Kasabian / Kasabian

Esto de la emancipación es un calvario. Lo peor es el implacable vacío que sientes al llegar a casa: ausencias. Mi primera noche fue duro aceptar todo lo que había desaparecido de mi vida. Tenedores, vasos, sartenes, cazos, el colacao, los frosties. Llegas con tu flamante bolsa del supermercado, sacas el cartón de huevos y no tienes sartén, ni aceite, ni plato donde comerlos. Tus packs de comidas precocinadas no valen para nada sin un tenedor. Acabas cenando un patético sandwich mixto, sin siquiera poder untar mantequilla, porque no tienes cuchillo, y un yogur con los dedos, porque no hay cucharillas. Te lavas las manos y no hay trapo donde secarlas. Mi primera noche volví goteando hasta la cama, y sentí el peso de la soledad.

Créanme, cuesta instalarse. Mis varios trabajos en hostelería y mi recién adquirido gusto por la cleptomanía me han provisto por fin de tres cucharillas de postre, dos tazas, un tenedor, un cuchillo, dos platos planos, un bol y una taza de desayuno. He comprado detergente, aceite, cereales, sartén, cazo, leche. Ya tengo vodka, latas de cerveza usadas repartidas por el suelo, restos de comida, pelotillas de pelusa, bote para los bolígrafos. Sí, esto empieza a parecerse a un hogar. Quizá queda lo más duro, aceptar que por las noches la ropa no se arrastra en silencio por el pasillo hasta la lavadora, que el suelo no se sacude el polvo del lomo, que los tetrabriks no corren a las granjas a por más zumo y leche. Es duro.

Ahora bien, sin lugar a dudas lo peor es no tener internet. Me cuesta esperar días, semanas, hasta poder meterme en un cibercafé infecto rodeado de italianos horteras pegando voces al micrófono y argelinos apestosos repiqueteando con uñas insultantemente largas en teclas descoloridas para poder poner el panorama musical en su sitio. Amigos, esto de derribar mitos a toro pasado me toca los cojones, en verdad. Pero me las cobraré todas juntas, pierdan cuidado.

Sí, Kasabian. Pues miren, tampoco me parecen para tanto. Echándose encima desde el principio una deuda considerable con los Stone Roses llevados al plano sideral en Processed Beats tampoco hacen nada que no llevemos viendo todos los días desde hace ya más de dos años. Vueltas y más vueltas a las mismas fórmulas, sazonando hoy con el bote rojo, mañana con el verde y pasado con el marrón, manteniéndose en pie pero sin hacer el menor amago por sacar los pies del tiesto. Ahí tienen ese híbrido bizarro entre Brian Molko y Richard Ashcroft que es Running Battle. Y hombre, es verdad que se encuentran cosas más o menos decentes y que disfruto mucho más destacando defectos que virtudes. Da la impresión de que podían haber sacado algo más de I.D., Test Transmission no está tan mal, pero hay que reconocer que no faltan meteduras de pata. Lost Souls Forever o Cut Off son dos chorradas más vistas que el TBO, y si cuando Bisbal se dedica a repetir un estribillo sin fatiga aparente durante cuatro minutos a nadie le parece extraño que acabes chillando ‘QUE YA HE COGIDO LA IDEA COJONES!’ a tu estéreo , hay que reconocer que Reason is Treason no merece una reacción muy distinta, por mucho que te apañes un aire BRMC medianamente digno o plantes un logotipo en plan guerrilla urbana en el disco. Si para rematar nos encontramos con dos vicios que empiezan resultar cansinos: la horterada de meter interludios y el síndrome ‘yo también puedo sonar como Franz Ferdinand‘ pues hombre, el disco no es para ponerlo en un marco. Ahora bien, considerando que en el panorama de novedades las otras opciones aparte del semi pinchazo de Le Tigre son los nuevos discos de Kings of Leon, Hives y la mierda de los Zutons pues oye, Kasabian te puede salvar la papeleta unos días. Hasta otra.

galo
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