobras de pizza abandonadas por los tábanos, o migas de sobaos Martínez raspados con los dientes de envoltorios usados. Sin embargo el único motivo capaz de hacernos salir de la tienda era la conversacion inframental de cuatro imbéciles en torno a una nevera portátil, cada mañana huíamos de ellos sorteando el desquiciado zig-zag de los camiones de basura en el interior del recinto y arrastrándonos entre los secarrales hasta el núcleo urbano de Benicassim. Allí, el afán de lucro miserable y usurero exhibido este año por la hostelería local superaba las peores previsiones. Desayunos a base de baguettes congeladas del Caprabo para hornear en casa, pero sin hornear, frías y escarchadas, el café en vasos de plástico, temiendo quizá que esta juventud amiga del delito hurtase las tazas en los bolsillos de las bermudas, y sobre todo la omnipresencia del menú Fiber, el dudoso clásico de la oferta gastronómica de Benicàssim con sus paellas de arroz pasado y una pata de langostino para chupar. Sabemos que estafar al guiri es un imperativo moral que emana de la esencia patriótica de cualquier español, pero parece que en Benicàssim ya no hay Patria, sólo víctimas, una actitud inspirada quizá por el noble y hospitalario comerciante chino que trata igual a todos, mal, y te hace un favor por cobrarte dos pilas mientras escupe maldiciones en mandarín.
En realidad volver al recinto era un alivio que la juventud festejaba de las maneras más diversas. Algunos, deshidratados, abrasados, sin dormir, cubiertos de sudor y polvo, exclamaban ¡tío, vamos a la caravana Braun a afeitarnos! y los veías descompuestos de la risa restregándose por la cara una maquinilla usada ya por quinientos cerdos. Otros insensatos pasaban horas cocidos al vapor en la caseta de internet desde donde ensayamos una crónica express pero tuvimos que ser sacados en parihuelas a los treinta segundos. Indicente tras el cual preferimos como la mayoría ensoparnos de agua en los vaporizadores del punto de encuentro pese a la amenaza vomitiva de algún puerco hirsuto sin camiseta, allí, extasiados de frescor, escuchábamos los ecos del FiberFib.com, el timo nuevo post-punk-tecno-goth-industrial She wants revenge o el soporífero Yann Tiersen. El gabacho hizo las delicias del sector gafapasta pero ni siquiera ellos tuvieron estómago para enfrentarse a la pretenciosidad cacofónica de Manta Ray, una amenaza temible que hizo escapar en estampida a los cuarenta mil ocupantes del escenario verde nada más terminar los Strokes. Una vez más nos asombra cómo esa férrea unanimidad a la hora de subirlos a los altares del rock nacional se desvanece cuando se trata de escucharles pero claro, hasta el esnobismo tiene un límite.
El simpático Pete Doherthy dedicó unos minutos antes de su concierto a demostrarnos lo loco que está y qué auténtico es. Concluido el paripé se concentró en tambalearse siempre a distancia prudencial de cualquier instrumento mientras Babyshambles defendían una actuación muy por encima de nuestras expectativas, no tanto como para corresponder el entusiasmo de los incondicionales británicos que abarrotaron la carpa pero capaz de hacer valer las virtudes de Down in Albion. Sumando al calor sofocante el hecho de que ver a un yonki tropezando de lado a lado del escenario entre globos negros rotulados con calaveras tiene bastante poca gracia nos rendimos antes de la celebrada intervención de Shane MacGowan, el vocalista de los Pogues (tranquilo, no es usted el único al que le aburren).
Los Kooks llegaban al FIB en el momento de mayor presión mediática para convertirlos en el próximo bombazo a lo Arctic Monkeys, aspiraciones desproporcionadas que se han desinflado en este par de meses pero al menos garantizaron la expectación del público. Fueron los mejores entre la nutrida oferta de advenedizos británicos, sin tanta fijación por seguir los esquemas del gamberrismo sintético para portada NME
y aprovechando al máximo Inside in, inside out, un disco que tampoco es ninguna maravilla pero donde el hecho de pensar en Supergrass, Blur o incluso The Police es suficiente para salirse del Sota-Caballo-Rey al que nos tienen acostumbrados sus compatriotas. Pasamos de los Rakes y The Futureheads sólo nos sirvieron como excusa para dejarnos estafar en los puestos de comida a cambio de esa aberración gomosa que llaman baguette, porque carecemos del interés multicultural que ha hecho tan popular el raspado de sebo, las bolas de fritanga o la sémola con especias.
Nos consta que algunos llegaron a confundir la desgana de The Organ con pura actitud pero lo cierto es que, consumido su escaso entusiasmo elaborando pose de desdén andrógino, sólo tuvieron fuerza para desarrollar un concierto de escasa intensidad sin añadir mucho a lo que hemos escuchado en su disco, una revisión válida pero reiterativa de los esquemas de Joy Division, Sisters of Mercy, Chameleons, The Church. Algo peores fueron The Editors, quienes aparte de consolidarse como un gran grupo homenaje a Interpol no hicieron nada de interés. A Walkmen prometían mejores satisfacciones (así fue según hemos leido en medios de una mínima credibilidad) pero tuvimos que sacrificarlos por la rueda de prensa de los Pixies, donde los rollizos veteranos rectificaron su decisión de no volver a publicar más discos prometiendo nuevo material para el año próximo. Tiramos fotos, preguntamos impertinencias, y revivimos en el oasis refrigerado de la carpa de prensa.
Cada día a las cinco entrábamos allí con puntualidad atómica para engullir sin respirar las existencias de redbules gratis hasta los límites de nuestro sistema digestivo, después volvíamos a intervalos regulares para derrumbarnos en las sillas contiguas a los acondicionadores de aire.
Se agradecía ver caras familiares en el interior de las barras de prensa, profesionales expertos que saben dispensar Bombay con la generosidad que demanda el gremio, y nos codeamos con personalidades de toda índole, los presentadores inframentales de la MTV, el cráneo resplandeciente de Guillem Caballé, nuestro amigo y mentor, pero sobre todo ella, la benefactora, la musa, la heroína del pop español, esa mujer que a través del malogrado iPop revivió la escena musical española con proezas como salir de compras por Manchester: La China Patiño. Quién sabe cuál hubiera podido ser el alcance de su Obra si el afán de lucro inhumano del lobby mediático español no hubiera frustrado su proyecto definitivo: exportar a nuestra mejor bandas al Japón y contarnos la gira. Que fuera su propia banda, los indefinibles Cycle, es pura casualidad. Intentamos preguntarle, expresarle nuestra admiración, pero no no logramos articular palabra y sólo tuvo tiempo para regalarnos una instantánea. Tenía que “grabar unas entradillas”.
Tan bien provistos como estábamos de oxígeno y víveres en el flanco izquierdo del Escenario Verde no tuvimos necesidad de alejarnos salvo para citas puntuales como Nada Surf, pues parece que era esencial reservar hueco en el Verde para el brutal poder de convocatoria de grupos como Manta Ray. Los neyorkinos terminaron poniendo en apuros la capacidad del Motorola. Popular dejó al público en bandeja para rematar un concierto de infarto pero fallaron en lo más fácil, dejaron desinflarse el globo con Inside of love y otro par de lentas y cuando quisieron recuperarlo era demasiado tarde, muchos habían salido hacia el Franz Ferdinand. Muy buen concierto en cualquier caso, pero nos quedó la sensación de que hubiera podido dar mucho más de sí.
A Echo and the Bunnymen volvió a ocurrirles lo de siempre, que sí, qué buenos y tal, pero al final nadie recuerda más que The Killing Moon. Durante Madness intentamos no mirar a las pantallas porque cada vez que les hacían un primer plano tenían un aire a King Africa que daba escalofríos. La gente se gozó, sí, pero debe recelarse de multitudes de fans-de-toda-la-vida que sólo conocen singles. Escuchen algún disco y desengáñense: no son para tanto.
La becaria expresa su desacuerdo en este preciso instante arrojandome grapadoras desde la esquina opuesta de la redacción y bufa que algo de Frank Black, Mister Proper haciendo sumo, adjetivos impronunciables contra Dave Gahan y falsedades atroces sobre la esbelta figura de Morrissey, “claro, como molan con esos no nos metemos”, oigo. Bueno vale, quizá nos pueda algún prejuicio, pero olvida el hecho irrevocable de que el ska es un estilo despreciable y e infrahumano.
El autohomenaje siempre es motivo de queja en bandas consolidadas pero si hay un lugar para hacerlo son los festivales. Tampoco como obligación, pero cuando la discografía reciente de una banda hace agua por los cuatro costados puede suponer la diferencia entre triunfar y estrellarse con todo el equipo. Placebo se dejaron llevar por el entusiasmo de sus incondicionales olvidando que se trata de un hatajo de adolescentes insensatos adictos al rimmel (los verán rebuznar en los comentarios), y nos atizaron íntegro el peñazo de su último disco hasta que cuando llegaron los éxitos no había allí quien pudiera soportarlos.
Ustedes no se lo van a creer, pues confían en la solidez sin fisuras de nuestro Criterio, pero íbamos al FIB convencidos hasta el tuétano de que con Franz Ferdinand lo pasaríamos pirata. Tanto que ocupábamos trayectos de metro imaginando de qué manera haríamos compatible en esta crónica la porquería de sus discos con una diversión que nos parecía irremediable, hasta llevamos gafas con nariz y bigote para no ser reconocidos cuando tocasen Teikmiaut y no pudiéramos reprimir los brincos. Pues si lo último que faltaba a Franz Ferdinand era decepcionarnos se encargaron de hacerlo a lo grande. Ni Günther Grass con un tambor hubiera sido más aburrido que ese concierto. Cuarenta mil personas bailando como dementes no demuestran nada, pasamos el concierto mirándoles estupefactos, ¡PARAD! ¡ESTÁIS HACIENDO EL IMBÉCIL! voceamos a la multitud, pero nuestro grito se ahogaba en el atronador mimetismo de canciones idénticas, con el mismo ritmo, las mismas guitarras, los mismos bostezos, las mismas dos ideas repetidas hasta el absurdo.
Era para subirse al escenario, apartar a Kapranos de una patada y dialogarlo con el público como una cuestión ya de interés social, filantrópico si me apuran. Los seguratas no estuvieron de acuerdo, ni siquiera quisieron prestarnos una linterna para sentarnos en el asfalto a hacer crucigramas y tuvimos que darnos a la bebida. Qué coñazo de concierto, qué cero absoluto.
Gracias a los astros fue la única catástrofe en las altas esferas. Pixies estuvieron como sólo pueden estar los Pixies pero un poco peor. Ya sabrán que transcurridas tres o cuatro canciones dejaron el escenario a mitad de Monkey gone to heaven y fueron reemplazados por ese gran personaje español, El-Que-Pone-Orden, que salió micrófono en mano a coger el toro por los cuernos: “PLIS, GO- AWAI, A VER, DONT PUSH”, mientras los esforzados grafistas aportaban el refuerzo dialético de mensajes análogos proyectados en las pantallas. El público reaccionó como era de esperar, cargando contra las vallas, rebuznando improperios imposibles de repetir en una publicación seria y virtuosa como ésta, y retrasando el asunto otros veinte minutos que supusieron un daño irreparable para la actuación. Regresaron con cautela para interpretar versiones ralentizadas que frustraban la carga explosiva de Here comes your man, Bone machine, Debaser, Tame o Where is my mind?.
Lo peor o lo mejor del follón fue la segunda valla que delimitaría un exclusivo semicírculo en el Escenario Verde durante sábado y domingo. Mejor o peor según el lado donde te tocase. Enterados de que habría aforo limitado a través de un pequeño acceso en el lateral izquierdo del escenario la prensa, que otra cosa no, pero astuta y sibilina somos un rato, aguardamos allí unos minutos antes de la apertura y mientras la marabunta de fans estrellaba su irreflexivo ímpetu contra el extremo equivocado entramos serenos e imperturbables para colocarnos en el centro de las primeras filas. Supuso sacrificar a una de las apuestas más sólidas del festival, Calla, pero fue a cambio de disfrutar una nueva dimensión de la música en directo. Porque oiga, para una redacción que ha sido testigo de las apocalipsis que tienen lugar en las primeras veinte filas de los conciertos de Morrissey lo de sobrevivir, qué coño, gozar con amplitud, hora y pico a tres metros del micrófono fue todo un acontecimiento.
“Thank you for turning up this year. Very good of you.” - Morrissey
Porque vino. Temiendo hasta el último segundo que se repitiera la pataleta, aquello se desmadró cuando comenzaron con Panic ante la mirada ausente de Oscar Wilde. Imagínense, nos convencimos de que se había abierto la caja de los truenos, que venía a fulminarnos un poco como en Indiana Jones cuando abrían el arca de la alianza. A nuestras espaldas escuchamos aullidos que anticipaban el Apocalipsis, algunos incluso veían la afilada figura de Johhny Marr entre bastidores, pero la banda continuó con interpretaciones monumentales de Irish blood, English heart y Youngest was the most loved que dejaron a Morrissey sin aliento para You have killed me. En aquel momento no escuchamos los gallos que sí aparecen como setas en la retransmisión de La 2, donde por cierto Julio Ruiz impartió una lección magistral del mejor periodismo musical con comentarios esclarecedores del tipo “La actuación estaba prevista para las nueve de la noche, que es cuando está programado este concierto” o “Hang the DJ, esa canción donde habla de colgar al DJ..”. Fue una verdadera lástima que sólo los televidentes pudieran deleitarse con sus interrupciones.
Siguió Still ill, “.. for all of you who have one or two strands of grey hair.. which is most of you.“, donde Morrissey cambió Inglaterra es mía por es una puerca. Sólo añadiría dos concesiones más, hacia la mitad sonó enorme una de sus favoritas de los últimos años, Girfriend in a coma y en el último cuarto, How soon is now?. Las catorce restantes se quedaron en The Ringleader of the tormentors y You are the quarry sin echar siquiera un vistazo a sus primeros discos en solitario. Dedicó I’ll never be anybody’s hero now a Syd Barret mientras el público veía esfumarse oportunidades doradas para recuperar más clásicos, lo que provocó que algunos incluso llegasen a mostrarse hostiles con el sensible mancuniano y abuchearon el momento pareo con la bandera española, o la introducción de To me you’re a work of art, donde bromeó “and I don’t mean Whistler’s Mother” y viendo que ninguno pillábamos la gracia se dirigió a su fan predilecta, “Julia, they don’t know Whistler’s Mother. That Spanish education…“.
Tuvieron que soplarle algo mientras se cambiaba de camisa y volvió a disculparse, el pobre: “Forget what I said about Whistler’s Mother, you don’t really need to know it” (era un célebre cuadro).
Tres camisas después se despidieron dejando al público con la esperanza de un clásico que no llegó, y aunque Morrissey parecía buscar que la organización cediera el único bis fuera de horarios los técnicos dieron cuenta del decorado en cuestión de segundos. Nos marchamos satisfechos y asombrados de no haber muerto contra las vallas pero sin decidir un veredicto hasta el final del domingo. El resplandor fantasmagórico de Depeche Mode recortó el perfil del público contra una oscuridad más negra y densa de lo habitual durante un concierto sobrecogedor donde sonaron elecciones infalibles de casi todos sus discos Somebody, Question of time, Strangelove, Personal Jesus, Home, brutales Stripped, I feel you y Walking in my shoes. El único error, estropear Enjoy the silence dejando cantar al público mientras Dave Gahan recuperaba el aliento, pudieron redimirlo liquidando el festival con la apoteosis de Never let me down. Comprendimos entonces que el lo único que no encajaba en el concierto de Morrissey habíamos sido nosotros, nuestra incapacidad para aceptar el paso del tiempo. We cannot cling to the old dreams anymore, cantaba hace veinte años. Depeche Mode o Pixies regresaron de ultratumba y nos transportaron a mundos que ya no existen pero Morrissey se negó a volver de ninguna parte, a utilizar la llave de un retorno definitivo cuyo precio conoce demasiado bien. Eligió chichas, canas, arrugas y gallos. Eligio seguir vivo, y venció.
Pero no fue el mejor del FIB 2006. Al fin y al cabo Morrissey dejó tiempo para elaborar diatribas sobre lo bueno que fue su concierto, The Strokes nos lo hicieron comprender por las bravas. Teníamos reservas por lo desigual de sus actuaciones conciertos de Barcelona y Madrid durante su primera gira española, pero las cosas fueron distintas desde el principio. Se mostraron más dueños del escenario, seguros de poder defender en directo un sonido tan artificial (en el mejor sentido) incluso dejando en la recámara Room on fire. Comenzaron midiendo las distancias en Juicebox, jugaron con The end has no end y cogieron fuerza en Red light para detonar el mejor concierto del festival con la sucesión mortal de The modern age, Heart in a cage y NYC Cops. No hubo otra que reventar hasta el breve receso de Is this it e Ize of the world, estaba hecho, la gente coreaba sin aire de punta a punta del escenario y cuando recrudecieron el ataque con Someday, Hard to explain, You only live once y Last nite perdimos el contacto con la realidad, rebotamos en un círculo de Fibers aterrados ante el incontenible frenesí de nuestros saltos y habríamos muerto asfixiados si nos lo hubieran pedido pero dejaron saborear el triunfo con Ask me anything, Vision of division y Reptilia. Casablancas habló entre las sombras para corresponder la ovación con que el público agradeció uno de los mejores conciertos que se han visto desde hace años en el escenario verde. Patada en el culo de dimensiones continentales a la birria que preparaban Franz Ferdinand para el sábado.
Los centenares de guiris que enmoquetaron el andén de la nueva estación desde primera hora del lunes aprendieron cómo se construye en España. Ladrillos, quizá pintura. Cualquier otra infraestructura es para afeminados. El Español lleva botijo. El Español lleva un hatillo de pan y queso. El Español no se protege del Sol y su piel curtida lo recibe como un campo recién sembrado. Los guiris exprimían los sobacos de sus camisetas para calmar la sed y desayunaban hebras de cáñamo de sus sombreros, pero no debemos confiarnos ante su aparente indefensión. Este pueblo imperialista se ha preguntado por qué coño robaría una piedra con monos y maquina subterfugios invasores, en cualquier momento desembarcan en Benicàssim. Descarten cualquier tipo de resistencia porque vista la gloriosa historia militar española de los últimos quinientos años el resultado más probable sería que atravesaran la península y se merendasen también el Paredes de Coura. Resignación, y la entrada en navidades.

Gran Torneo 2008
Boquerones en Vinagre 

Por favor, Strokes es una broma. Cualquiera puede tocar canciones de Iggy Pop a cámara lenta(que es en lo que consiste su primer disco).
Por fin, por otra parte, alguien dice algo malo de Manta Ray. Son un coñazo, y, aparte de “Que niño soy” no tienen una jodida canción que sea decente o digna de ser llamada tal.
Pixies, We are in it for the money que decía Zappa.
Placebo, un nombre muy adecuado, algo que parece una medicina y no lo es, pero que actúa como tal por el poder de la pura autosugestión…solo así se puede comprender que cuanto peor es el disco, más populares son. Y eso que al principio tenían su aquel.
Yo soy más de Carl Barat que de Doherty, es un payasete y un falso rebelde.
Morrissey y Depeche, intocables, pero Madness y Echo and The bunnymen también merecen sus laureles…
En cuanto a Editors, un grupo homenaje de un grupo homenaje es algo bastante tonto.
Yo hasta que no obliguen a Stone Roses a juntarse a punta de pistola, traigan a Iggy, a Patty Smith, a New Order, a Oasis, a Phil Lynott y a la momia de Lenin no vuelvo a ir ni loco.
Demasiada gente.
Los 40000 que huyeron despavoridos antes de manta ray son los 40000 que bailaban como imbeciles delante de Franz Ferdinand.
genial Morrissey cuando dijo que estaba encantado de que su ultimo disco hubiese alcanzado el numero 46 en las listas españolas.
me veo obligo a interrumpir la lectura para insultarte mentalmente por lo de Franz Ferdinand. Ya. Puedo seguir
Joer, vaya tocho, pero se agredece una crónica un poco más original que las otras cien que circulan por ahí. Por cierto, te has olvidado a dEUS, una pena, porque dieron un conciertazo
Yo soy más de Carl Barat, dijo mycroft -con eso ya lo has dicho y con los de loss strokes que son canciones de iggy pop a camara lenta..tu lo que eres es un payaso y un hijo de puta, opinar siendo tan tonto…te deberian cortar la cabeza
Strokes sin palabras…por fin alguien que reconoce las canciones tan buenas,divertidas, magicas, sincera… que tienen y eso que se dejan el room on fire fuera, que para quien no lo sepa es un jodido discazo, solo que la gente siempre se tiene que quejar de algo, porque no han evolucionado mucho, joder era su puto segundo disco!y la evolucion la hay!solo es que un grupo para gente algo inteligente no como lo que abunda hoy en dia.
que asco de gente…franz ferdinand no ha evolucionado ni en una sola cancion bueno si en eleanor puts…y era tan mala que la tuvieron que cambiar y poner un lalalalala de los suyos para tener algo de gracia, que pringaoss
esto era para desahogarse no?
No, es verdad,tiene razon, mi musica es la música mas tonta de la historia
“Te deberían cortar la cabeza”
Me encantan esos argumentos, tan tolerantes, lógicos y bien construidos. Si quieres quedamos y nos pegamos. Aunque mejor no, que igual me contagias tu estupidez. Me parece que te tomas demasiado en serio a ti mismo y a tu criterio. A mi los Strokes ni fu ni fa, pero respeto que a la gente les guste, aunque no lo comparto.
Os habeis lucido con la cronica de mi concierto. No tocamos ni Stragelove ni Somebody, la acustica que tocó mi colega Martin no era Somebody, es Shake the Disease.
Y Strangelove hace unos 16 años que no la canto.
See you next time!!
Será que hicieron caso omiso de su setlist, que tenemos delante en estos precisos instantes. No te puedes fiar de estos artistas..
Me parece que mucha gente de esta paginita se tiene muy creido que son mejores por poner a parir a Franz Ferdinand o a The organ o pequeños grupos y poner por las nubes a GILIPOLLAS como Morrisey y no buenos grupos como Depeche Mode.
No intenteis imponer vuestro criterio a la gente que va alli a pasarselo bien, no solo a poner a parir a los grupos.
Por cierto yo fui uno de los que mas saltó en el concierto de Franz Ferdinand y no es que me vuelvan loco.
Por ultimo y a los que van de super indies que son mas de Carl Barat, joder hay que ser capullos para decir semejante tonteria(aunque estoy completamente de acuerdo con que doherty es aun mas gilipollas)
Pues ahi queda eso y por favor NO IMPONGAIS VUESTRO CRITERIO,QUE LA MUSICA ESTA PARA DISFRUTARLA
Donde va a parar Franz Ferdinand con Morrisey!! si si, que barbaridades se dicen en esta web oiga!! y ¿que es Depeche Mode comparado con The Organ? nada!! una mierda!! que saber estan tienen las ‘’chicas'’ de The Organ, que gran musica, que melodias, que sentido del ritmo…que todo!!!!!! wuwuwuwu wuuu, son casi como Editors, igual de buenos. (Modo Ironia Off)
Bendito pais este…nos visitan 2 de los mejores grupos de la historia (Morrisey y DM) y pones en el cielo a 2 mierdas de pseudogrupos como Franz Ferdinand y The Organ.
A mi el último disco de Placebo me parece bastante bueno, Morrisey me gusta pero el tio me parece un gilipollas integral.
saludos