Luna - Sweet Child O’Mine (Versiones I)
Guns’n Roses siempre aspiraron a un imposible, demostrar que tenían un corazoncito y un sesito pero sin perder la cara de tipo duro. Tenían dramas como November Rain, engrandecida aún más por ese vídeo inolvidable con coristas de arrabal vampírico y la cenicienta nupcial en microfalda, las portadas de Use your illusion recreaban un cuadro de Raphael (La Escuela de Atenas), picoteaban en política, Civil War, hacían versiones con pedigrí intelectual, Knocking on heaven’s door, hacían incluso metafísica, Yesterdays. Pero eh, tipos duros, si había que meter un guantazo a la chavala se le metía, por zorra, si había que bañar los hocicos en sangre a un plumilla impertinente les esperaban con los guantes puestos. Recuerdo ese temazo delirante, Get in the ring (”And that goes for all you punks in the press / that want to start shit by printin’ lies / Instead of the things we said / That means you Andy Secher at Hit Parader, Circus Magazine / Mick Wall at Kerrang / Bob Guccione Jr. at Spin, / What you pissed off cuz your dad gets more / pussy than you? / Fuck you / Suck my fuckin’ dick“) canción donde, por cierto, tampoco se privaban de mostrarse comprometidos con la juventud (You be rippin’ off the fuckin’ kids / While they be payin’ their hard earned / money to read about the bands / They want to know about). Conmovedor. Está claro que no conseguían nada, duros no podían ser si cantaban baladitas, sensibles tampoco si iban llamando zorra a sus julietas, e intelectuales, joder, no me hagan reír, pero ahí estaban. Era en ese vacío intermedio, en esa contradicción, donde Gun’s and Roses eran, a fin y al cabo, grandes.
Si nos diera por continuar con esta serie de versiones, que lo dudo, pero cosas más raras se han visto, volveremos una y otra vez a un concepto muy obvio: cuando un grupo toca una canción ajena la impregna con su propio carácter. Es tan obvio que los artistas tienden a olvidarlo y poner su admiración por la canción por encima de la sensatez. Pero cometen un error. Los matices que aportan a veces son positivos, consiguen enriquecerla, darle otra perspectiva, pero a menudo son incompatibles, le despojan de su valor original sin reemplazarlo por otro o la llevan a un terreno donde carece de sentido. En los sucesivos asaltos perpetrados por artistas de todos los géneros sufridos desde su creación, Sweet Child o’Mine ha demostrado ser inespugnable. El ejemplo más lamentado y lamentable lo debemos a Sheryl Crow, si bien compite con ella una larga lista de serios competidores encabezada por Bonnie Tyler. No hay una sola versión decente. Incluso en una de las mejores como ésta de Luna el derrumbe es patente desde el punteo inicial, hay una cadencia sospechosa. La entrada de la letra es mortal:
She’s got a smile that it seems to me
Reminds me of childhood memories
Where everything
Was as fresh as the bright blue sky
Now and then when I see her face
She takes me away to that special place
And if I’d stare too long
I’d probably break down and cry
Cuando Axl Rose canta esas líneas se confiesa indefenso frente una sonrisa angelical que derrite su fachada de macho en lágrimas infantiles. La guitarra, que casi no se escucha durante los versos, aparece para sostener los estribillos y en los solos suena firme, vigorosa, como si Slash quisiera domar el nudo de la garganta, recomponer fuerzas, mantener el tipo. Al final es incluso arrogante, chulesca. Vemos como aun admitiendo que el amor les ha vencido sufren lo indecible para mostrar un ápice de humildad, no renuncian a hacerse los duros ni después de confesar que no lo eran tanto. En realidad no pueden, es superior a sus fuerzas. El vídeo es increíble, cantan como macarras, marcando paquete, sacando morritos y retorciéndose en bailes lúbricos mientras admiten no poder aguantar las lágrimas frente a su chica. Hacen un ridículo tan inmenso que creemos en ellos y la canción es, de repente, enorme, no sólo por un punteo que podría repetir cualquier un aprendiz de guitarra, sino porque de alguna manera sentimos la vergüenza, la inseguridad, la contradiccion, la naturaleza de esa batalla interna que sufrían Guns’n Roses. Pero escuchen a Luna:
Luna saben que son vulnerables al amor, es más, practican un estilo que consiste en volver ad aeternum sobre el amor perdido, el amor recobrado, el amor destructor, donde la melancolía, la tristeza y la derrota son ley, donde las lágrimas no avergüenzan ni corroen, se saborean con gusto, donde las guitarras consuelan en lugar de enfrentarse. Por eso en su no versión falta tensión, no hay conflicto ni contradicciones sino una introspección meditada, autoindulgente, que sugiere un origen elaborado, la estampa del chico triste y solitario mimando su guitarra, amasando sus letras. Para Luna Sweet Child o’Mine no es un desafío, es onanismo. En sus manos se viste con la seda del indie exquisito, profundo y delicado. No puede evitar sonar cursi, pretenciosa, sin sangre. Preferimos, sin duda, el original:

The Velvet Underground
Russian Red
Iggy Pop
Ya en su distribuidor
Crónica de una profanación (o The Hidden Cameras, Londres 23-08-2008) 
Sí, Luna la cagan, pero debería usted saber que lo de los Guns’n'Roses TAMBIEN ES VERSION!!
¿de quien?