Martin Page / Cómo me convertí en un estúpido

Jamás de los jamases un libro de esta calaña hubiera mancillado mi registro bibliotecario, pero como quería comprobar que mis prejuicios siguen en buena forma, algo que intento hacer a menudo, me hice con el librito en mi biblioteca local. Y en efecto funcionan, no en vano dieron la voz de alarma ante un título que habla por sí solo. ¿Qué nos dice? Esto es pienso intelectualoide de baja estofa para engorde de estos canallas onanistas del ’soy especial, el mundo es un rebaño de borregos y subnormales, oh qué solo me siento’. Impresión corroborada por la expresión subnormal que emana ese bicho con pinta de Gusiluz que firma el ‘libro’.

No, no hacía falta leerlo, pero lo hice. ¿Encontrando qué? Pues la primera en la frente. En la duodécima línea (hablamos de caracteres de libro infantil tamaño croqueta) un lector que había seguido paso a paso la guía para convertirse en estúpido dejó como recuerdo un irritante rastro fluorescente sobre la frase: ‘La inteligencia le hace a uno desgraciado, solitario, pobre’. Esto nos dice absolutamente todo lo que hace falta saber sobre el autor y sus lectores. Lectores que necesitan dejar constancia de lo identificados que se sienten con la frase, lectores que necesitan que todos y cada uno de los que lean ese libro piensen en él, sepan que en alguna parte un ser especial, inteligente y elevado sufre en silencio rodeado de una imbecilidad que somos los demás.

El libro es una constante sucesión de chistes sin la menor gracia, previsibles, ruborizantes y palurdos con un único motivo central: ‘El mundo es tonto porque come en el macdonalds y ve la televisión; mi inteligencia me hace sufrir; voy a hacer el paripé una temporada descendiendo al mundo de los estúpidos, donde lo pasaré chachi comiendo Mac Pollos para finalmente volver a mi olimpo mental’. La historia, para más inri, se desarrolla empalmando con celo usado y lleno de pelusas un puñado de gags demasiado largos (y malos) para culminar en un episodio previsible y ridículo que está ahí como podía estar cualquier otra cosa que termine en FIN, el final de la Cenicienta, el último capítulo de Teo va al Zoo.

Insatisfecho tras perpetrar tamaña patochada el señor Page pretende además parecer culto, y para ello trufa el maldito libro de referencias culturales metidas con calzador que rodea de tintineantes luces de neón asegurándose así de que todos y cada uno de los lectores tengan bien claro que él está muy leído. Los escritores dignos sin ese afán vergonzante por convertirse en nueva figura de las letras europeas se limitan a dejarlas caer, y quien las entienda (que no será nadie) feliz será. Imaginarse al pobre Oscar Wilde, por ejemplo, ultrajado cita mediante en la primera página, glosando sus obras para dejar constancia de a quién referencia, para prevenir que alguien se lo pierda y no admire la vastísima cultura del autor, provoca verdadera risa. Con un fantoche de este calibre lo que da es lástima.

He tenido que destrozarlo a dentelladas y temo que me lo harán pagar.

galo
secciones » (in)cultura
etiquetas »
¿Le ofende la superioridad de nuestro critero? No se reprima:
  1. Mr. Everet,

    2 simples cositas, su ilustrisima majestad dueño de la sabiduria, acerca del libro de Martin Page:

    La primera es que la descripcion que hace usted de Page tras leer su libro se asemeja mas a lo que es usted mismo que a lo que, le puedo asegurar, es el bueno de “Page”

    La segunda es que si tanta y tanta sabiduria derrocha usted, escriba un libro, No!, mejor aun escriba una coleccion entera, de esas que se venden en los kioskos y que solo los grandes lectores como usted son capaces de entender.

    Por ultimo indicarle que estoy seguro de que si el Sr. Oscar Wilde levantara la cabeza preferiria tomar un cafe con el Sr. Page que pasar un solo minuto respirando a su lado.

    Un saludo

Ánimo, deslúmbrenos con su ingenio:

PARA SERVIRLE
NOVEDADES
RELACIONADOS
ESPECIALES