Manic street preachers / Know your enemy

Parece ser que a algún alto ejecutivo de Sony se le ocurrió que
Know Your Enemy‘ podría ser la ocasión perfecta para intentar
lanzar a los Manic Street Preachers al estrellato mundial y
hacerles atravesar la frontera que parece delimitar la etiqueta de ‘independiente’.
Para este propósito (muy válido, de todas formas) sólo hacían falta tres factores,
que fueron religiosamente cumplidos. A saber: un buen single de presentación
(la pegadiza y alegre ‘So Why So Sad‘), infundir un poco de
expectación sobre sus viejos seguidores (las especulaciones sobre la vuelta
de los Manic a sus sonidos más duros fueron constantes) y una buena dosis de
polémica (¿qué mejor que formarles equipo con Fidel Castro para que juntos llevaran
a cabo sus planes conspiradores contra el malvado imperio americano?). Suficiente
para que el grupo galés haya tenido una promoción de película. Ahora sólo hace
falta que el disco cumpla con tantas expectativas.

Como probablemente sepáis, la historia de los Manic Street Preachers
se divide fácilmente en dos etapas. La primera cuenta con tres discos (’Generation
Terrorist
‘, ‘The Holy Bible‘ y ‘God Against
Soul
‘) y está caracterizada por un sonido duro y unas pintas que daban
miedo. El comienzo del segundo ciclo lo marca la misteriosa y traumática desaparición
del guitarrista Richey James hacia 1995, que destapó una manera distinta de
hacer música, más comedida, poética e incluso comprometida. Esta nueva fase
dio un par de frutos tan dispares como el fantástico ‘Everything must
go
‘ y el soporífero ‘This is my truth tell me yours‘.

Principalmente, la finalidad de ‘Know your enemy
parece ser la de escapar de cualquier tipo de etiqueta que pueda colocar al
disco en uno de los dos lados. O eso o la de intentar complacer a los dos tipos
de fans tan distintos que en los últimos años se habían congregado alrededor
de James Dean Bradfield, Nicky Wire y Sean Moore, componentes del grupo. Y para
ello han contado como productor con Dave Eringa, que ya colaboró en ‘This
is my truth…
‘, y cuyo primer propósito ha sido deshacer el sonido
monótono del álbum anterior e intentar sorprendernos con un estilo distinto
en casi cada una de las canciones del nuevo. El disco al menos consigue, con
algunos altibajos, mantener la tensión hasta la décima canción de las dieciséis
que lo componen. Entre estas diez primeras canciones podemos encontrar un amplio
catálogo de sonidos, aunque la diferencia real entre cada uno de los cortes
sólo exista en la atmósfera que se crea individualmente alrededor de ellas.
Rascando un poco, llegamos a la conclusión de que las composiciones siguen guardando
la misma línea sugerente, combativa y a veces sosilla de sus dos discos anteriores.

Los sonidos más duros son los encargados de abrir el disco.
Empieza con ‘Found That Soul‘, una verdadera patada en el hígado
a los pseudo-grupos de rock que suelen copar las listas de discos en Estados
Unidos. Los Manic demuestran que siguen estando en forma para realizar música
de pelea sin necesidad de la pose y la juventud de la que presumen tantos otros.
Ocean Spray‘, a pesar de ser una balada suave (dedicada a
la memoria de la madre James Dean Bradfield, fallecida hace unos años), también
se contagia de las guitarras afiladas con un gran riff de guitarra haciendo
que tome un camino distinto bastante interesante, incluyendo incluso un sólo
de trompeta que podría haber salido de los pulmones de algún mariachi borracho.
Sin embargo ‘Intravenous Agnostic‘ ya suena un poco más forzada
y caótica, con demasiado énfasis en dar a las distorsiones de guitarra un lugar
primordial en la canción. Esta es verdaderamente toda la contribución a saldar
la deuda con su fans más antiguos, porque el tono duro termina (se hace obvio)
con la deliciosa ‘So Why So Sad‘. No creo que sea necesario
a estas alturas hablaros de ella, pero de hecho cada vez que la oigo me gusta
más. Vivan los Beach Boys.

Después, el disco parece que empieza a sumirse en un pequeño
letargo (especialmente tras demostrarnos en la más que fallida ‘Wattsville
Blues
‘ que hay experimentos que sólo les salen bien a Damon Albarn),
pero surge la mejor parte del álbum, capitaneada con una fabulosa ‘Miss
Europa Disco Dancer
‘. La verdad es que al principio acojona bastante,
con un ritmillo a lo Bee Gees, pero en realidad esconde uno
de los momentos más inspirados y divertidos. La ironía se apodera tanto de la
melodía, riéndose de la música disco, como de la letra, dedicada a los ingleses
que en cantidad ingente suelen atacar con la excusa del verano nuestras Islas
Baleares (ya era hora de que alguien se preocupara). Habría podido ser un single
tan bueno como ‘So Why So Sad‘, pero parece ser que el insistente
estribillo de … braindead motherfuckers…> que se marca Nicky al
final de la canción no invitaba mucho a su difusión en las radiofórmulas convencionales.
Consiguen además encadenar otras tres canciones magníficas: la pegadiza y veladamente
optimista ‘Dead Martyrs‘, la límpisima y tremendamente sencilla
His Last Painting‘ y mi favorita, ‘My Guernica‘,
que casi recupera la fuerza que poseen algunas de sus mejores melodías, como
Kevin Carter‘ o ‘Everything Must Go‘. Y eso
que adolece de una incomprensible distorsión de batería que no la hace nada
recomendable para ser escuchada con auriculares.

¿Os acordáis del propósito del productor de realizar un disco
variado y ameno? Pues el propósito se acaba en la canción 11. Hasta aquí el
último disco de los Manic. Teóricamente quedan aún cinco canciones
(entre la 12 y la 16), pero, para no perder las costumbres, los sonidos se vuelven
impersonales, aburridos y, por si fuera poco, los Manic aprovechan para meter
toda su filosofía existencial. No creo que ningún otro grupo fuera capaz de
dedicar una canción a ‘Baby Elian‘ (paupérrima, todo sea dicho).
We love to kiss the Dalai Lama´s ass /because he is such a holy man‘.
Parece como si las letras de los Manic Street Preachers hubieran
abandonado su precioso hermetismo habitual y se hubieran vuelto en algunos casos
excesivamente explícitas, facilonas e incluso zafias. Ejemplo práctico: ‘We
love to kiss Dalai Lama’s ass because he is such a holy man
‘, literalmente
extraído de ‘Freedom of speech won’t feed my children‘ (el
titulito también se las trae). Reconozco que tiene su mérito componer canciones
con estrofas así, pero no creo que necesiten declaraciones de principios tan
evidentes.

Así que poniendo en una balanza lo mejor y lo peor de ‘Know
Your Enemy
‘, la cosa queda bastante igualada, con lo cual tanto sus
incondicionales como sus detractores podrán encontrar suficientes razones como
para seguir ocupando sus respectivas posiciones. Yo, de todas formas, voy a
volver a enchufarme ‘Everything Must Go‘ para a disfrutar un
ratillo de los Manic Street Preachers que a mí más me siguen
emocionando.

galo
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