Queremos tanto a Hefner
Tras su concierto en Madrid por la gira de We love the city siempre los he recordado bromeando con el público, riéndose de nuestras camisetas, y pese a estar ya reconocidos como uno de los grupos más importantes de su generación, siendo por encima de todo el grupo de tu amigo Darren. Un veinteañero normal y corriente que había resumido con cinismo, ironía y mucha honestidad, media década de amor, desamor y todo lo que pasa entre medias.
Hefner son uno de los grupos con los que más difícil se me hace encontrar una canción mediocre. No incluyo Dead Media porque lo escuché en un chisme del Madrid Rock y allí se quedó según oi los pitidos. Nunca me pegarán las maquinitas en Hefner, para mí son un grupo de guitarras y melodías impecables, es lo que busco en ellos y no quiero encontrar otra cosa. Quiero esas canciones que comenzaban con un murmullo y terminaban a la desesperada como The hymn for the cigarretes, Painting and Kissing, The sad witch, The hymn for the alcohol, Christian girls, The cure for evil, las que me hacen sacar la guitarra y destrozarla intentando seguirles como I stole a bride, busco sus vídeos para reirme con I took her love for granted o bailar a escondidas con Good Fruit, y me siento culpable cada vez que recuerdo sus discos, los pongo y quedo enganchado durante días, incapaz de comprender por qué los abandoné durante tanto tiempo, por qué parece que los quiero mucho más que los escucho.
No podían encontrarse demasiados motivos para justificar la etiqueta de ‘folk urbano’ que les colgaron algunos tras Breaking God’s heart. Salvo Tactile, Another better friend o quizá A hymn for the postal service el resto de canciones, grabadas en primeras y segundas tomas, sonaban a bocetos del estilo que ya empezaba a cobrar forma. Las guitarras de The sweetness lies within o Love will destroy us in the end se repetirían durante toda su carrera, y sus melodías se perfeccionarían hasta convertir la irresistible emotividad de The sad witch en una constante. Darren parecía impaciente por hacer realidad las vidas adultas que conocía solo por libros, películas y discos. Mientras canta .. love will destroy us in the end se siente una ironía casi jovial, ansia por encontrar el amor que le destruyera.
Consiguió su objetivo en The fidelity wars. Su segundo disco refleja el momento en que la poca seguridad que había logrado construir se desmorona. Convencido de que por fin servía de algo ser el chico quizá no muy guapo pero tan majo, tan sensible, tan ingenioso, tan qué suerte la que te pille pero yo solo te quiero como amigo, se había encontrado con que ella sólo había venido para curarse las heridas y volver con el machote, dejándole con el recuerdo del tabaco en su aliento, el miedo de que ella beba whiskey con el otro porque él no lo merecía, porque no la merecía, recordando y culpándose por cada milímetro de su fracaso. The fidelity wars era un disco que parecía rumiado entre dientes por las calles, en cafeterías, en interminables noches de insomnio, cociéndose de culpa, inseguridad, celos y rabia hasta explotar en unas guitarras que sonaban como pequeños ataques de ira.
En We love the city todo sucede en medio de un ambiente más estable. Era una oda a Londres, pero también el disco donde quieren sentirse felices en la ciudad que se ha convertido en su hogar, con la radio y la cafetería de siempre donde desayunan imaginando la vida de la camarera mientras prepara cafés y bollos, con las heridas a medio cicatrizar bajo una coraza de cinismo mucho mejor armada. Darren canta cómo conoció a su mujer en Painting and kissing, lo felices que eran en The greedy ugly people, y compuso The Greater London Radio de vuelta al hogar por el que tanto había rezado en The Fidelity wars. La música refleja ese cambio, suena más cuidada con arreglos, los coros de Amelia Fletcher, por primera vez firman todos una canción (As soon as you’re ready), y no encuentra dificultades para conservar el tono de fiesta incluso cuando asoman los cuchillos (The day that Thatcher dies).
Su sonido quedaba relativamente próximo al resto de bandas británicas de mediados de los 90, las guitarras por ejemplo recuerdan constantemente a Pulp (We love the city cantada por Jarvis Cocker hasta parecería suya) pero Darren, sin duda uno de los mejores letristas y cantantes de su generación, marcó la diferencia fundamental con las bandas del Brit Pop. Hefner estaban lejos de la sordidez dramática de Pulp, la megalomanía cervecera de Oasis, o las pesadillas orwellianas de Radiohead. Narraba su vida con cinismo, ironía y mucha honestidad, y al mismo tiempo contó pedazos de la nuestra.
No es esa la percepción que muchos tienen de ellos. Hace días Fuck me I’m Twee dedicaba una entrada al nuevo disco de Darren donde lo confundían con un “esnob pedante” fugado de algún “mundo elitista” (motivo por el cual les gustaban mucho). Les preguntamos y lo justificaban en que “..Darren Hayman es un esnob intelectual, como deja patente en sus letras. No sólo es que hable de la Thatcher, de los nazis, de la moral cristiana, del sentimiento obrero, de la era digital, del cosmopolitanismo londinense… con miles de referencias culturales y sociales, sino que además lo hace en medio de canciones sobre la vida cotidiana, como quien no quiere la cosa, como quien tomando cervezas suelta palabras como rizoma, posmoderno o crisis de la masculinidad occidental y se queda tan tranquilo“.
No debe confundirse esnobismo y pedantería con escolarización básica. Sí, Darren hablaba de todas esas cosas pero ¿acaso no lo hacemos todos? La normalidad no consiste, por mucho que insista el departamento de marketing del NME, en tragar barriles de cerveza y eructar ordinarieces en dialecto motorola. Eran veinteañeros de clase media viviendo en una gran ciudad a finales del siglo XX y contaban su vida con el vocabulario de cualquiera que hubiera aprobado el BUP. Sus dramas tenían el mismo decorado que los nuestros y sus recuerdos estaban ligados a las mismas banalidades, una marca de whiskey, el olor de una marca de tabaco o las cosas que nunca hicimos. Discutían de política, arte y chicas tomando cerveza y escuchaban la radio desde la cama pensando lo que todos hemos pensado alguna vez, que amamos nuestra ciudad, que ojalá se muera el presidente de algún gobierno, que no quiero seguir enamorado, por qué el metro no funciona toda la noche. Si acaso nombraban de pasada a Keats y Yeats lo hacían como nosotros podríamos nombrar dos poetas españoles. Darren Hayman no era un esnob intelectual, simplemente había ido al colegio.
Bailar canciones que signifiquen algo para la gente parece haberse convertido en una idea descabellada, quizá por eso Hefner son imposibles de escuchar en los antros indies. Está claro que no son New Order, pero la ausencia en las mesas de mezclas de canciones como Christian girls o I took her love for granted es una injusticia inexplicable. Lo sería también dejar la colección incompleta a precios de serie media: merece comprarlos solo por tales portadas que apetecía más colgar los discos de la pared que meterlos en la estantería. Buscar material sobre ellos es una auténtica gozada, en su web puede leerse a Darren comentando cada disco. Presumen de magníficos vídeos hechos con ideas tan simples como montarse a bailar en el salón de casa con Good fruit, acosar a la pretendida de Darren en Christian girls o echar a correr en pelotas, más o menos, por un parque con I took her love for granted (éste y Good Fruit vienen de regalo en We love the city). Su recopilatorio de rarezas, Boxing Hefner es poco menos imprescindible que sus discos y el reciente Greatest Hits hace algo de justicia, por fin, a una carrera que merece mucha más atención de la que le hemos dedicado.
Hay que escuchar más a Hefner.

Gran Torneo 2008
Boquerones en Vinagre
Uh Huh Her + The Fashion, Nueva York 29-10-2008 

mmm… no sé si lo enseñan en bup, pero publicar emails sin consultar es un poco feo… por lo demás, y tras darme una vuelta por vuestras últimas reseñas, confirmado: tenemos criterios y gustos totalmente opuestos.
Te comenté que la pregunta venía precisamente porque estaba escribiendo un artículo sobre ellos. Supongo que me expliqué mal, pero en cualquier caso no creo que la opinión sobre un grupo sea material tan clasificado, si fuera tal el caso avísame y se corrige.
Eso de que no lo ponen en locales indies es mas que discutible…un dia dejate caer por Subway (Sant Carles de La Rapita - Tarragona), te aseguro que podras escuchar mas de una cancion del grupo, en una noche de viernes o sabado con el bar a petar!!!!
- The hymn for the cigarretes , increible, muy muy buena!!!! -
Que grandes Hefner…The fidelity wars tiene que ser de los 10 discos que más he escuchado en mi vida y su último concierto en Madrid (con Dead Media, que tiene canciones buenas se diga lo que se diga) el concierto en el que más me he divertido. Lo que más me jode de tener pareja estable es que sus canciones ya no me llegan como antes…pero que grandes.
Grandess, grandess, grandess
Escalofrío, señores
Y por el mismo precio, preciosas portadas…