Rinocerose en Madrid
Ya sabéis que la plantilla titular de trabajadores de Common People es, aparte de otras muchas caracterÃsticas infames que no viene al caso relatar, más que nada escasa. El 29 de Abril, dÃa de autos, y con la oportunidad de ver a > en La Riviera de Madrid, por invitación magnánima de los chicos de Intromúsica punto com, el plantel de redactores figuraba en la siguiente disposición:
- El redactor A aprovechaba un intenso dolor en su cuerpo, a la altura de ningún sitio, para montar una bucólica velada familiar viendo Ana y los 7.
- El redactor B, desconfiando de que su vocación como corresponsal musical le reporte algún dÃa fama y dinero (¡disidente!), recurre a gastar su tiempo en trabajos remunerados de dudosa reputación.
- El redactor C continúa su conquista de la Gran Bretaña, haciendo campaña, suponemos, a favor de ‘Europe´s living a celebration’
Total, que al final la responsabilidad es asumida, como en tantas ocasiones, por el redactor D, un servidor, carente de vida social, sentimental, económica e intelectual, al que igual le da que le manden a una competición de pesca sin sedal o al pase de modelos de la nueva colección Pilar del Castillo primavera-verano, siempre que el evento sea gratis y exista la posibilidad de adquirir algún tipo de bebida con graduación alcohólica. Pero como entre mis innumerables fobias se encuentra la de asistir sin acompañante a un concierto, no sea que alguien me vaya a tomar por un plumilla profesional (¿hay algún psiquiatra en la sala?), decidà intentar convencer a mi buena amiga Esmeralda para asistir al concierto.
- ‘¿Cómo dices que se llaman?’ - ‘Rinocerous’ - ‘¿Y qué tipo de música hacen?’
Ya empezamos con los problemas. Yo, incapaz como soy de distinguir el nu-metal del zeitgist de la electrónica más trendy, intentándole explicar a mi amiga que > hacÃan algo asà como rock con bases musicales electrónicas. ‘Bueno, mientras no sean Los Planetas esos, que cada vez que los oigo me dan ganas de suicidarme…’. Pues ya está.
Ya en La Riviera, metidos en el ajo, pudimos disfrutar con los variopintos modelitos de los modernillos (alterna-pijos, apostilló Esme), ahogarnos en una nube de humo de marihuana proviniente de nuestros vecinos y quedarnos con las ganas de conocer al ‘invitado especial’ que teóricamente actuarÃa de telonero, y cuya ausencia hizo que no nos quedara más remedio que tomarnos un par de cervezas para regocijo de los bolsillos de los mandatarios del local (nota mental: veo que se han tomado en serio mis amenazas por los precios abusivos de las bebidas y han decidido subirlas aun más).
Total, que hasta casi las diez y media tuvimos que esperar para ver asomarse por el escenario a Jean-Philippe Freu, entregado y saltarÃn, Patou Carrie, discretÃsima en segunda fila con su bajo y escalando posiciones, con permiso de Esmeralda, en mi top ten particular de mitos sexuales y el resto de músicos que con flautas, saxos y timbales colaboran en la complicada recreación de sonidos que > hacen de su particular historia del rock, culminada en este 2002 con la publicación de ‘Music Kills Me’. El espectáculo empezó atronador, y con los compases de las primeras canciones, ya estábamos todos moviéndonos como descosidos, con ese particular estilo como-soy-indie-bailo-como-me-da-la-gana, francamente liberador para aquellos a los que la vida nos negó el don de la elasticidad. Freu y los suyos contagiaban entusiasmo desde el escenario merced a temas como ‘La Guitaristic House Organisation’, ‘Music Kills Me’ o ‘Professeur Suicide’, haciendo que muchos incluso se sorprendieran de reconocer las canciones que escuchaban. Casi al final del concierto, con el público sudando y cansado de bailar, y mientras el que esto firma se aprovechaba de Esmeralda para que consiguiera otro par de cervezas (adiós definitivo al sueldo de un mes), volvieron a sorprendernos cuando, al compás del ‘Rock classics vol. 1′, el cañón de vÃdeo comenzó a proyectar, justo por encima de mi musa Patou, las portadas de los discos que han configurado la historia del rock. Por allà aparecieron discos de Smiths, Beatles, Rollling Stones, Madness, Buzzcocks, Velvet Underground, Primal Scream e incluso The Cramps, ideal para que todos nos pusiéramos en plan freak a intentar adivinar el máximo número de carátulas en el menor tiempo posible. Todo un pasatiempo.
Quién sabe si dentro de no muchos años algún otro grupo, al hacer un homenaje de este tipo a la historia del rock, se le ocurre incluir algún disco de > entre tanto clásico. Nada se lo impedirÃa, ya que los franceses, escondidos entre una maraña de sonidos house, consiguen fácilmente demostrar que el término “rock“ es tan amplio como nosotros queramos hacerlo. ¿Y qué opinaba Esmeralda de todo esto? ‘Me han gustado mucho’. Pues eso es lo que importa.
Pepo.
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