Midlife: A Begginers’s Guide to Blur

Hace unos días la prensa británica daba cuenta del seísmo provocado en las oficinas de las sociedades de inversión de la City por un informe de mercado confeccionado por un becario de quince años acerca de los hábitos de consumo de los adolescentes contemporáneos, un documento con revelaciones de tal magnitud que a las pocas horas de hacerse publico el teléfono de la consultora ardía con llamadas de CEOs, VPs y toda fauna de acrónimos impacientes por ganar acceso a esa insólita laparoscopia de los entresijos de la vida adolescente. La BBC adelantaba los siguientes: les gustan las cosas gratis, usan twitter para decir banalidades hasta que se aburren al cabo de cuatro días y no compran discos, los descargan de internet. Esto suscita la obvia respuesta de “pues podría habérselo dicho yo” y la réplica acorde “pero no lo hiciste” para la cual uno todavía tiene la excusa de que si no envías folios de obviedades a Goldman Sachs no es por falta de capacidad sino primero por una fe optimista en que la mayoría de gente no sea subnormal, y segundo por experiencia, pues resulta evidente que la industra ya sabe que quienes compran discos no son los adolescentes, sino los adultos. ¿A quién si no va dirigida la avalancha de reediciones de estrellas y no tan estrellas de décadas pasadas y los retornos a los escenarios de grupos jubilados para estimular para estimular la venta de aquellos?

Conscientes de esto, creo que podemos tomarnos la edición de este doble Midlife: A Begginers Introduction to Blur como el acta de certificación de que nuestra generación, el Brit pop, ha alcanzado un poder adquisitivo relevante para la industria. Diga EMI lo que diga, el recopilatorio va dirigido a usted y a mi, y no al oyente esporádico, ¿cómo explicar si no la alusión directa (ojalá prematura) a con ese Midlife? El begginer’s guide to Blur habrá que tomarlo como guiño retórico al viejo aficionado, o apelación al treintañero atontado que se perdió a un grupo tan extraordinario en la cima de su popularidad.

El problema es que al contrario que muchos grupos de su quinta Blur fueron un grupo inquieto para el que resúmenes e iniciaciones requieren mapa y guía, y es aquí donde tropieza un recopilatorio sin noción alguna de progresión histórica (excusable) ni sonora (irritante), que para darles una idea empieza con Beetlebum y enlaza su drone final con la neumática Girls’n Boys. Si Midlife mejora el torpe Best Of.. de 2000 es sobre todo por cuestión de espacio. Dos discos permiten representar Modern Life is Rubbish con mayor justicia (y buen criterio, Popscene, Chemical World, Advert, For Tomorrow), los esfuerzos filo-shoegazer de Leisure se llevan la peor parte y sólo aportan She’s so High, poco, quizá. En cuanto al resto, lo mejor es que no se haya abusado en exceso de singles y dianas fáciles: no hay un gran trabajo de arqueología pero la ausencia de Country House, M.O.R., End of the Century, o Charmless Man queda compensada con Thought of Cars, Death of a Party, Advert o la imprescindible Popscene. Con esto esquiva la monotonía, pero tampoco hay grandes sobresaltos y peca de prudencia. Los últimos discos daban opciones más arriesgadas que hubieran animado el recopilatorio como Crazy Beat o Caravan. Siendo un grupo amigo de las remezclas (abundan en las caras B de sus singles, el largo Bustin’ and Dronin’ está disponible en Spotify), Midlife se limita a decorar con discreción las canciones más obvias, For Tomorrow aparece en versión extendida, Girls & Boys en la del 7”, Coffee & TV en la de radio y She’s so High en la del single. La única remezcla que merece el nombre es una cutrez de Cornelius contaminando Tender con una guitarra cargante, unos tintineos y la caja de ritmos de toda la vida, convencional hasta decir basta. Cualquier otra es más imaginativa y hubiera aportado más variedad al disco.

Vamos, que no lo compren. Desde el punto de vista del veterano la impresión final es que Midlife desprovecha la discografía de un grupo cuya evolución palpable y consciente enriquece sus discos limitándose a dejar un batiburrillo de canciones sin especial coherencia. Para el neófito consigue presentar a un grupo fantástico con canciones fantásticas pero, hablando de Blur, eso podía haberlo hecho yo en una cinta. Y copiar el logo a boli.

galo (18/07/2009)
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¿Le ofende la superioridad de nuestro critero? No se reprima:
  1. wblacke,

    Entonces no lo comprare!!!

  2. galo,

    ¿Eh?

  3. lector,

    Pues que mierda si no viene Country House. Aunque tampoco lo mejoraria demasiado. El tema de los recopilatorios siempre ha sido asi, salvo alguna maravillosa excepcion, pero que saquen dos recopilatorios sin ofrecer grandes variaciones significativas entre uno y otro tiene cojones. Si echas un vistazo a los dos “The Best Of” de R.E.M. ves que si se justifica ¿Pero que han hecho aqui?¿Quitar algunas canciones y meter otras tantas? Venga hombre…

  4. probertoj,

    “eso podía haberlo hecho yo en una cinta. Y copiar el logo a boli.”

    Pero no lo hiciste….

    O seguro que sí.

  5. pepe,

    Capullo de mierda! me la comen tus comentarios de friki! kiero deleitarme observando la muerte de tu padre, mientras yo eyaculo en su cara de papafrita!

  6. lector,

    ¿Pero que coño?

  7. Rosa Silva,

    Vaya, al parecer yo encajo muy bien en el perfil: Adolescente de 15 años, tengo Twitter pero no lo utilizo -esa sería la única variación-, y además, no, jamás he comprado un disco en mi vida. De hecho este me lo descargue con BitTorrent y… ¡Cierto, lo olvidaba! También “soy neófita”, pero en ningún momento este álbum me dejó la imagen de “grupo fantástico”, en absoluto. Al menos conmigo han conseguido el efecto contrario, en vez de ganarse una nueva fan espantaron a una posible seguidora. Creo que lo único que podría salvar de ellos es Coffee & TV, y eso haciendo muchísimo esfuerzo, porque en teoría ninguna de sus canciones es realmente buena. Crap, crap, crap…

Ánimo, deslúmbrenos con su ingenio:

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