Morrissey - My early burglary years
A primera vista My early burglary years es un recopilatorio absurdo donde, a excepción de una canción nueva (Sunny), sólo hay una amalgama de material ya publicado y sin nexo aparente, rarezas, caras B y dos canciones ¿reivindicadas? del denostado Southpaw Grammar. No es otro de los abundantes recopilatorios con que Morrissey ha celebrado su carrera (más que discos de estudio). Editado al principio de los siete años de silencio y orfandad discográfica que siguieron a Maladjusted y Southpaw Grammar, pensamos que Morrissey quería marcharse dejando algo que no es tanto una confesión ni una excusa como una recapitulación, y quizá un mapa para neófitos.
El disco está encerrado entre dos historias sobre boxeadores caídos en desgracia. Sunny, con el referente casi obvio de Sonny Liston, el púgil que Muhammad Ali nunca pudo noquear con los puños pero sí con un soplo de aire condenándolo al escarnio hasta que se mató de una sobredosis en la nochevieja de 1970. Boxers, cuyo protagonista sufre una derrota humillante frente a su propio público, su mujer y un sobrino que a pesar de todo sigue adorándole. El paralelo con el estado de la carrera de Morrissey es inevitable, discos denostados, blanco de la idiotez de la prensa británica, etc. (Sunny tiene líneas como “Oh, they’re not forgiving you, and you’re not even wrong“). En At Amber se retrata habitando en un mundo extraño poblado por marginados y gentes de mal vivir donde él sería una especie de turista que se hospeda en hoteles “.. where the men and the women are acquainted quite well” y ronda penitenciarías preguntándose si habrá alguien que disfruta su atracción por los bajos fondos. En A swallow in my neck, insiste, es un hombre ingenuo, sencillo y casi insensible a las pasiones, inocente aunque en ocasiones ceda a las tentaciones (”.. until you drew a swallow in my neck and more I will not say, deep and blue and soon everyone knew“).
Victimismo auto indulgente, bajos fondos, argumentos conocidos. Pero como dije antes, el valor de My early burglary years no está en la repetición de sus temas clásicos sino en presentarlos en una variedad de matices que es difícil encontrar unidos en ninguno de sus discos anteriores y dejan a Morrissey mucho más expuesto de lo habitual. Todas las obsesiones, inseguridades y traumas que hasta aquel momento habían estado diseminados en códigos y referencias crípticas por más de una década de canciones aparecen aquí con una claridad insólita que revela la fragilidad, la incoherencia, y con ellas el humor, la capacidad de reirse de sí mismo, y la inmensa honestidad de Morrissey.
Todo eso ya existe en su discografía anterior, aquí está sin disfraces. En Jack the Ripper se obliga a mirar bajo la alfombra y cuestionarse el origen de la obsesión por el crimen dudando si el mal es “.. just something you are, or something you do“, si en el fondo los indígenas de los bajos fondos pueden culpar a sus instintos (”Your face is as mean as your life has been“) mientras que la suya, al ser una corrupción consciente, es por tanto más perversa. Ellos serían los inocentes, las víctimas, y él el auténtico depravado, quien elige víctimas, las manipula y corrompe (”Crashing to my arms, I want you [..] You don’t agree but you don’t refuse, I know you“). Se obliga a pensar que quizá acuda a ese ambiente extraño buscando algo que envidia, que no existe en el suyo (”It´s not low life, it´s just people having a good time“, At amber), a aceptar que no es suficiente consuelo porque sabe que el hedonismo funciona como pasatiempo pero no resuelve ninguna de las preguntas. Por eso es sólo al cadaver del chico suicida en Michael’s Bones, cuyos huesos “were never to know impetuous fun“, a quien recurre en busca de las respuestas, “And see are we all judged the same at the end? Tell me, tell me. Oh you lucky thing, you are too brave, and I’m ashamed of myself, as usual“. Apenas hay tiempo para preguntarse como siempre si habla con ironía o autocomplacencia, se ataca por todos los flancos. Al terminar de destripar sus dramas patéticos de intelectual diletante (”They live where you wouldn’t dare to drive“, Reader meets author) sólo queda una honestidad despiadada. Estamos condenados a no escapar de nosotros mismos y es inútil buscar explicaciones coherentes. Es cierto que “My invalid friend, in a different way we are the same” y en cierto modo es, de hecho, una minusvalía (aciertan si han pensado en Astrud). Sólo nos queda asumirlo sin excusas y disfrutar tropezando con las mismas piedras (Nobody loves us).
Ustedes saben que yo no les recomendaría un disco que no pudiera oírse antes que escucharse y reitero la inmensidad de éste en todos los aspectos. Es una colección extraordinaria de melodías relucientes y líneas definitivas (”page after page a sniping rage“) que cuenta con sus mejores colaboradores: Stephen Street (detrás de Suedehead, Everyday is like Sunday, productor de casi toda la discografía de The Smiths y Blur entre otros) guitarras de Boz Boorer (Viva Hate, Your Arsenal) y Alain Whyte (Vauxhall and I, Southpaw Grammar).

Gran Torneo 2008
Boquerones en Vinagre 
