La Habitación Roja en Madrid

Esto de ser periodista musical tiene sus pros y sus contras. Está bien aquello de meterse en las pruebas de sonido, hacer entrevistas a grupos que te encantan como LHR, que su batería conteste tus preguntas con flatulencias, etc. Inconveniente es escribir esto cuando debería estar en la cama, el olor del ventoseo, cosas así. De todos modos estas cosas uno las olvida si al salir de la sala tropieza con Boris Izaguirre, le asalta grabadora en mano y obtiene un documento sonoro para su revista. Ya la cosa podría incluso calificarse de satisfactoria. Pero ¿cómo lo llamaría usted si entrase a cierto fast-food a comprar tabaco y saliese con una nueva grabación de Karola-GranHermano recomendando una revista que no conoce? (estas cosas te hacen perder la fe en la sinceridad de los famosos). Elija su propio adjetivo. En fin. Metidos de lleno en la jet set y preocupados por los rumores que puedan surgir en torno a relaciones secretas entre nuestros redactores y otras estrellas como la mismísima Montse Páez uno entra con otra disposición a los conciertos.

Una de las constantes de LHR en todos sus discos es la presencia de 4 ó 5 canciones tremendas del estilo de ese glorioso comienzo de su último trabajo, Radio: universal, el hombre del espacio interior, potterville y la canción de amor definitiva. Con ellas y la experiencia que ya tienen éstos ¿valencianos?, sacar un concierto adelante es cosa relativamente fácil. En efecto, LHR tiraron de repertorio y sacaron prácticamente las 5 joyas de cada disco, eso hacen 15 canciones de órdago, más de medio concierto ganado: las cuatro que he dicho, mi habitación, un dia perfecto, aquellos maravillosos años, … Las cito de memoria así que es posible que la cague con alguna, pero os podéis hacer un idea. Un público entregado desde la primera nota no hace más que facilitar las cosas, coreando todos y cada uno de los temas con que LHR terminaron esta gira maratoniana que empezó, si no recuerdo mal, allá por la primavara de este último año de la peseta.

El sonido fue bastante mejor de lo que me esperaba tras la sesión de extracción-voladura de tímpanos en la misma sala, Arena, que el pasado mes de abril sufrimos a cargo de Muse y JJ-gorgoritos-72. Las dos Rickenbacker sonaban a gloria, sonando límpidas y/o rabiosas según el momento. Y es que LHR las dejaron meter ruido a gusto, sin llegar a ningún éxtasis pero con más de un momento realmente bueno. Hubo bis de ¿5? canciones que no fue exigido en demasía por la gente, aunque parecía bastante obvio que iban a salir de nuevo después de refrescarse el gaznate así que tampoco era plan de castigarse las manos. Cerraron con una buena tanda de aplausos, Jorge con cara de satisfacción, Mark creyendo que estaba en un concierto de Slipknot atizando a derecha e izquierda con el bajo (realmente no sé si se equivocó de concierto, porque tampoco le hubiera pegado la chaqueta de pana y la corbata rosa con los tipos de las caretas), cosas de éstas que hacen los músicos. Pau imperturbable (¿vio a Karola a sus pies?) y Jose, que por cierto es la viva imagen de Jack Black, (el tipo de Alta Fidelidad).

galo

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