Pulp – Intro: The Gift recordings

Con la única novedad digna de mención reservada al siempre cabal aunque parsimonioso análisis de nuestro Director Serenísimo, la exigua cosecha de abril nos ha obligado a bajar a la bodega en busca de provisiones. No queremos amargarles la vida con el devastador Berlin de Lou Reed de modo que procedemos con este Intro que es, en nuestra nada modesta opinión, el disco que marca la entrada de Pulp en el Olimpo musical de las últimas décadas. Y no His’n hers, disco que ya estaban preparando para Island cuando publicaron esta recopilación de tres singles y sus correspondientes caras B editados por separado en el sello Gift durante los dos años anteriores, al final de la etapa formativa de Pulp que como saben fue larga, ardua y confusa hasta que Jarvis Cocker pudo reconciliar su inmenso talento con la dignidad humana (algún productor sin escrúpulos le animó a escribir canciones al estilo de Wham!) y los caprichos de la fama. Intro tiene todas las virtudes de His’n Hers, gran parte de Different Class y alguna pista de This is hardcore, y sólo pierde en la comparación por la falta de cohesión ambiental o como prefieran llamarlo que suele haber en todos sus discos de estudio. Claro que al mismo tiempo gana en variedad de registros, desde la pesadilla onírica de Space a la gloriosa ventisca de carcoma disco y teclados eufóricos de O.U. (Gone, gone), o Razzmatazz, una de las canciones en que Jarvis Cocker parece colarse en el dormitorio de la infeliz más miserable del suburbio a murmurarle sarcasmos al oído hasta hacerla pedazos. El ensañamiento es comparable, quizá superior, a Lipgloss o Underwear, dominada por guitarras, bajo y batería con los sintetizadores creando una corriente eléctrica en segundo plano.

Razzmatazz reaparecería en His’n Hers con la magistral Babies. Ésta partía de un planteamiento similar a Deborah (Different Class), Jarvis habla con una amiga de la infancia recordándole cuando la visitaba para escuchar a través de la pared las evoluciones carnales de su hermana mayor con los chicos que invitaba a su cuarto. Le confiesa cómo la curiosidad creció hasta llevarle a esconderse sólo en el armario de la hermana, cómo escuchó los camelos del chico, quiero llevarte a casa, quiero darte hijos, podrías ser mi novia, los ruidos, los roces, los susurros, y al día siguiente no se atrevió a contarlo temiendo que le delatase a su madre. Pero siguió espiando a solas. Un día se quedó dormido en el armario, la hermana le descubrió y cuando la amiga llegó a casa los encontró juntos en la cama. Jarvis explica ahora lo que no tuvo tiempo de explicarle entonces, “I only went with her ‘cos she looks like you!” y repite las mismas palabras del amante de su hermana con una desesperación enfermiza que lo azota con latigazos sintéticos, porque esto no es ninguna confesión de secretos pasados sino el exorcismo de una fantasía que todavía le persigue. Son los temas clásicos de Pulp, cierto, pero lo hacen en su mejor expresión. En la siguiente, Styloroc (Nites of suburbia) encontrarán un retrato del Reino Unido más mordaz que cualquiera de sus dos discos siguientes, hecho con una concisión que humillaría cualquier resumen y rematado con una frase superlativa, gloriosa. Hay también tesoros ocultos como Sheffield: Sex City. Aquí Candida Doyle cuenta en la primera estrofa que a los once años vivía en un bloque de edificios con un patio central al que daba la ventana del dormitorio. A veces, a medianoche, se escuchaban gemidos de una pareja y en minutos el edificio entero estaba follando. Ella escuchaba hechizada desde la cama, “I mean, have you ever heard other people fucking, and really enjoying it? It’s a marvellous sound. Not like in the movies, but when it’s real. It’s such a happy, exciting sound.” Pero lo que Jarvis prepara es un desbarre opresivo de ocho minutos minutos, la ciudad es una mujer, él quiere ser su amante, pero es un lugar ruinoso y tórrido lleno de mierdas de perro y gente miserable que viven condenados a un aislamiento angustioso. En los estribillos Jarvis llama por un canal “where are you?” y Candida responde por el opuesto “I’m here“, nunca se encuentran, sus gemidos, el bajo y el zumbido de sintetizadores crean un ambiente tóxico, llega a ser desagradable escucharla.

Stacks vuelve al pop de sintetizadores y estribillo trepidante empezando una trilogía monográfica sobre la masacre de las ilusiones de una adolescente. En Stacks está entusiasmada porque tiene “.. stacks to do and there’s stacks to see and there’s stacks to touch and there’s stacks to be. So many ways for you to spend your time“. Y las aprovecha, en Inside Susan sigue un trayecto de autobús recordándolas, la borrachera de la semana anterior, los chicos, las amigas, se burla de los oficinistas que parecen peces en un acuario detrás de sus ventanas, fantasea con crecer, poder ir a pubs y ganar un dineral cobrando cinco libras a los babosos por dejarles mirar debajo de su falda. Cuando quiera darse cuenta despertará casada con un divorciado que tiene una foto de su ex mujer en la pared, la fiesta fiesta que recordará será con niños y mamás y papás y conversaciones inteligentes, su único consuelo un amante que visita una vez por semana para llenar el vacío, fantaseando con volver a su vieja casa del 59 de Lyndhurst Grove y tener todos sueños por delante, sabiendo que los ha perdido para siempre.

El winamp salta por casualidad al principio de Berlin. Los une la misma sensación de derrota.

galo (01/05/2008)
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¿Le ofende la superioridad de nuestro critero? No se reprima:
  1. mycroft,

    Sencillamente maravilloso. Pero el jarvis de los 80 y primeros 90 no iba siempre tan errado (love is blind, my legendary girlfienend, little girl)

  2. mycroft,

    El “Freaks” por ejemplo es otro discazo!

Ánimo, deslúmbrenos con su ingenio:

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