Paul Auster está acabado
Quedaban solo diez páginas pero mi único deseo era verlo volar desde el puente de Waterloo como una paloma de doscientas alas para aterrizar en las turbias aguas del Támesis. Qué pelma te has vuelto, Paul Auster, qué pelma.
Es un autor comodín. Para todos los públicos. Adorado por la crítica sin cargar el sambenito de Best-Seller. Las élites lo aceptan y al mismo tiempo es accesible para las masas, que lo leen pensando vaya, parece bueno, y además me entero. En su nuevo libro, nos presenta al jubilado Nathan Glass, quien tras su divorcio se ve en posesión de una suma sustanciosa de dinero pero víctima del cáncer, y decide esperar la muerte en Brooklyn. Allí encontrará por sorpresa a su sobrino Tom, un joven brillante y erudito con el que había perdido el contacto durante años sólo para comprobar que ha desperdiciado su potencial empleándose como taxista y dependiente de una librería. Comienzan a verse varias veces por semana. Nathan se embarca en la redacción de un libro. Completado el clásico escenario modelo Auster, parece inminente que en cualquier momento vayan a agarrar un coche y lanzarse a las carreteras secundarias norteamericanas en un misterioso viaje de descubrimiento personal al término del cual aparecerá el padre perdido de alguien y la Vida les enseñará valiosas lecciones con su conmovedora serendipia. Esa incertidumbre circunstancial tan familiar en sus libros, la intuición del desenlace no tan profunda como para saber cuándo y cómo tendrá lugar pero suficiente para mantener el interés. Auster ha sabido jugar esta baza en varios de sus mejores libros y causa más confianza que recelo para continuar la lectura.
Confiamos pues. Porque cuando una escritura fluida se aplica a una historia sólida el conjunto funciona, quizá sin brillantez ni genialidades pero dejando que la narración fluya con naturalidad y las trampas pasen inadvertidas o se disculpen. Un equilibrio que logró en La noche del oráculo o El palacio de la Luna (esos títulos..), pero dejó expuesta su fragilidad en Mr. Vértigo. Aquí comenzaba con un planteamiento también válido, un niño encuentra a un viejo húngaro que lo enseña a volar, y te introducía sin dificultad en la dinámica de pasar página tras página y dejar desarrollarse la historia. El problema fue, por primera vez, que ésta se agotaba a mitad del libro y desde entonces Mr. Vértigo sólo daba bandazos argumentales que desmontaban la prosa fluida de Auster como un castillo de naipes. Expuesto su talón de Aquiles, y quizá consciente de la reflexión que imponía este fiasco, Auster se retiró durante cinco años con la excusa de que la escritura ya no lo ilusionaba y picoteó del cine y otras gaitas hasta regresar con Timbuktu. El resultado lo ignoro, pues no leo libros cuyos narradores son animales, mucho menos un perro, pero el caso es que siguieron libros como La noche del oráculo con los que sí logró levantar cabeza.
La primera mitad de Brooklyn Follies no promete nada espectacular salvo mantener el tipo aunque a medida que avanza se hace imprescindible algo que no sean los almuerzos diarios de un jubilado y su sobrino, algún muerto, algún cataclismo. Se presiente durante algunas páginas aunque por desgracia lo más aproximado que alcanza es una trama tangencial de falsificaciones prestada, por no decir idéntica, a La máscara de Ripley y sin demasiado lugar en la historia. El libro se desploma. Aparece una niña, hija de la hermana desaparecida del sobrino, que no habla por motivos que nos dan igual y cuando se desvelan al final del libro es sólo ante nuestra más completa indiferencia. Un amago de affaire baboso con una camarera latina de marido posesivo. Divagaciones estúpidas sobre una utopía idealista y palurda bautizada con la estupidez de “Hotel Existencia”. Un viaje en coche (¿ya? ¿la road movie?) como vehículo para introducir un personaje que se nos vende como trascendental y no logra aporta nada que nos importe. Por fin, los falsificadores “matan” (más bien asustan mucho, demasiado) al dueño de la librería y en el paroxismo del ridículo asistimos al desparrame de sus cenizas en medio de Central Park con actuación de su novio/a drag queen. Retazos que no logran encajar en la historia principal ni la complementan con tramas secundarias. Quizá Auster intentaba mostrar que los cambios radicales no exigen grandes acontecimientos, pero sólo da misma impresión que Mr. Vértigo, que necesita alguna excusa para prolongar la historia con pequeños fragmentos de nada ante los que sucumbe todo lo demás, los retratos de Brooklyn, los jueguecitos de nombres entre personajes, los paralelismos y simetrías, todo muy bonito, muy qué seña de identidad, pero puro envoltorio de nada.
Hay una alegría en todo el libro. Al puto viejo le da un infarto. Es de esos momentos que se celebran porque no creo haber conocido un personaje tan detestable desde Sherlock Holmes (no soporté al puto mamarracho ni una página). Cuando al principio del libro el viejo de los cojones se autodefine como Nathan the Unwise (el no-sabio) comienza a dar muestra de la falsa humildad fétida de prepotencia y autosuficiencia que nos torturará a lo largo de todo el libro. Contemplando el mundo desde su elevada atalaya de experiencia vital en espera de la cita final con la negra muerte, a todos mira con ojos tiernos y comprensivos, a todos respeta, de todos se enriquece (¡aún más!), todos le conmueven, una drag queen pegando voces en Central Park mientras esparcen cenizas, una madre, una niña, su sobrino enamorado, o la Vida misma, sobre todo la Vida, que de nuevo ha enseñado lecciones valiosas a Nathan. Pero no ha sido la Vida. Ha sido el puto Paul Auster en su sempiterno papel de Dios omnipotente, omnisciente y subnormal, impartiendo lecciones morales encubiertas de anécdota amena con ese tufo resabiado y condescendiente presente aunque discreto en todos sus libros y ha sido elevado a alturas estratosféricas en Brooklyn Follies.
Más que soportar a páginas de aburrimiento lo peor del libro es soportar lo que la prepotencia y el indiscutible complejo de superioridad que sufre Auster y se revela como único motivo y motor de sus trabajos. Mírenle, siempre la misma cara de mamarracho, hola, soy Paul Auster, el gran escritor, deja que te seduzca con mi mirada de galán y te desvele los secretos de la vida, tengo el bolígrafo preparado. Lo malo es tener que llegar al final para despejar las dudas, contemplar la salida de Nathan del hospital, escucharlo feliz por el retorno a la plenitud imperfecta en que la Vida ha modelado su mundo y le ha llenado de nuevas ilusiones, revelarnos que horas después se avecinaban los atentados del 11-S, y escucharle, Dios cómo le odiamos en este punto, cómo quisiéramos inflarlo a palos y arrojarlo a él al río con piedras en los bolsillos, escucharle “pero de momento todavía eran las ocho de la mañana, y mientras caminaba por la avenida bajo aquel radiante cielo azul, era feliz, amigos míos, el hombre más feliz que jamás haya existido sobre la tierra”, dejandonos bien claro cómo será capaz de hacer frente al horror con el poder de su imbatible y madura sabiduría. Puto imbécil.
Ah por cierto, no lean este artículo si querían leer el libro. Huy..

Gran Torneo 2008
Boquerones en Vinagre
Uh Huh Her + The Fashion, Nueva York 29-10-2008 

Está acabado, sí. Menos mal que te tenemos a ti que si no…
Leer es de pobres.
jajaj, eres como javi y dani los de gran hermano, así rollo provocador y eso
donde coño veo los artículos viejos?
No se puede?
Un botón de anterior y otro de siguiente estarían bien.
Ajá, un libro un poco flojo y mr. auster ya esta gagá…No exageremos…
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Señores, Galo ha hablado. Siguiendo con su, cada vez más, aura de “crítico destroyer” nos pone a Auster a caer de un burro. Autor comodín, qué gracioso. Adorado por la crítica, aceptado por las élites (qué elites Galo? Almodóvar dice que lo adora. Él es elite o masa?). Ya te dije una vez que cuando uno escribe más de lo que no le gusta que de lo que sí se convierte en un cenizo, alguien al que lees para flipar con su mala baba, en vez de buscar razonamientos que te convenzan. Tienes tu criterio pero siento decirte que te faltan unos cuantos argumentos más para convencer a algunos de que Mr.Vertigo Auster puede estar acabado. ¿No es, simplemente, que te has cansado de su estilo? Lo mejor del lote “Ha sido el puto Paul Auster en su sempiterno papel de Dios omnipotente, omnisciente y subnormal, impartiendo lecciones morales encubiertas de anécdota amena con ese tufo resabiado y condescendiente presente aunque discreto en todos sus libros y ha sido elevado a alturas estratosféricas en Brooklyn Follies”. ¿Te negó un autógrafo cuándo se lo suplicaste?
Yo también he dicho varias veces que lo de sólo críticas negativas se desmonta por el simple método de mirar el índice. Lo que pasa es que se recuerda más salir de un artículo indignado porque he llamado mierda a tu grupo favorito que lo contrario. Existe la posibilidad, remota, de que yo sea un poquito vehemente en mis ladridos, pero lo que tampoco se puede es convertir en anatema cualquier crítica negativa a Auster, ni invalidar el argumento de que “hacer siempre lo mismo” para escritores cuando nos sirve a todos con grupos musicales. De todas formas no es eso lo que critico en él, Auster nunca ha cambiado de estilo o discurso, y jamás me ha importado mientras sus libros contaban algo. Brooklyn Follies. Pregunto, ¿a qué viene todo el libro? ¿cuál es la historia? ¿qué demonios cuenta? ¿a qué distancia lo dejas de Leviathan o Moon Palace, por pojer dos ejemplos? Algo en lo que todo el mundo coincide (también Almodóvar, sea élite o masa, que no lo sé y me da igual, en qué son las élites supongo una pregunta retórica) es el efecto pasapáginas de sus libros. Seguir leyendo tenía un sentido, conducía a alguna parte. En Brooklyn Follies ha sido todo lo contrario, leer para quitármelo de encima. En esas condiciones, como digo, deja demasiado tiempo libre para fijarse en defectos e irritarse por el tono condescendiente y resabiado de Auster etc. No tengo ninguno de los demás libros aquí por desgracia, lo cual me impide seleccionar un par de citas al azar, pero el pensionista cargado de lecciones vitales y protagonistas encaminados al crecimiento personal vía sorpresas-te-da-la-vida me atufa a Paulo Coelho, y eso no puede ser bueno. En Mr. Vertigo y en Follies el único objeto del libro parece preparar la frase, el párrafo final, el momento “superaremos las torres gemelas” el momento “todo lo que hace falta es cerrar los ojos y hala, vuelas, como si nada” (cito de memoria, la frase es para ahogarlo en un tonel de caramelo), aparte de eso, la nada.
“Las élites lo aceptan y¡¡¡¡¡¡al mismo tiempo es accesible para las masas,que lo leen pensando vaya, parece bueno, y además me entero¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡”
Hasta aquí he leído, no me hace falta mas, este tío recibe uno de los premios mas importantes del mundo como es el Principe de Asturias de las letras, al menos eso dicen y llega el momento de darle caña, oh dios mio empiezan a leerlo los mismos que compran por miles La sombra el viento o hacen de La catedral del mar el libro mas vendido en España en este año, que previsibles sois algunos, siempre escribiendo desde el pedestal de la superioridad intelectual y moral, no me mata Auster, no he seguido leyendo mas allá de donde acaba la frase que he subrayado, nunca había leído una crítica tuya antes, ni falta que me hace para saber lo que eres, uno más. PUAJ
Es la primera vez que visito la página. Yo buscaba información sobre Auster y me encuentro com una crítica un poco extremista, Demagogo. Pero muy lejos de uedarse sin argumentos. No he leído todos los libros de Auster, y estoy casi seguro de no llegar a hacerlo nunca. Me cansa su prosa fácil. Sí, tiene fragmentos buenísimos, pero se relaja en pro de la fluidez, de la pegajosidad. Ignora el esfuerzo que exige la prosa. Pero yo no soy quién para ue mis opiniones al respecto se tomen en cuenta.
Pero lo que me motiva a darle al enviar es ese puto “Gabo” que sin terminar de leer lo que sea se cree con derecho a criticarlo. Es una posición estúpida. Además el Príncipe de Asturias no significa nada más que un papel i mucho dinero, que encima se otorga a gente que ya se ha hecho rica. Dinero=más dinero. Y los putos best-sellers son sinónimo de mierda pura por algun motivo, y es que la gente lo lee sin esfuerzo, sin tener que descifrar, con la emoción fàcil de las pelis americanas que también son éxitos de $.
Y es que la gente es una mierda porque no se esfuerza ya en nada, las cosas son mejores en base a su facilidad. “O, sí, yo me leí en Código de Vinci en una semana” Pues que te jodan porque es una mierda de libro de una mierda de pavo que fue a un cursillo de escrito y escribió un libro (que rehizo apropiadamente una editorial que se forró). Pasión es lo que hace falta. Que un libro se parzca a una peli es un insulto, no una virtud. Està bien que todo el mundo tenga acceso a la cultura, pero eso no puede ser usado para destruirla.
Para mi desdicha este ha sido mi primer libro de Auster. Previsible, tópico, con más de un deus ex machina descarado, pretencioso y lo peor; sin ningún gancho evidente. Me quedo con lo de “Aparece una niña que no habla por motivos que nos dan igual”. Y sí, se le nota tufillo a Coelho (lo del Hotel Existencia da casi risa).
Buenísima la crítica! Estoy de acuerdo en todo, salvo en eso de denostar al queridísimo Sherlock Holmes de nuestra infancia. Auster es un impostor, la gente cree que lee alta literatura y en realidad es un escritor malo, muy pagado de sí mismo, que cree que tiene saberes de la vida por sobre el común de los mortales. Auster y Houellebecq, dos bostas similares (de este último no terminé el libro, no puedo perder mi tiempo tan miserablemente…)