Manu Sanabria y Carlos Villaverde / La Fiesta
‘Dependientes’ in the Spanish Way
Cuando terminé de ver La Fiesta, lo primero que pensé fue ‘¡Válgame! ¡Si esta película es en múltiples aspectos un remake de Clerks!’. El tema remakes suele llevar un sentido trasatlántico inverso al del caso que nos ocupa, esto es: brillantes ideas de los refinados, utópicos y pseudo-monárquicos europeos, que son tomadas por los simples, pragmáticos y pseudo-republicanos yankis. Cuando Kevin Smith realizó en 1994 su primera -desde luego que no última- película de jóvenes freaks, no podría haberse imaginado que nueve años después, en la lejana y flamenca España, su espíritu renacería con inclusive menos presupuesto y MiniDV al hombro, para dar a luz una hermana latina a sus Dependientes. No podría haberlo imaginado ni creo que se haya enterado; ni que le importe, todo sea dicho.
Manu Sanabria y Carlos Villaverde -ignoro si en este caso el orden de los factores altera el producto- se fijaron en su modus operandi y así han hecho su sueño realidad con la infrasuma de 6.000 (seis mil) euros. Primera consideración: con la excusa de que ‘esto es lo que todos los involucrados en el proyecto hemos deseado siempre, aquí no cobra ni Dios’, o casi. Segunda: primacía prácticamente absoluta de los diálogos sobre la acción, que debe ser exclusivamente verbal (u oral, pero el término ‘acción oral’ podría llevarnos a pensar en otro género). Tercera: las localizaciones deben reducirse a localización, a secas. Cuarta: una vez terminada, toca recorrerse todas las productoras y distribuidoras hasta que alguna pique y conceda un hueco en la programación veraniega.
Se cumplieron todas las consideraciones, incluida la más difícil, la última: finalmente la productora que picó fue Buena Vista, que se decidió a distribuir el largometraje. Esto es, el seudónimo tras el cual se esconde el Walt Disney Emporio aceptó una película que hace apología del sexo y las drogas. ¡Cómo ha cambiado el cuento! ¡Si el Tío Walt levantara su criogenizada cabeza!
La película no está del todo mal, si uno la toma como es: la aventura de un grupo de amigos con ganas de hacer cine. Ningún aspecto sobresale para bien ni para mal. La primera mitad es divertida, dentro de un humor poco sutil pero efectivo: alusiones al tamaño genital, al estado de conservación del himen, a las aficiones nocturnas de las madres ajenas, etc. El descarado homenaje a Clerks viene de la mano de una pareja de yonkis que recuerdan a Jay y Bob el silencioso.
Los aspectos técnicos no están del todo cuidados, pero sorprende que los fallos de continuidad -me niego a creer que no los haya- pasen desapercibidos. La interpretación es correcta salvo unas pocas excepciones: el trío de pedantes, particularmente los libres de gafas, nos recuerda que estamos viendo una película de aficionados. En el mal sentido.
La segunda parte de la película sí se torna un tanto pesada y repetitiva, abusando de tópicos de buen rollito y fiestuqui. El final feliz múltiple, donde los celosos compulsivos se convierten en amigos del alma, las pijas falsas en enamoradas de corazón y los ultrapromiscuos en chicos me-he-dado-cuenta-de-lo-importante-que-eres-para-mí, es tan ñoño, visto y vomitivo que cuesta creer que la distribuidora no haya metido mano para intentar acercar el producto a su bienamado concepto de Family Entertainment.
No me atrevo a recomendar la película, pero tampoco a defenestrarla. Ya hay mucho envidioso, sin estrenar película ni ahora ni nunca, pero que ’sabe mucho de cine’, que lo hará gustoso. Al menos, es de agradecer que los autores del film hayan hecho su sueño realidad sin hacer vivir una pesadilla a los espectadores.
Mirko (colaboración)

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