Primavera Sound 2008

Público - Primavera Sound 2008Fieles a nuestra línea editorial buscamos problemas incluso entre los arbustos, sólo hubo tres. Primero, el Auditori. La aversión natural al siestódromo clandestino con fachada de intimismo melómano se cura con no ir, de pero a veces hay que hacerlo y entonces el invento de las entradas hace aguas. La excusa, regular el acceso, es justa. No lo es cobrar dos veces por un concierto, menos si pagar no evita las colas y roza el fraude si cuando logras entrar lo más probable es que la actuación ya haya empezado. Dispensad los pases prioritarios con Turn-o-matics, si funciona para domar marujas tiene que servir para esto. A propósito, ¿es obligatorio llevar partituras y atriles para tocar en el Auditori? Segundo, el servicio de transporte es una infraestructura básica de cualquier festival. Cobrar dos euros por los autobuses, aunque funcionen tan bien como lo hicieron, no es de recibo. Tercero, tampoco lo es cobrar una cerveza, esa cerveza, a cuatro euros. Casi no compensó servir copas con una proporción de vodka capaz de tumbar a un presidiario soviético al modesto precio (para festival) de seis euros, negociables por distintos medios sobre los cuales una rápida encuesta efectuada a pie de barra arrojó, por orden de popularidad, los siguientes:

  1. No comprarlo. En su lugar, refresco, y el alcohol traerlo de casa en botellitas de agua camufladas entre el jersey, en el pantalón, en bocadillo. Tradicional e infalible.
  2. Localizar al camarero que no cuenta los tickets y dar menos. Si los cuentan, dar media vuelta y alejarse mientras parpadea. Nuestro sondeo reveló que el procedimiento habitual era empezar dando cinco y, a medida que disminuían tickets y dinero y aumentaba la audacia por efecto del alcohol, reducir a cuatro, tres. Llegamos a ver a un tipo entregar dos, el camarero lo atrapó por la muñeca y forcejearon hasta que el malhechor logró zafarse y buscar refugio entre el gentío y la oscuridad.
  3. Claro que a otro le pillaron, y al “qué cara tienes” respondió que “bueno mujer, podía ser peor, podía pedirte otra copa” y se la dieron.
  4. Nos hablaron de “El pai-pai”, a saber, recortar un ticket en seis pedazos, juntarlos en abanico, y pegarles por detrás un taquito rectangular de recortes de periódico para hacer bulto. Después, correr.
  5. Recurrir al floreciente mercado negro de tickets que como somos más inocentes que el asa de un cubo nos pasó por completo inadvertido.

MGMT - Primavera Sound 2008Pregunta, ¿cuánto tiempo lleva entregar un DNI, buscar el número en un ordenador y poner una pulsera a un acreditado subnormal? En efecto, la eternidad. A la individua que teníamos delante, por ejemplo, le habían concedido acreditación con photopass y se había traído a una amiga con la cámara. “Ah ¿que no son dos?”, allí reposaron su estupefacción durante diez minutos haciendo puff frente a la ventanilla. “Pues qué mala organización”. Debían ser muchos los de su especie a juzgar por la casi hora que nos llevó superar la pequeña cola de la cabina de prensa dando al traste, una vez más, con nuestros elaborados cálculos para hollar el recinto en horas decentes. Visto en perspectiva fue, quizá, mejor, dado el desatino con que la siempre previsora becaria, quien había tenido el buen juicio de canjear su salvoconducto por la mañana, quiso librarse de la espera haciendo una ronda expedicionaria por el interior del recinto sólo para dar con sus huesos en la patochada vergonzante de La Estrella de David, el proyecto personal de David Beef en que viene a contarnos con doce canciones que no tiene nada que decir. La encontré aún con las secuelas (vómitos, agresividad, ictericia) en MGMT, donde llegué con Time to pretend ya empezada a tiempo de ver cómo la tibia esperanza de disfrutar una horita de diversión banal desaparecía entre una idiotez torpe, errática y sin ritmo hecha a base de holgazanería y payasadas, destacando entre éstas el patético intento de protagonizar la polémica del festival con una pancarta que se sacaron del culo o les tiraron del público donde se leía “who deserves bad karma?” y al reverso “Vampire Weekend”. Andrew Van Wyngarden (!) puso más ganas en desplegarla que cantar, terminó enredándola con su bata de Homer obeso, a cinco minutos del final dejaron los instrumentos a un lado (no se notó mucho), CommonPeopleMusic.com #1 - Primavera Sound 2008alguien apretó el botón del CD a la altura de Kids, sacaron a un sobrinito sobreexcitado del backstage, brincaron por el escenario, se fueron con el objetivo cumplido: hit y vacaciones pagadas por Europa para toda la familia. Por lo demás, si no fue el peor concierto del festival sí la mayor tomadura de pelo. Menos mal que no volverá a saberse nada de ellos.

Pusimos pies en polvorosa porque a continuación el Rockdelux amenazaba indietrónica orgánica con The Notwist (error, según supimos luego hubo guitarras y afinidad con su primera etapa). En el CD-Drome estaban Tarántula y admiradores haciéndose unos a otros esa irreverencia desternillante y provocadora allá por la prehistoria almodovariana de gritar “guarra” y contestar “calla, borracha, que ya vas borracha” con voz de travesti macarra. Pensamos: ¿ahora? Respondimos: sí. Era el momento óptimo para sacar a la luz el Gran Acontecimiento del Primavera Sound 2008, el glorioso primer número de la encarnación impresa de CommonPeopleMusic.com, palpitante en una discreta bolsita del Día dentro de nuestras mochilas. Eric's Trip - Primavera Sound 2008Cada día allanamos tenderetes deshabitados, sembramos barras y merenderos con los tres números de este pasquín histórico. ¿No encontró ninguno? Llore, pero no sienta culpa. Fue sacar las primeras copias y ser acribillados por las miradas voraces del público cercano que se lanzaba como hienas sobre cada montoncito apenas nos alejábamos. Eric’s Trip lo celebraron haciendo restallar sus melenas en el aire con chispazos eléctricos. El bajo de Julie Doiron crujía como si las cuerdas estuvieran hechas de piedra y sus compañeros, sumisos, arrinconados en los extremos, se doblaban con espasmos sobre sus guitarras. Existía el acuerdo tácito de resignarnos a ver conciertos fragmentados salvo cuando marcharse hubiera puesto demasiado peso sobre la conciencia y fue difícil abandonarles para recorrer la distancia hasta el escenario Vice. A fin de evitar los solapamientos sonoros del año pasado este escenario fue ubicado en la esquina noreste del recinto, detrás de las placas solares, al pie de unas vertiginosas escaleras, junto al mar, y fue allí donde terminaron British Sea Power, los pobres, con ese disco pensado para coliseos. Hicieron caso omiso de resto de su discografía para defender Do you like rock music? con la excusa de que si suena aparatoso y grandilocuente es porque su propósito original nunca fue sonar en la cadena de música sino actuar como uno más de los efectismos del directo, las luces, las ansias de diversión, el atardecer, la catarsis colectiva (colarse, de paso, en la lista de la compra de los festivales veraniegos). British Sea Power - Primavera Sound 2008Salió bien, con una canción habían conquistado al público, la gente saltaba, cantaba, en el costado derecho un elemento exaltado parecía tener el esqueleto hecho de muelles. Todo exageraciones, debemos considerar que se trata de personas a quienes gusta ese coñazo de disco, concedemos no obstante que sonaba mucho mejor que en lata.

Incluso después de conciertos estimulantes como éste la escalada de vuelta al área principal por las escaleras era penosa para el numeroso público pensionista del Primavera Sound y esa juventud actual hecha con rodillas de chapa y músculos de arena. Tanto que disuadió a muchos de hacer acto de presencia en más conciertos del Vice. Nuestra delegación sin embargo bajaba y subía con un trote jovial y despreocupado, alentados, podría ser, por la oferta promocional de unos chupitos de repulsivo si bien alcohólico jarabe herbal disponible sólo en la barra del escenario en cuestión. Corrimos pues de regreso al CD-Drome en busca de Shipping News, agradecidos de tocar en el Primavera Sound hasta hartarnos de tanto repetirlo. Shipping News - Primavera Sound 2008Sorprendió que un carácter tan afable moviera los engranajes de una máquina hostil que puede sonar a sospecha, amenazas sutiles, invisibles. Hubo momentos correosos, al fin y al cabo es post-rock, pero inspiraban la emoción que tanto obsesiona a British Sea Power con mucha más naturalidad.

Con los años usted puede haber adquirido la percepción de que el ji-jó era un estilo proscrito. Ignora, en tal caso, que en su propio entorno hay un hermano, un amigo, un panadero, que alberga inquietudes secretas, pasiones soterradas por la tiranía homogeneizante del populacho que pasan desapercibidas hasta la aparición de benefactores como el Primavera Sound, que les acogen y les liberan. En efecto, al cabo de tantas dećadas de silencio, miles de fans de Public Enemy salieron del armario para reunirse en torno a los poetas del ghetto, demostrarles una lealtad templada en el fuego de la represión, cantar esas canciones, decir yo! y uh! y da poulis!, y hacer así con los brazos, y dejar fluir por sus bocazas el magma de la calle. Conmovidos, los raperos eminentes permanecieron rascándose los escrotos en el camerino durante veinte minutos delegados a The Bomb Squad para que hicieran el tonto a los platos. Cuando salieron Public Enemy hicieron yo! uh! y da poulis!, y también así con los brazos, y se marcharon a casa con el botín. Desde las placas solares veíamos un goteo de prófugos vaciando el Rockdelux. Para ellos la emoción era, imaginamos, intolerable.

Portishead - Primavera Sound 2008

Algo más tarde, en ese mismo escenario, la becaria sorbía su destornillador intentando reconciliar el recuerdo de los conciertos de Portishead en la cumbre de su fama, que sin ser minoritarios eran al menos civilizados, con el tumulto de adolescentes que nos rodeaba moliéndose la garganta en berridos de BETH TE QUIEROOOOOOOOOO, regurgitados de la misma substancia que nace el estruendo de las galas de Operación Triunfo. Esto tiene explicación si comprendemos que la moda del “indie”, los “gustos-para-minorías”, las inquietudes culturales, el esnobismo, ha pasado por el ciclo de vida de todas las modas y está ya en la fase de asimilación universal. Había que ser fan de Portishead, el más fan, por cualquier medio, y que te vieran. Hasta la próxima tendencia. A veces se producen paradojas, ¿invita la música de Portishead al tarareo, el grito, el silbido perruno, la avalancha, la invasión de escenario que ocurriría en su actuación del viernes en el Auditori? No, pero esos disparates tienen lógica: sea cual sea la moda, las masas la adoptan con vulgaridad. Aburrieron como sólo saben aburrir los popes del sonido Bristol, así renieguen de la etiqueta. Por mi parte, suelo guardar en la memoria elementos aislados de cada grupo. De ellos conservo sólo dos: la voz surreal de Beth Gibbons, el pulso monótono de un bajo. No sé a qué me molesto, en realidad todo lo que me importa de ellos lo condensaron Pulp en This is hardcore. Como detalles anecdóticos en nombre del rigor profesional, un De La Soul intervino en nosequé canción. Histórico, sí.

Vampire Weekend - Primavera Sound 2008Distraídos rumiando maldiciones contra las dos urracas de detrás olvidamos dar una oportunidad a Boris, que ganas escasas, pero curiosidad alguna, y a Explosions in the Sky porque nos perdimos y acabamos sin saber muy bien cómo viendo a Voxtrot, al principio fueron un poco bochorno y grotesquidad porque el líder cantaba ese disco pasteloso ceñido en unos pantalones rojos con la camiseta por dentro y cuando lanzaba los brazos al aire como una marioneta borracha despedía chorritos de aceite por el costado, pero tocaba con ímpetu dando a sus canciones un vigor que se echa en falta escuchando el disco. Tras ellos, ya con el escenario lleno, Vampire Weekend. Estaban en empate técnico con MGMT, sus respectivos debuts han sido magnificados por igual en el fervor mediático, pero hubo diferencia. Era cuestión de actitud, para Vampire Weekend no se trataba de cumplir el contrato de cualquier manera sino dar substancia al hype y ganar reputación y aficionados. Pecaron de llevar todo demasiado ensayado, sonaba idéntico al disco, pero quién podía resistirse agarrado a semejante nimiedad cuando ni gritándonos que oye atento que estás bailando UB-40 había forma de parar aquel desmadre. Era un final promisorio que estimuló nuestro celo profesional, pese a tener la unidad móvil con su corona de antenas y receptores aparcada en la misma puerta elegimos comprobar de primera mano el estado del servicio de transporte al centro de Barcelona en la hora de mayor afluencia. Y nos llevamos una sorpresa, por primera vez estuvo ausente la plasta humana que acecha al borde del asfalto para abalanzarse sobre los vehículos a motor y escurrirse en el interior por cualquier rendija en favor de una cola grande, fluida y cívica de aficionados esperando el autobús. Quién iba a decir las maravillas que se consiguen poniendo a dos seguratas y un operario, tomen nota, festivales. Pero lo dicho, no lo cobren.

Trayecto, noche, el timbre implacable del deber, colacao, regreso.

Russian Red - Primavera Sound 2008Miren qué cara. Resulta que Lourditas – Russian Red estaba de morros porque le ahogaban sus delicados graznidos. El grupo del escenario de enfrente, el espectador que dejó caer un vaso al suelo, la tos de los seguratas. Todos, en su contra, insensibles, brutos. Tengo un contencioso grave con ella: insisto en decir que es un inventario completo de estereotipos pero siempre encuentra otro. ¿Cómo pude olvidarme del instrumento infantil de colores primarios? Bien, pues ahí estaba, y no cualquiera: un xilófono amarillo. El concierto fue ñoño, limitado (qué remedio) a canciones de su reciente debut, muy aplaudido por un puñado de pusilánimes de cabeza torcida y letras memorizadas y el club de fans (4) colgado por los sobacos de la valla en continua secreción salivar y jaleo indiscriminado a cualquier gesto, cualquier palabra, con la voz “guapa”. Debe ser halagador para una artista. Canto, toco, me llaman guapa. Todos muy contentos porque ya tienen el sucedáneo nacional de Joanna Newsom. Nuestra alegría fue poder revitalizarnos con un carajillo y un cucurucho de churros.

It's Not Not - Primavera Sound 2008En el trayecto hacia el Vice Grande-Marlaska empezaban su concierto para nadie, y vimos a varios seguratas pasar por las gradas agarrando a gente del cuello para empotrarlos contra las vallas. Diez, en total. Nosotros íbamos en busca de It’s Not Not, cuyo concierto fue, a falta de otro adjetivo, inteligente. Lo digo porque con la tontería de pasar saltar el foso y pasar más tiempo entre el público que sobre el escenario, su cantante logró que nadie se fijase en la música, que es de una mediocridad supina, y el público lo pasase bomba. Aunque pasivo. La gente le rodeaba como el agua a una gota de aceite y cuando se metía entre ellos para zurcirles con el cable del micrófono reaccionaban con retraso, mirando al vacío como buscando el rastro espectral del paso de un ánima. En realidad lo único que excitó la incursión fue el fervor audiovisual del público, armado cada vez con más cachivaches y un ansia creciente de inmortalizarlo todo y no recordar nada. La popularidad de los conciertos puede medirse cada vez mejor en la cantidad de rectángulos luminosos que flotan entre la audiencia.

The Mary Onettes - Primavera Sound 2008Esprintamos al Estrella Damm para ver si The Cribs hacían algo que no fuera el ridículo. Ilusos. Salieron con empuje Libertines a gritar canciones huecas, el cantante iba peinado de Dos Tontos Muy Tontos con un pantalón pirata y camiseta de niña. La fuga fue sencilla entre un público disperso compuesto casi en exclusiva por nacionales británicos, distinguibles por su narices de borrachín, cuerpos amorfos y completa cerrazón a todo grupo extranjero. Por este motivo, en parte, los suecos The Mary-Onettes tocaron apenas para medio escenario Vice y las tripulaciones de los veleros que entraban a puerto. Era uno de los conciertos más esperados entre nuestra delegación gracias a un debut, del año pasado, donde las influencias de la new wave de los ochenta suenan justo antes del punto en que sería redundante escucharles. En el segundo número de nuestra edición impresa especulábamos por qué engancha con tanta facilidad como se agota y creíamos encontrar la causa en que parece como si no tuvieran fe en su capacidad para alcanzar a sus ídolos y se hubieran conformado con un homenaje modesto, hecho con respeto y admiración, hábil, pero demasiado formal, tímido y desapasionado. Tener un disco capaz de emocionar con un estilo tan explotado en los últimos veinte años es prueba suficiente de que su único fallo es no darse mayor crédito a sí mismos. Tuvieron otra logrando que el concierto sonase igual de trepidante a pesar de que los teclados ni se oían y los graves magnificados hacían sonar el bombo como el martillo de Thor. Las nuevas que tocaron no sugerían ningún cambio, y nos dejaron una desazón cáustica revelando que han plagiado una batería a Kate Bush.

The Sonics - Primavera Sound 2008Ver a No Age fue como atravesar husos horarios, una hora extraviada. Consulto a la becaria, pregunta si eran los de la teclista y sé que no porque esos eran Bishop Allen, programados a la misma hora en el Rockdelux, con la figura ornamental de la teclista inútil como evidencia de su ineptitud. Pero ¿en qué meandro de la memoria os escondéis No Age? ¿Son ciertas todas esas maldades que cuentan de vosotros en la competencia incompetente? En tal caso nos acordaríamos, nada estimula nuestra memoria como la infamia. Recuperamos la consciencia en el Estrella Damm y al contrario del público que lo abarrotaba yo ponía muy poca fe en el concierto de The Sonics. No sólo porque su regreso sea un medio para engordar el plan de pensiones, sino porque la revolución de la que sentó las bases su música estaba fundada en enfrentarse a lo que son hoy: viejos. Fue un concierto aberrante, contra natura, porque cinco señores de sesenta años pudieron, supieron, quisieron demostrar más energía que la mayoría de grupos contemporáneos en esta edición. Para MGMT, The Cribs, tantos otros, fue humillante. The Sonics hubieran podido tocar dormidos, eso era indiscutible, sus movimientos eran lentos, habituales, sin sorpresas, alguna aislada les salió mecánica, pero el resto, amigos, el resto. Revalidaban una manera de hacer rock perdida desde hace mucho tiempo en quimeras de originalidad e innovación y podíamos intuir un ápice de cómo tocaban a los diecisiete años. Eso bastaba para llenarnos de entusiasmo. A ellos, la visión del público saltando desde el escenario hasta donde alcanzaba la vista parecía devolverles un vestigio de aquel tiempo, la cara de Larry Parypa brillaba en esos instantes. Nos impresionó oírles gritar como recién salidos del instituto y al principio creímos que quien se escondía detrás del órgano era un apache histérico encerrado en un disfraz de látex con las facciones de Gerry Roslie. Los aplausos que iban a llevarse sólo por la deuda histórica fueron al final por un motivo mejor, era el mayor triunfo en lo que llevábamos de festival. Autolux - Primavera Sound 2008Lo reflejaban las caras de felicidad del público, includos Dave Tattersal y Franic Rozycki, dos tercios de The Wave Pictures, con quienes minutos antes del concierto vivimos el momento vergonzante de girar las cabezas por instinto y encontrarnos cara a cara nosotros con el mejor grupo de Rock de la galaxia, ellos con los únicos entre cuarenta mil personas que les reivindicaron vistiendo la camiseta amarilla y la chapa equina de su grupo. Al menos nos resarcieron durante The Sonics con su propio ridículo, bailaban al bote tímido y daban palmadas sincronizadas al balanceo de cabeza, como una anciana venerable en el cumpleaños feliz del nieto.

Gritando exigimos a Autolux que terminasen de una vez la continuación de Future Perfect, sin éxito. Publicado en 2004 fue una de las primeras invitaciones serias para retomar las disciplinas noise de los noventa. La aceptaron menos bandas de lo que nos hubiera gustado y ninguna llegó a igualarles, quizá Serena Maneesh. A Autolux les gusta mimar el ruido con calma, saborear las esperas hasta que se apaga la vibración de los cimbales, el rumor de las distorsiones, a veces parece que lo que quieren escuchar es el silencio y sólo agitan la electricidad dentro de los cables para verla asentarse. Florituras difíciles en directo de las que salieron airosos, invocaban olas de ruido y las aplastaban sin inmutarse, magníficos. A Sebadoh les adjudicamos ese concierto de cada Primavera Sound que se ve desde lo alto de las gradas del escenario Rockdelux. No le gustaron a nadie más que a mí. La explicación fácil sería que no disfruto tanto ningún disco como me gustó ese concierto dominado por su vena más ruidosa, casi como un calentamiento del de Dinosaur Jr, Devo - Primavera Sound 2008 pero hay otra más probable: tengo mejor gusto. Y además humilde, sí, porque admito, ya, de una vez, que Devo tienen otro aficionado para siempre. (Supe mi juicio era correcto cuando vimos entre bambalinas la gorra y la melena cenicienta de J Mascis). Los defectos de Devo fueron por la edad, inevitables, disculpables. Había un matiz mecánico, no me refiero a las coreografías sino que sus gestos, la forma de moverse por el escenario a veces parecía dirigida por raíles, producto de la repetición. Lo que también notábamos en The Sonics. Y por eso la vergüenza, porque de nuevo unos viejos tocaron tan bien que hacían trivial uno de los peores defectos de cualquier actuación: el hábito. Salieron con los gorritos de torres de Hanoi y monos amarillos que Mark Mothersbaugh les arrancó a jirones hasta dejarlos en bermudas, tiraron los gorros y no cogimos ninguno pero al final todos eramos uno respondiendo que sí, desde luego, we are Devo!, entusiasmados por un concierto magnífico de esos que te disponen a divertirte toda la noche como si fuera la última de tu vida. Corrimos salpicando gin tonic al escenario Vice donde estaban A Place to Bury Strangers pulverizando tímpanos a un volumen desconocido en todo el festival. Sus canciones ya no sonaban tanto a Jesus & Mary Chain porque no sonaban a nada, no tenías con qué oirlas. Al regreso comprobamos que la desfachatez de Cat Power era más fuerte que la sordera. Qué vergüenza. Hace un disco y es de versiones. Viene a un concierto y trae una banda extraordinaria que salve los muebles mientras ella lo pasa bufando por el escenario, sin voz, sacudiéndose con aspavientos de lunático. Hizo una cosa por sí misma: exterminar las pocas virutas de dignidad que le quedaban intactas ofreciendo una versión espantosa de Satisfaction que daba lástima comparar con la impecable reinvención tocada por Devo en el escenario contiguo apenas una hora antes.

The Go! Team - Primavera Sound 2008

Sucumbimos otra de mil veces al apetito insaciable de los perritos celestiales del Primavera Sound antes de hacer la maniobra de la tijera en el Estrella Damm para cumplir el compromiso de las fotos con The Go! Team, perdida la fe en el funesto concierto de 2005. En esencia hacen lo mismo que entonces, saltar, gritar, intercambiar instrumentos, divertirse sin cuidado de que salga algo nítido del lío, con fe ciega en que su entusiasmo sea contagioso y demostrando que hasta para eso importa el rodaje porque esta vez sí lo tenían. Estuvo bien, divertido y sólo les faltó material para una hora tremenda por culpa de la birria de su segundo disco. Om - Primavera Sound 2008Bandazo estilístico con Om, son el anti-cool, un batería marginal y un muchacho fondón, melenudo, tímido, que lanza miradas de perfil con los ojos muy abiertos y toca el bajo dando palmadas lentas sobre las cuerdas susurrando un mantra inaudible, cautivaban. No me sorprende que hace semanas dieran un concierto de seis horas en Jerusalén y de allí no se moviera nadie, es que no hay escapatoria, son hipnóticos, la absenta a lo mejor. Retomamos el ambiente de parranda con El Guincho como maestro de ceremonias. Estaba en el centro del escenario Vice, flanqueado por dos pantallas grandes impregnadas con proyecciones y tenía una baqueta y golpeaba muy rápido a su aparatito. De ahí al botón de play, milímetros, cierto, no sé hasta qué punto nos había puesto el disco, hasta qué punto no tenía otro remedio que ponernos el disco, porque ese torbellino de sonidos no puede salir de un sólo hombre pero triunfaba el ambiente festivo de punta a punta del escenario, y más allá de las escaleras, y había hasta guiris viendo a un español, y perroflautismo ilustrado por doquier. Carente de mi escepticismo la becaria fue feliz. Nos quedamos sin opciones para la quermés de madrugada porque DJ Coco se había partido un brazo al caer de una moto pero el Primavera Sound ya es demasiado bueno para perder tiempo durmiendo y hay que darlo todo en las providenciales bicicletas públicas de la ciudad condal para llegar al Parc Joan Miró a tiempo de Darren Hayman & Jack Hayter - Primavera Sound 2008Darren Hayman y Jack Hayter, reforzados por la sección rítmica de The Wave Pictures, recordando canciones de Hefner. Fue extraño que los relegasen a tocar a la una y media de la tarde en una tarima entre palmeras pero el público respondió como debía y fuimos muchos, muchísimos, los que prensamos la grava del parque con nuestras nalgas. Sin caer en la demagogia fácil de los éxitos tocaron una selección de canciones cantada por la mayoría y aplaudida por todos. Pocas veces hemos visto a Darren tan contento, y fue de una alegría epidémica a pesar de la cual algunos reptaron a sus camas para una siesta mínima. Nosotros, infatigables, volvimos al Fórum y cambiamos los tickets de bebidas y compramos la camiseta de Awesome Color que era sin duda la mejor del festival, la peor la negra con una máscara roja de Boris, y la becaria sentenció que antes que Times New Viking prefería muerte o en su defecto hacer cola para comprar las entradas del Auditori. Corrí hacia el infra-fi, audible a gran distancia del escenario ATP en un comienzo prometedor que se torció cuando una cuerda saltó de la guitarra y la de repuesto se negó a decir esta boca es mía. Mary Weiss - Primavera Sound 2008Cambiar la cuerda rota costó cinco minutos que pillaron desprevenidos a batería y teclista y sólo supieron aguijonearnos con los alambres incandescentes de su improvisación infernal cargándose un concierto que hubiera podido ser grande. Sus discos lo son. Si vuelven, merecen otra oportunidad.

Oportunidades, todavía más, las dimos al producto patrio haciendo acto de presencia en Madee, cuyos discos no parecían malos, y nos lo pagaron con EMO, EMO, sí, sin redención, sin excusas, un ruido sensiblero, llorón. La decepción dejó un rato ocioso que invertimos sin fe en Mary Weiss porque apesta eso de llevar pegada al nombre la rémora célebre del “of the Shangri-La’s”. Y estábamos en lo cierto, ella fue todo lo que no fueron la mayoría de venerables en este festival: una abuela contando batallitas de juventud. Leader of the Pack cantado a dúo entre una señora mayor y un señor mayor tiene más de derrotismo senil que anécdota simpática. No dimos tiempo a que nos echasen del Auditori. En la caseta del MySpace vimos el calentamiento de Lightspeed Champion y nos complació en todo, no hizo pantomimas de excentricidad y se sobrepuso bien a los defectos comunes del lugar y el formato acústico entre tanto ruido externo tocando las mejores de Falling off the lavender bridge. Silver Jews - Primavera Sound 2008. Lástima tener que perdernos su actuación principal en el Vice. Alcanzamos a ver el principio de Okkervil River y sentimos remordimientos de tenerles encerrados en el calabozo de pelmazos insufribles del alt-folk, fuentes fiables nos cuentan no los hubiéramos tenido de haber permanecido un rato más, cosa que era impensable estando Silver Jews en la misma franja horaria. Gafas ahumadas, camisa púrpura, traje gris, barba de fin de semana y la resignación feliz de la derrota: David Berman parecía haber salido al atardecer de Las Vegas después de perder la vida en la mesa de dados. Un concierto magnífico que además vimos con la ilusión del descubrimiento porque no sabíamos nada de él hasta semanas antes del festival y las habíamos dedicado a devorar su discografía. Reconocimos canciones del fenomental American Water y del resto lo más optimista y luminoso. Manden al cuerno al próximo que oigan glorificar la brevedad de lo bueno.

Aquellos tickets del Auditori eran para ver a Young Marble Giants. Estaban distantes, cansados, muy fríos, pero su música aún era densa, penetrante y obligaba a poner todos los medios, pellizcos, salpicones, bofetadas, para vencer la modorra anacrónica de las ocho del efecto Auditori. Rufus Wainwright empezó dedicando un truño de la banda sonora de Brokeback Mountain a la memoria de Heath Ledger que le valió un ohh unánime (tras el cual muchos se volvieron a las amistades para preguntar: ¿quién?). Rufus es de esos artistas incapaces de limitarse a su arte que necesitan adoctrinar desde el escenario, aplaudir políticas sociales, blandir las minucias de su sexualidad por millonésima vez, hacer de cualquier cosa un valor a favor de su música por un motivo muy sencillo: no tiene otro. Deerhunter - Primavera Sound 2008Bajamos al Vice a por dos chupitos del brebaje impronunciable aprovechando que tocaban Stephen Malkmus & the Jicks, y a ver, cada vez que lo vemos en festivales, ya van varias, esperamos con la mejor voluntad que nos atrape con la misma fuerza que lo hicieron otros artistas míticos para nosotros novedosos, véase Silver Jews. Nunca lo hace. Estaba bien, agradable, una sensación complaciente no era lo que buscábamos. En la prueba de sonido de Morente Omega había un despliegue faraónico de palmeros, guitarristas, percusionistas, coristas y Lagartijas. Excesivo. Pretencioso. En el concierto, de nuevo, manadas de apasionados del flamenco desconocidos hasta anteayer. En fin, una hora incómoda, donde Deerhunter quedaban más como refugio que otra cosa. El cantante era una raspa de pescado en un mono de mecánico sideral y el concierto fue magnífico desde el primer momento, otro de los grandes, y fue así porque alguien les hizo llegar nuestra reciente renuncia a Cryptograms y comprendieron que lo mejor era dejar los ruiditos en el baúl y dar buen uso a las guitarras. En Deerhunter hay un grupo enorme y potente, enterrado bajo pretensiones de vanguardismo que salió a la superficie en aquel concierto.

Les Savy Fav - Primavera Sound 2008Uno ha perdido la capacidad de sorpresa con Dinosaur Jr., pero siempre hay algo, detalles, ver a la becaria, que la última vez que los vio pasó una semana maldiciendo la memoria de Lou Barlow por no tratar el bajo con las exquisiteces de su canon particular, confraternizar entusiasmada con guiris primerizos. Criaturas. Si puede reprocharse algo a Dinosaur Jr. fue no dar más atención a un disco reciente que es además bueno a rabiar. No tenían por qué recitar uno por uno los éxitos previstos por todos. Aún así volvemos a lo mismo, tienes que buscarles ese defecto porque no hay otro. Hay que ir, hay que ponerse cerca, dentro de la onda expansiva, es cuando te das cuenta que J Mascis tiene unas tenazas metidas dentro de tus entrañas, que debes agradecer que Lou Barlow pueda pagar todo lo que te detesta con cuatro cuerdas en lugar de tu cabeza. Finta a Tindersticks según vimos la orquesta, no tenía sentido echar el frenos en pleno acelerón con Les Savy Fav en el horizonte. Fueron el remake americano de It’s Not Not, aunque aquí la gente ya estaba sobre aviso. Awesome Color - Primavera Sound 2008Tim Harrington arrancó ramas de los márgenes ajardinados que conducen al escenario ATP y salió con ellas replantadas en los pantalones. Tardaron segundos en volar con ellos por los aires. Debajo vestía mallas de trazos fluorescentes, trepó a los altavoces y la becaria estaba ahí para ayudarle a tender un tablón con que salvar el foso, se zambulló entre el público, desapareció, su barba de espuma de cobre resurgió en esquinas opuestas y nadie se enteró de nada de lo que sonaba por mucho que digan lo contrario, y es bueno que fuera así, significa que la gente lo pasaba demasiado bien para memorizar cosas que no importan a nadie cuando hay sudor y desconcierto de ese que llegado un punto alimenta solo, casi no hizo falta ni música en la pausa hasta Awesome Color, que no desperdiciaron la ocasión y copiaron a The Stooges con toda su cara dura, con todo el ruido y la agresividad que hacía falta para tirarnos en la cama como un fardo de patatas.

Manos de Topo tuvieron alguna mención durante el desayuno pero lo cierto es que cancelados The Radio Dept. los conciertos del Parc Joan Miró no tenían ningún atractivo y nos metimos a ver Indiana Jones y la Calavera de Cristal. Las críticas nos habían hecho temer vejaciones inhumanas que luego no eran tan terribles, sólo queda patente el contraste entre dos formas de hacer cine de aventuras. Una, la de antes, donde primaba la habilidad y el ingenio en las escenas de acción, en los diálogos, en historias emocionantes que disfrutaban narradas despacio y con detalle, y la actual, donde todo vale mientras la pantalla rebose de fuegos artificiales y numeritos circenses.

The Wave Pictures - Primavera  Sound 2008 Despedida y cierre en el Apolo. Kelley Stoltz sirvieron como aperitivo, uno de tantos grupos de rock profesionalizados, expertos, insípidos. The Wave Pictures no iban a intimidarse por las dimensiones del escenario ni la importancia de la cita, pero dábamos por sentado que su repertorio abundaría en canciones de efectividad probada, no que se mantuvieran fieles a su costumbre de colar novedades y rarezas que ni nosotros habíamos escuchado en ninguno de sus discos, en ninguna de las veinte veces que los hemos visto en directo. Lo cual dice mucho bueno de ellos, iban con confianza y muchas ganas de impresionar al público y hacerlo con honestidad, tocando como siempre, sonando mejor que nunca. Sólo pudo calificarse de triunfal. Detrás teníamos británicos y varios españoles echando los pulmones por la boca desde el primer minuto, los solos despiadados de Dave Tattersall terminaban en ovaciones, a mitad del concierto estaban radiantes y estupefactos. Al final el público lanzó una ofensiva despiadada e inevitable contra el puesto de merchandising y arrasaron con los ejemplares de Instant Coffee Baby y todo lo que se puso a su alcance. Messer Chups - Primavera Sound 2008Ninguno, sin embargo, volvió a casa con sus autógrafos en la llama del single Strange fruit for David, ni dio el zarpazo al montón de chapas con que nos apoderamos de media provisión, ni fue compasivo a las miradas de envidia de los conversos a quienes más tarde repartimos un par en el metro. Hubo prisas y agitación para reposicionarse antes del concierto de Messer Chups, una cosa inexplicable, debieron traer contratistas de la madre Rusia y darles lecciones apresuradas de catalán para armar barullo en los prolegómenos del concierto porque vamos, no sé dónde buscar la gracia a melodías copiadas de la familia Monster, ¿en el bicho, era bicho, que la vimos al natural por la calle, disfrazado de Bettie Page / Vampira? Un muermo que nos dejó sin fuerzas para los DJs de DrownedInSound.com. En el metro, entre docenas de impresentables vestidos camisetas de corazones atravesados con un puñal alado envuelto en espinas que volvían del concierto de Bon Jovi, acabábamos de cerrar una de las mejores ediciones del mejor festival de España.

galo (18/06/2008)
¿Le ofende la superioridad de nuestro critero? No se reprima:
  1. Interior Noche,

    A mí Les Savy Fav me parecen un truño de dimensiones épicas. Y si quisiera ver a un gordo con mallas fosforitas, pediria la vuelta del Guerrero Americano a los cuadriláteros.

  2. alize,

    Galo después del momentazo Sonics, ¿le darás un repaso a contemporáneos y cuasi dignos sucesores siguientes grupos?
    Higher State
    The Woggles
    Swamp Rats

    me encanta hacer feliz a la gente

    ¿no visteis a Mission of Burma?

  3. pep,

    me pregunto para que vais a festivales

  4. Flashman,

    Pues a mí Lourditas me gusta un rato. Por lo demás bastante de acuerdo.

  5. galo,

    Los Woggles están ya nombrados en los discos del año pasado, no recuerdo con qué valoración, si de hecho no lo están es que los quité por coñazo. Con uno de tres, cubrimos cuota para cuatro años. Mission of burma no.

    Pep, para darle algo en qué pensar.

    Flashman, se equivoca. En Lourditas digo. Es una pelma.

  6. alize,

    Qué poco criterio.

  7. pep,

    gracias

  8. pol,

    pues a mi los sonics me parecieron la orquesta del pueblo. y no age me gustaron bastante.

  9. mi madre en bolas,

    Como se nota q eres fan de el canto del loco.

Ánimo, deslúmbrenos con su ingenio:

NOVEDADES
ARTÍCULOS RELACIONADOS
SERVICIO PÚBLICO
ESPECIALES