Primavera Sound 2005 (Sábado)
Sábado
El panorama pintaba mucho más tranquilo para el segundo día de festival. No tuve fuerzas para acudir a Josh Rouse más que nada porque cancelado Television Personalities a ver qué coño hacías hasta las once de la noche que empezaba el siguiente concierto decente (si tras leer esto usted se asombra porque Tortoise tocaban a las ocho por favor, abandone esta web). Llegué a tiempo para ver medio concierto de Françoiz Breuz, un trepidante recital que atrapó al público con los garfios de titanio de su candor francófilo. Esto iba a quedar un chascarrillo muy gracioso poniendo en el lateral una foto que tomé de gente huyendo del escenario pero se me ha jodido el ordenador y no tengo copia de la foto. Una pena. Cubierta mi cuota de gabachos para el resto del año, deseché a Experience y enfilé hacia los Dirtbombs, que me parecieron bastante bien, muy contundentes y tal, pero el caso es que no me acuerdo de mucho. A The Wedding Present no tengo nada que objetarles salvo que estuvieron cerca de apasionarme, sin conseguirlo. Desgraciadamente lo que yo esperaba era un concierto apasionante y salí algo frustrado. Las canciones me gustan, las tocan perfectamente y no conseguí encontrar el menor fallo, pese a todo le faltaba algo, no se decir muy bien qué.
Vi en algún momento del párrafo anterior a Christina Rosenvinge, que conoce personalmente a Lee Ranaldo, el de Sonic Youth. Pues no van a adivinar con quién la vi: con Lee Ranaldo, el de Sonic Youth. Al final iba a ser verdad oye. A Sonic Youth no los vi porque aparte de un coñazo monumental, o precisamente por eso, son uno de los mitos más sobrevalorados de la historia de la música indie. El astuto personal de esta publicación está prevenido contra las trampas más sibilinas del esnobismo internacional de modo que en lugar de Sonic Yuz me lancé de cabeza a las del esnobismo nacional. Y piqué pero bien, porque pese a venir rodeados de la más escogida selección de modernosdemierda, una compañía francamente molesta, bien vale la pena hacer el esfuerzo con conciertos como los suyos. Astrud volvieron a ser uno de mis conciertos preferidos del festival repasando las mejores canciones de Performance y varios hitos de sus anteriores discos. Frágil como una muñeca de porcelana Genís tecleaba desde lo alto de un vertiginoso par de tacones y Manolo rasgaba con especial emotividad las cuerdas de su guitarra hasta que un vil espectador osó dirigir un simpático globo publicitario a la mano derecha del cantante. La naturaleza explícitamente sexual del proyectil promocional pudo ser determinante para hinchar la yugular del cantante hasta convertirla un vulgar chorizo de pamplona. Herido en lo más profundo de su dignidad artística, estuvo literalmente a punto de partir con un guitarrazo los morros del responsable. Los ánimos se serenaron y la cosa no llegó a más. Tampoco era para ponerse así Manolo pero valga la ocasión para recomendar a los organizadores que se metan este tipo de campañas donde les quepan, con o sin globos. Porque hombre, que te den un folletito a la entrada pues vale, que te regalen un vale por un Smirnoff Ice, fantástico, que te jodan el concierto por el que has pagado con una lluvia de globos gigantes pues no hace tanta gracia.
Por alguna razón que no alcanzo a comprender no recuerdo ver a They Might Be Giants en la hora que quedaba hasta Polysics, debió ser la que pasé intentando que un retardado mental me diera la cena, tarea ardua pues aunque el personal de estos tenderetes ya es cuidadosamente escogido entre los más inútiles y cafres de las más desoladoras pedanías nacionales, éste no sólo era de los más brilantes de la promoción sino que había sufrido los efectos del vapor tóxico de las fritangas y los sesos, derretidos, le goteaban por las orejas en un líquido que algunos hubieran confundido con cerúmen. Más allá de los niveles de subnormalidad, ineptitud y parálisis mental de los camareros me fascina el genio logístico de los responsables de la puta mierda de tenderetes que tenemos que soportar a cada festival. Esta gente tiene una obsesión admirable por mantener un estricto seguimiento sobre la comida que sirven y se niegan a hacer un solo bocadillo de lomo con queso más de los que se hayan pedido en la barra. Ni uno. Temen, con toda razón, que la horda de jóvenes que se agolpa alrededor del puesto no quiera más bocadillos de lomo queso sino dar las buenas noches al camarero, o pedir una servilleta. Nunca se sabe qué esperar de esos drogadictos. Imagínense que hacen bocadillos de lomo queso a discreción y al final de la noche tienen tirar diez, con lo ajustados que van los precios diez bocadillos en la basura pueden ser una auténtica catástrofe para el negocio, la ruina de una familia. Cobrando cuatro euros por dos trozos de pan con un cacho de carne y una loncha de queso el negocio hace equilibrios sobre un margen de beneficios que es como un cable de funambulista. Se comprende que cuando a las once de la noche quedan dos panecillos de hamburguesa todo sea cautela antes de pedir otra bolsa. Sí, pueden escucharse cientos de gritos pidiendo hamburguesas, pero la volatilidad de este tipo de mercados no permite tomarse confianzas, en cualquier momento los veinte mil asistentes del festival podrían decidir trasladarse al final de los dos kilómetros de cola de los falafels, o peor, no cenar. ¿Qué harían entonces con una bolsa de panecillos abierta, perdida, desperdiciada? ¿Qué daría de comer a esa familia con una pérdida semejante? Sepa usted que si también ha pensado “pues que se coman los panecillos” está frivolizando con un problema muy serio.
Tras una deliciosa aunque no por ello menos nutritiva cena, seguí con el festival. Tenía curiosidad por Polysics y The Go! Team. En disco me gustan mucho más los últimos pero tuve la extraña sensación durante toda la tarde de que en directo se iban a invertir las tornas. Y así fue, los nipones Polysics: dos de los ochenta y ocho maníacos de O Ren Ishii pluriempleados como bajista y cantante/guitarrista (epiléptico, para más señas) acompañados por una teclista catatónica y un batería invisible, se enfundaron en cuatro monos naranjas y se calaron unas gafas de star trek para llevarse por delante el escenario con un disco que en el cálido hogar cansa a las cuatro canciones pero allí sonaba tan estimulante como los cuatro barriles de anfetaminas que se habían ventilado para cenar. El follón fue en aumento hasta que un simpático arrojó al escenario un delfín hinchable de PVC, que fue cabalgado, violado, y finalmente reventado por el cantante para regocijo general. Irresistibles.
Rocé con espanto y horror la chapuza que Gang of Four perpetraban en el escenario grande pensando en lo difícil que lo iban a tener The Go Team! para superar el desquiciado espectáculo de Polysics, pero la confianza puesta en el magnífico Thunder, lightning, strike que desgraciadamente no supieron aprovechar consolidándose como la gran decepción del festival. Los londinenses se presentaron en Barcelona sin el abrigo del productor que definitivamente es el único responsable de su debut y sonaron fatal, perdidos en un guirigay de instrumentos que eran incapaces de conjuntar ni dos segundos. Canciones irreconocibles y pegada inexistente. Aburridísimos. Y de ahí al catre, pasando de camino a la salida por el esquizofrénico final de unos individuos que quizá fueran Les Georges Leningrad montando un follón entre disfraces y berridos. Se largaron y no tuve oportunidad de pedirles el teléfono.
En resumen, el cartel bien, aunque el sábado podría mejorarse con un par de ideas que estarmos encantados de proporcionar a la organización si nos da una llamadita. Se materializaron mis esperanzas y exceptuando a The Go! Team no me llevé ninguna decepción reseñable. En el terreno gastronómico una basura, para variar, precios escandalosos (¿una copa seis euros?) y calidad más que dudosa pero en fin, nadie espera encontrar un festival en la guía Michelín. El recinto casi perfecto, si mejoramos el sonido en algunos escenarios no quedan objeciones, grande, sin aglomeraciones, autobuses gratis al centro y vistas al mar. De faltarle algo es gente para llenarlo. Nos vemos el año que viene.

The Velvet Underground
Russian Red
Iggy Pop
Ya en su distribuidor
Crónica de una profanación (o The Hidden Cameras, Londres 23-08-2008) 