Irene - Long gone since last summer

Con tanto ruidismo como se concentra en las mejores propuestas del Primavera Sound no sé cómo vamos a encajar el reemplazo de The Radio Dept. por los suecos Irene. No yendo, imagino. Los he visto definidos como “a big beer-drinking mass of 30-somethings”, una estampa que retrata la apoteosis final de cualquier comedia británica protagonizada por Hugh Grant y suelen usar otros “30-somethings” en quienes lo de “beer-drinking mass” responde más a la ilusión de que cuando salen en parejas un fin de semana al mes para sentarse en el parque público formando un corro de carricoches aerodinámicos y se chispan con, más que cerveza, vino blanco mientras los críos juegan con sus perros labradores se están corriendo una juerga salvaje. Es un espejismo, pero les da para llegar a los cuarenta sin suicidarse. Esta gente viene en dos modelos, una escucha a grupos como Presuntos Implicados, la otra a grupos como Irene, que son como más juveniles y estilosos. Por el mismo motivo compran los sofás en Ikea en lugar de MegaMueble.

Long gone since last summer no está considerado como su mejor disco, ese honor queda para Apple Bay, pero estábamos familiarizados ya con éste y nos da una pereza horrible liarnos con más. Transmite una sensación general de autosatisfacción elitista, no de qué feliz soy aquí zanganeando en la playa, sino qué feliz soy sabiéndome un privilegiado por disfrutar de esos placeres sencillos, el mar, la brisa, que la gente convencional se pierde en favor de la televisión. El líder y único miembro fijo del clan tiene voz engolada de crooner de casino, un poco tipo Jens Lekman, un poco tipo Cats On Fire, un poco toda la escena twee sueca que es tan prolífica como repetitiva y tan celebrable en momentos puntuales como sobrevalorada en el resto. Su mejor baza melodías de guitarras luminosas, estribillos exultantes, coros babosos, lalala-lara-lala, lo de siempre. Ellos intentan enmascarar un poco lo cargantes y pretenciosos y pusilánimes que son haciendo ironía sobre el asunto, en Back to back cantan “Feble words and simple chords, is that all I’ll ever be, is that why you look so sad?“, pero no cuela y además es con una melodía clavada a With or without you que ya sea plagio, parodia u homenaje a U2 da bastante mal rollo. Otros homenajes incluyen, en lo negativo, a Divine Comedy (Long gone before summer, End of the line, ¿se puede sonar bien sonando a Divine Comedy?), y en lo positivo Gene, (las guitarras de de Little lovin’ por ejemplo), pero ni el pop más perfecto, y éste no lo es, bastaría para paliar la tenaz cursilería que imprimen a todas las canciones. Al azar, “I wanna thank you ‘cos you light my life”, “I’m getting ready for some kind of love”, o el dueto en Always on my mind, canción que por cierto empieza idéntica a una anterior (End of the line) y es de una obviedad y moñez asquerosas: “If you love me girl and you know we’re something special. Let me tell you i’d like to be yours ah-ha-ha ‘cos (lo del ‘cos es obsesivo, manía de explicarlo y justificarlo todo, como si le importase a nadie) I love you and I’ll always be your guy, If you let me I’d like to be with you the rest of my days”. Luego ella lo repite, igual, y luego lo repiten juntos, igual, y dan ganas de tirarlos al mar de una patada. Pero tocan en el parque Joan Miró el domingo a las 19:15 y al único lugar que iban a caer sería el asfalto, que duele, pero no es letal.

galo
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