Primavera Sound 2001 en Barcelona
Viernes
Yo iba un poco con miedo a la ciudad condal. El correo no nos funcionaba y no me acababa de fiar de que la acreditación se materializase en el ansiado colgante y el consiguiente ahorro. Sólo teníamos hotel para un día. Para rematar el Madrid gana la Copa de Europa y nosotros que para más inri no somos vikingos íbamos a volvernos de color morado. Y no acaba ahí la cosa: Pepo juraba por todo el santoral (extenso de cojones desde que Juan Pablo II reparte beatificaciones y santificaciones como rosquillas) que iba a ligar. Terror.
El bus de bcn paró en una estación de servicio con un generoso surtido de souvenirs y snacks, entre ellos una botella de vino de la Compañía de Alférez Generalísimo Franco con una ilustración del caudillo dando garantía de calidad que decidimos comprar a la vuelta.
Aún con la conmoción llegamos a Barcelona a la hora de comer así que fuimos a buscar el hotel para dejar las cosas y marcharnos a por la pitanza. El lugar resultó ser un homenaje a la arquitectura surrealista. ¿Dónde colocar una tv? ¡Detrás de una viga, hombre! Tenía un ventanuco en el váter que daba a una ascendente oquedad negruzca que ignoro si llegaba a la azotea porque me dio miedo meter la cabeza y caer presa de los seres del inframundo que, de existir, viven ahí. Presa del miedo a nuevos descubrimientos tanto en el campo de la arquitectura postmoderna como de la fauna infernal escapamos a la calle.
Cuando un restaurante anuncia menús a cuatro euros la salud pasa a un segundo plano. El restaurante Armonía era además chino, lo que garantiza tres platos de alguna pobre mascota triturada, bebida y postre. Terminado el postre, una bola de helado de Restaurante Manolo, y dado que lo más probable era que muriésemos entre estertores y vómitos, decidimos hacerlo en condiciones y pedimos ‘un poco de eso’. Eso salía de una botella y era bebido por un señor pocas meses más allá. Bien pudo ser amoniaco pero no, era licor de canela. La chinita cometió el grave error de dejar la botella llena sobre la mesa y nos vimos en la obligación de dejarla a la mitad.
Para morir de pie nos fuimos a buscar el tal Poble Espanyol con la enorme suerte de dar con el camino más largo y mayor desnivel de los posibles. No hubo problamas con la acreditación a pesar de que uno de los encargados nos dijo sorprendido al ver dos reporteros ‘pero os dijimos que sólo os podíamos dar una’, debía pensarse que o nos daban dos o se la íbamos a tirar a la cara. La aceptamos encantados, y eso que aún no sabíamos lo de la cerveza gratis. Con el preciado cartoncito plastificado y su cordel naranja volvimos al hotel que resultó estar a dos minutos del lugar por el camino corto. Nos pusimos a esperar la muerte por intoxicación con el resumen de Gran Hermano pero debía estar ocupada y no llegaba. Ya que la comida nos mataba con lentitud pusimos rumbo al festival a matar nosotros el tiempo mientras llegaba la defunción.
La noche comenzó con Ellos en el escenario Viaje a los Sueños Polares, VASP en adelante. Surgieron GuilleMostaza, SantiCapote y sus dos colaboradores habituales de la valla que demarca el perímetro del recinto y siendo reconocidos por el público justo antes de que los vigilantes les moliesen a palos. Subieron por delante del escenario (todo como muy alternativo y desenfadado) y nos contaron que llevaban media hora intentando entrar pero que no les abrían ninguna puerta (¿qué tal probando con la principal, chavales?). Estuvieron bien a pesar de que algunos nos comentasen que no les había gustado demasiado. Para mí que les hemos visto ya muchas veces y encima con un sólo disco que cantar, por lo que ya sabemos lo que encontraremos: GuilleMostaza dando rienda suelta a sus dotes histriónicas y petardas (’aire aaaaah soy coomo el aire aaaaah’) y SantiCapote impertérrito (y magnífico con la guitarra) pero sobre todo dejando cada vez más claro que Lo tuyo no tiene nombre es un pedazo de disco. Y sus conciertos me encantan.
Nosoträsh fueron las grandes perjudicadas de que Astrud actuasen en el escenario grande, el Nitsa-Apolo, en la otra punta del Poble Espanyol. Lo de dar un paseo por el recinto, una especie de reproducción de un pueblo (digo yo) tenía su gracia pero una vez o dos a lo sumo. Pero no, los organizadores tienen una especie de vena sado y gozaban viéndonos exhaustos en el decimocuarto trayecto.
Llegamos empezada la primera canción de uno de los mejores conciertos de la noche. Puede parecer mal que se lleven las cosas pregrabadas (aunque no hay más remedio con algunas canciones) y medio concierto se apañe apretando un botón pero es de aplaudir la honestidad de Genís, que se dedicó a amenizar el espectáculo en lugar de ponerse en plan DJ a simular que hace algo con las maquinitas, algo a lo que son muy aficionados ciertos grupos. Dejaban caer los mejores temas de sus dos discos y un bis, La Boda, muy celebrado entre los asistentes. Algunos, en el paroxismo de la originalidad y el humor, se dedicaron a arrojar a puñados unas doscientas fanegas de arroz a Manolo, que pasó del Jaja al Ja y finalmente al vale-de-una-puta-vez-gilipollas. Los simpaticotes debieron volver a casa satisfechos porque el arroz dio juego, el propio Jarvis haría notar la presencia de varios granos en el escenario tras incrustarse algunos en la planta del pie.
Volvimos al VASP para ver un rato a La Buena Vida y pillamos dos o tres canciones de Nosoträsh, estuvieron bien aunque parece que tuvieron bastantes problemas técnicos durante casi todo el concierto. Nacho Vegas y Pau (LHR) colaboraron con las asturianas en una de sus primeras actuaciones tras la publicación de Popemas. La Buena Vida muy bien, pero nos fuimos a la seguna canción porque no es grupo de festival, con cojonudos pero más para momentos de relax que para perderse a Clem Snide en el escenario Rockdelux, habrá ocasiones de sobra para ver a LBV con tranquilidad. Eso sí, encontramos a Ellos aprovisionándose de alcohol en la barra y tuvimos que hacer la foto de rigor. Guille exclamó ‘oh, common people, ese gran fanzine electronico, qué bien’ y tras recoger las bragas del suelo le obsequiamos con la exclusiva pegatina CommonPeopleMusic.com y sacamos la foto de rigor, momento en el cual Guille se mofó de nuestra cámara, una genuína Kodak-Kid deshechable. Qué quieren ustedes, ir cargando con la supercámaramegaobjetivo de papá queda guay pero es de lo más incómodo (y caro).
Por estas horas se hacía cada vez más necesario obtener el líquido elemento, dador de vida. El asunto está en que la cerveza estaba al módico precio de quinientas pesetas (mierda al euro) y tampoco anda el presupuesto para esas alegrías. Yo por si las moscas sugerí a Pepo que hiciese uso de su acreditación y se diese un paseo tras una verja que, custodiada por un segurata, ocultaba una barra. Pero al nene le daba vergüenza entrar legítimamente a la zona de prensa a por un refrigerio de lo más lícito. Tendría tiempo para arrepentirse. Eso sí ninguna vergüenza para pasarse el puto festival maquinando versos y epítetos que transmitir a la tal Lady Ginebra por SMS. Yo no tengo la habilidad de Miguel para inventar mamarrachadas y planes con que perder dignidades propias y ajenas (ni ganas) así que me sentía como apartado e inútil gozando de los conciertos.
En fin. Poco habíamos oído de Clem Snide y estábamos ansiosos por ver el concierto. Y oye, cojonudo, pero no eran Clem Snide sino Camera Obscura. La organización había cambiado casi por sorpresa la programación y nosotros liados con el inframundo, la muerte y las ñoñerías de Pepo sin enterarnos. El caso es que aguantamos el calor infernal (nada comparado con el de las carpas del FIB) y salimos con una nueva línea en la lista de Próximas Adquisiciones Discográficas.
Teníamos medio pulmón repartido por el trayecto entre los escenarios VASP y Nitsa-Apolo y por fin veíamos la posibilidad de un descanso, Bis y Spiritualized tocaban seguidos en el último. A la encantadora Amanda (bis) la pillamos subiendo al escenario. Últimamente Pepo ve una mujer y se enamora, si encima lleva un vestido ajustado, es artista y posa para una foto (que luego no sale) es capaz de ponerle nombre de princesita de cuento y tirar su dignidad por una alcantarilla así que me ví obligado a quitarle la cámara Kid-Kodak durante el concierto y guardar alguna foto para Mr. Cocker. Bis muy bien, con canciones a medias entre sus dos últimos discos hicieron bailar a un público bastante numeroso y muy entregado que consiguió sacarles del backstage para interpretar una más que digna versión de Love Will Tear Us Apart de Joy Division.
Con Spiritualized sufrimos el ataque de The Technics, empeñados convertir el afinado de instrumentos y enchufado de cables en una tarea de una magnitud que dejaría en ridículo la obra del Escorial. Durante la espera perdimos toda nuestra credibilidad con unos lectores que tras averiguar quiénes éramos exclamaron ‘ah, tú eres el que gana todos los concursos de Viaje a los Sueños Polares’. Con tres cuartos de hora de retraso el reloj señalaba la hora en que los Moldy Peaches subían al escenario Rockdelux así que salimos corriendo.
Aquí ya no había excusas. La cámara infantil no estaba preparada para soportar las más de diez fotos por segundo que merecían. Uno disfrazado de unicornio, el otro de marinero con unas mallas espantosas y un bajo lleno de mierda, el de más allá y la última en un cruce desquiciado entre las brujas Avería y Lola y el pirata Garrapata. Nos lo pasamos bomba, ellos y nosotros. Una puesta en escena descojonante, canciones inmediatas y enérgicas que abofeteaban cada dos por tres a un público berreó Who’s got the crack como si les fuera la vida en ello.
Llegamos tranquilamente a ver a Pulp a causa del retraso de Spiritualized que según cuentan estuvieron muy bien. Jarvis entró descalzo con una camiseta amarilla en la que mugía el toro de osborne y lubricó a las energúmenas de las primeras filas (cuya Directora Ejecutiva estaba delante de mí más pendiente en que su amiguito (a mi lado) notase su emoción que de ver al su supuesto ídolo). Un tipo que debía ser uno de estos muy patriotas catalanes insistió en imprecarle ‘que estamos en Cataluña, no en España’ y demás memeces, era por el toro (yo tardé en darme cuenta) que debe ser como un símbolo de la opresion española contra la identidad nacional de Cataluña. Tras ser acallado los demás catalanes no histéricos el concierto fue tremendo. No hubo ninguna sorpresita como en el FIB, todo sonó perfecto. A Jarvis se le veía con muchas más ganas que el verano pasado cuando pasó de coger la acústica. Un repertorio bastante variado, abrió F.E.E.L.I.N.G. C.A.L.L.E.D. L.O.V.E. y siguieron (en desorden) Trees, Sunshine, Joyriders, Babies, This is hardcore, etc. Faltó Common People a pesar de que el público la pedía apasionadamente. Cocker dio el espectáculo que los fans esperan (esperamos) de él, paseitos por el escenario, bailes exóticos, posturitas, charla con el público, etc.
Llegados a este punto tuve que obligar por la fuerza a Pepo a meterse en la barra de prensa a ver si sacaba algo y efectivamente, volvió con una cervecita gratis y un opresivo sentimiento de culpa por haber desaprovechado La Ocasión De Su Vida durante todo el día. Juró vengarse el día siguiente pero toda su fama había quedado destrozada.
En el VASP pinchaba Miqui Puig (ya saben ustedes, qué kitsch, qué revival, cómo pincho petardas) y rezumando maldad nos plantamos allí para insultarle por lo bajo. Nos hartamos a la segunda canción y salimos para ver a Lo-Fidelity Allstars sentados en uno de los laterales. No terminó de convencernos así que fuimos a por más cerveza pero los del Rockdelux habían desgastado el grifo y había que cambiarlo. Juramos resarcirnos al día siguiente y nos fuimos a la cama.
Sábado
Desperté creyéndome el Capitán Nemo pero no, era Pepo que había inundado la suite surrealista tras intentar regular la temperatura de la ducha. Sorteando el exiguo mobiliario que oscilaba sobre la gruesa capa de agua alcancé el teléfono para antender la llamada de recepción que nos recordó que no teníamos alojamiento para el sábado y nos marchamos a ver la Sagrada Familia, hala sí, qué bonito, vamos a un bar. Repetimos comida en otro chino a ver si caía otra botella de licor de canela porque había que aguantar despiertos hasta las 10 de la mañana que salía el bus pero los orientales del día anterior se ve que habían transmitido un fax de advertencia a todas las sucursales y, precavidos ellos, se llevaron la botella tras servir un par de dedales. Decepcionados fuimos a dejar las mochilas en la consigna de la estación y hete aquí que al salir nos metemos a una gasolinera a comprar una cámara FujiKid y contemplamos con estupor cómo los frigoríficos conservaban botellitas de gin-tonic preparado. Pepo, gran aficionado a este combinado, se tragó cuatro unidades sentado en un banco de un parque adyacente (ver imagen) contemplando las evoluciones de una joven patinadora con un inusitado interés en decorar el asfalto con su dentadura. Con otras dos botellitas que con la etiqueta arrancada daba la impresión que bebía acuarius o alguna cosa azucarada, sana y juvenil volvimos al recinto del festival. Este segundo día se presentaba a priori más flojo pero nos deparó más de una sorpresa.
Sin pudor alguno nos hicimos con un par de cervezas y pusimos rumbo al VASP para ver a Fine! encontrando dos obstáculos:
- Un par de seguratas bloqueaban el minúsculo acceso al escenario diciendo que tardarían media hora en abrir. Esperamos pacientes y hete aquí que comienzan a bajar señores calvos y gordos y señoras peludas y gordas cubiertas de laca y cosméticos todos vestidos de boda. No, no era una performance de Astrud, era un bautizo cuyos organizadores habían tenido la gran idea de celebrar el convite en un marco incomparable, el escenario VASP. Nos hicimos una foto con un señor con la excusa de que ‘estamos haciendo un reportaje del festival’ y nos intentaba convencer de que él no era artista ni tenia nada que ver con el festival. No me diga.
- Un puesto de chapas que se reveló como una excelente, económica y adictiva solución al problema de los souvenirs para las amistades.
Tras perder la actuación y el presupuesto para comida en chapas pusimos rumbo al escenario grande para ver a Sidonie, no sin antes pasar por la barra de prensa, donde alguno de los redactores de Rockdelux que se había hecho fuerte a un lado de la misma comenzaba a dar evidentes muestras de embriaguez.
Sidonie tienen fama de hacer conciertos ‘extremadamente divertidos’ pero tampoco acabo de verle por donde. Sí, había un maniquí con una careta de mono, boas de plumas enrolladas a los micros y un par de peluches, y se hacían monerías y saludaban a sus amigos entre el público y se disfrazaron de médicos y se dieron un pico. Si eso es divertido debe ser que yo tengo un humor muy sombrío. En cuanto al aspecto musical mejor, el disco está bastante bien y en directo no desmerecen demasiado, tocaron mayormente canciones de Sidonie y alguna antigua. Gustaron a los incondicionales (que sospecho son los que venden la teoría de la extremada diversión) y a los demás nos dejaron satisfechos que en el fondo es lo que vale. Nos pasamos por la barra de prensa a por más cerveza (¿he dicho ya que era gratis?)
Luego intentamos ver un poco de Balago (que aún estaban tocando por el retraso) y huimos despavoridos tras ver a buena parte del público sentado en el suelo. Joder, La Buena Vida aún justifica que uno se balancee y tal pero es que Balago no pinta nada en un festival. Me encanta su disco y todo lo que quieras, pero sentarnos sería dar demasiadas facilidades a Pepo para entregarse a la sms-seducción y a mí esas cosas me dan urticaria. Nos vimos obligados a cambiar de localización, no sin antes recoger otra cerveza.
Pasamos por el Rockdelux, escenario de las gratas sorpresas. Clem Snide estuvieron magníficos. e inmediatamente después The Delgados. Fueron dos de los mejores conciertos del festival, culminados ambos con dos de las mayores ovaciones del fin de semana. Público y artistas encantados entre sí y Pepo con una llaga en el dedo índice de tirar fotos a la flautista de Delgados. El cansancio digital se repuso, lógicamente, con otra cerveza fresquita.
De nuevo problemas para llegar al VASP, esta vez para ver a Chucho. Pero problemas serios. Resulta que no se podía subir al escenario por el pequeño acceso porque se iba la gente de anteriores actuaciones y se podía montar un atasco de cojones. Vale. Pero bajaba gente. Y más, y más y más. Más gente de la que cabía en el escenario, miles de personas en una interminable fila, riadas de gente. Cuando por fin nos tocó subir nos encontramos con el escenario prácticamente lleno y toda nuestra fe en los sistemas filosóficos y científicos se desmoronó. ¿De dónde cojones salieron los cientos de personas que bajaron inninterrumpidamente durante un cuarto de hora? Da igual, con otra cerveza en la mano.
Chucho estuvo bastante bien aunque sufrió las consecuencias del retraso. Un concierto más que corto comprimido. No su concierto que más me ha gustado pero decir esto de Alfaro y Cía. viene a ser como echar en falta la matrícula de honor. Llenó el recinto con un público fiel (con razón) que disfrutó, disfrutamos, el poco rato que se pudo. Y después otra cerveza para seguir gozando.
Echo and the Bunnymen congregaron al público más veterano del festival, con su entrada de un día, sus riñoneras, sus camisetas y novias de cuando eran jóvenes, ya saben ustedes. A mí me gustaron bastante, tiraron de hits, lo cual ayudó a los temas de Flowers, que tampoco me ha apasionado pero desde luego merece unas cuantas escuchas (con su refrescante cervecita, claro)
Por curiosidad nos quedamos un rato ver a Luke Slater, lo suficiente para provocar reflexiones metafisicas de Pepo sobre la localización, grosor y existencia de la línea que separa la electrónica del bakalao. A mí me desbordan estas cosas de modo que nos dirigimos con presteza a vivir una experiencia 100% electrónica con DJ DeMierda. A las tres de la mañana pueden imaginarse ustedes que nos daba igual chicha que limoná, por lo que compartimos dance flor con una pandilla de pastilleros de ésos que salen en Investigación TV, con el catálogo químico desplegado sobre la mano de uno para facilitar la elección de sus amiguetes. Y nosostros sin cerveza porque habían cerrado la maravillosa barra de prensa.
Aguantamos hasta las ocho de la mañana trotando los chundachunda DeMierda como única alternativa a morirnos de asco en la calle. Con bastante alivio abrieron el metro y salimos espantados a la estación de autobuses a dormir en un parque hasta la hora de salida del bus, nos despertamos minutos antes de la salida y hala, aquí estamos de nuevo.
El FIB está en primera división europea pero gracias a Dios están surgiendo propuestas con un nivel muy importante, aún sin hacer competencia al indiscutible rey de los festivales españoles pero avisando que hay buena cantera. Nos alegramos.
Nota. Gracias organización de Primavera Sound por vuestra generosidad. Ante el exquisito trato que dispensáis a los esforzados periodistas que desarrollan su dura labor en vuestro festival os animamos a que nos informéis cómo podemos haceros la pelota para que el año que viene nos volváis a acreditar. Muchas gracias.

Gran Torneo 2008
Boquerones en Vinagre
Uh Huh Her + The Fashion, Nueva York 29-10-2008 
