Holywater / entrevista

5 de Diciembre de 2002.

Dos intrépidos reporteros, pertenecientes a la prestigiosa
publicación de marcado carácter rebelde y antisistema Common People
salen de sus respectivos domicilios con el único fin de realizar diligentemente
el trabajo que nadie les remunera. Como las leyes de protección a los
disminuidos psíquicos nos impiden hacer públicos sus nombres reales,
no nos queda más remedio que asignarles nombres falsos, con el fin de
preservar a este par de despojos humanos de las chanzas y vejaciones públicas
que sin lugar a dudas merecerían. Llamémosles entonces “Galo”
y “Pepo”, ridículos nombres que, insistimos, no corresponden
en modo alguno con sus identidades reales. El trabajo encomendado en esta ocasión
a los pseudoperiodistas era tan sencillo como acudir al cuartel general de Astro,
poner cara de buenas personas y entrevistar a Holywater, penúltima
adquisición del sello madrileño. Y así, tan felices, nuestros
dos protagonistas salieron de sus respectivos domicilios armados con una grabadora
de todo a cien, una cinta Sony HF de sesenta minutos de duración y la
confianza innata de los que no son conscientes de sus nulas capacidades intelectuales
reflejada en sus caras. Los lucenses Holywater, en un acto
heroico que les honrará eternamente, aguantaron estóicamente y
con buen humor las incongruencias manifiestas, chascarrillos de tres al cuarto
y balbuceos desesperantes de nuestra buena Common People (disfrazado todo ello
de entrevista inteligente) durante treinta y cinco largos minutos, con la esperanza,
lógica si se hubiera tratado de cualquier otra publicación, de
que sus opiniones y razonamientos fueran tratados con respeto e interés,
desembocando, quizás, en una buena publicidad capaz de hacerles quedar
bien y aumentar sus oportunidades de promoción. ¿Un plan sencillo,
verdad? No se fíe, señora.

9 de Enero de 2003.

Un mes después de la realización de la mencionada
entrevista, y después de que nuestros falsos redactores cumplieran a
rajatabla sus compromisos contractuales de Navidad con todos los bares, pubs,
bodegas, cervecerías, clubs de ambiente, tascas, discotecas, tahonas,
licorerías, cafeterías de tanatorios y, en fin, cualquier tipo
de antro lúgubre, sin importar estilo o condición, en el cual
aún se les permitiera ahogarse en no importa qué lejía
capaz de llevarles hasta un estado etílico, decidieron diligentemente
retomar el trabajo que injustamente les había hecho famosos, y buscar
entre los cajones de sus domicilios, repletos sin duda de barbitúricos,
drogas duras y antidepresivos, una cinta de audio cuya etiqueta indicara “Entrebista
a Jolygüoter”. Quiso la providencia que ésta aflorara entre
las revistas de contenido altamente pornográfico del sujeto denominado
como “Pepo”, el cual, viendo la oportunidad de congraciarse con
el sujeto denominado “Galo” (que según dictaminaron nuestros
informes posteriores, actúa como elemento dominante en la pareja), decidió
pasar a limpio las impresiones vertidas en la reunión con el grupo musical,
con el fin de realizar, según las palabras exactas que manifestó
al juez encargado del caso “el mejor artículo de la historia de
esta puta revista”. Por desgracia para “Pepo” y sus delirios
de grandeza, la cinta tan sólo había registrado seis míseros
minutos del total de la entrevista, de los cuales tres eran ocupados por un
discurso sobre la actitud prepotente de Alaska pronunciado por “Galo”,
al que curiosamente nadie le había preguntado nada. ¿Qué
había fallado? Lo mismo se preguntan sus respectivos progenitores. En
estudios realizados posteriormente por un grupo de psiquiatras independientes,
los dos sujetos fueron requeridos a pulsar el botón de REC de una grabadora
de características similares a la que suelen utilizar en sus entrevistas.
De los diez intentos que dispusieron, cuatro veces pulsaron el botón
de rewind, dos el de play, uno el control de volumen, uno el interruptor de
la luz de la sala y otro metieron el dedo dentro de una pecera. Tan sólo
en el último intento, con la ayuda de siete libros de instrucciones y
una pistola clavada en cada una de sus sienes, lograron acertar con el botón
correcto.

A estas alturas, en calidad de tutores forzosos de estos dos
deshechos de la humanidad, sentimos no poder dejar constancia de que ambos se
encuentren plenamente reinsertados en la sociedad que tantas veces les ha dado
la mano. Ellos insisten en declararse aptos, y juran por lo más sagrado
(Sylvia Saint para uno de ellos, Justerini & Brooks para el otro) que han
aprendido la lección y que en el futuro no cometerán más
errores, “por el bien de una sociedad bien informada”. Tememos,
sin embargo, que estos gestos huecos simplemente busquen una confraternización
con editoriales y distribuidoras discográaficas, lo que les permita seguir
fagocitando discos y conciertos de forma gratuita. Rogamos por todo ello, tanto
a Astro como al resto de las compañías de discos que desconfíen,
denieguen o hagan caso omiso de cualquier petición de ayuda que estos
vividores puedan remitirles. Muchas gracias.

Fdo. Bufete de abogados de Common People

galo
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