Saturday Night Fiber 2008

Deconstrucción situacionistaPuede que Madrid esté mejorando, con calma, su característica aridez cultural pero lo de pensar que un festival en la capital iba a estar a distancias peatonales o a la salida del transporte público, fantasear con el paseíto de la playa al FIB, en bajar del tram a las puertas del Primavera Sound, y por eso no llevar imprimido el mapa, dispuestas las brújulas, calibrados los sextantes, ir con una confianza despreocupada y jovial, ir, en fin, de vacaciones, fue hacer el gilipollas. Y lo íbamos a pagar. Quedó claro cuando allá por el antepenúltimo escalón de la estación de Campo de las Naciones surgieron ante nuestros ojos asfalto, pabellones de hormigón y prismas acristalados pero nada coherente con el nombre de ese Parque Juan Carlos I donde se ubicaba, agazapaba, el recinto del Saturday Night Fiber 2008. De carteles, azafatos informadores, el bum-bum distante que orienta a los festivaleros errantes, de todo eso que damos por supuesto en cualquier otro evento celebrado en cualquier otra ciudad, ni rastro. Sólo dos azafatas de congresos (”oiga, el Parque Juan Carlos I?” - “sí, eso”, eso era un parking) y un grupo de cinco jóvenes ajenos al estupor generalizado que había echado a andar con una decisión que daba fe en los proverbios. Los seguimos serpenteando entre edificios de oficinas hasta atisbar un césped esperanzador y perderlos de vista, claro, siempre ocurre en estas situaciones que la gente de delante se desvanece en el aire y uno acaba de mesías improvisado para un reguero de peregrinos con la tentación aquella de guiarles en círculo alrededor de una papelera y ver cuánto tardan en darse cuenta de que no tienes ni puta idea de dónde vas. Subimos dos colinas, cruzamos un puente, consultamos a una bañista solar que nos dijo que para allá pasaba gente, consultamos al maquinista de un trenecito, cruzamos otro puente, encontramos un mapa, detectamos el bum-bum y alcanzamos el recinto, no les quepa duda, por el extremo más lejano a la entrada. Una cosa en fin agradable, para disfrutar en el apogeo del delicioso verano madrileño. Vamos, que si The Rumble Strips no tenían bastante desgracia con tocar a las seis y media, los pocos que habíamos hecho intención de verlos acabamos perdidos por el parque. Llegamos al final con la lengua como la suela de un zapato y más ganas de tragarnos dos barriles de cerveza por cabeza que curtirnos el pellejo viendo conciertos al sol.

Porque conquistó una gran hazaña el FIB erigiéndose en el primer festival mundial que nos hace renunciar al gin-tonic tasando las bebidas espirituosas a siete euros cincuenta céntimos. La cerveza estaba más asequible a dos con cincuenta en vaso, siete con cincuenta en mini, y había grifos de agua fría para indigentes en los váteres. El recinto era tipo velódromo de Benicassim, más cancha de baloncesto o fútbol sala, con capacidad para once mil personas de las que según el FIB se cubrieron nueve mil. La cifra, a juzgar por la ocupación, nos suena exagerada. El paseo y exploración preliminar nos confirmó que el esfuerzo de la organización había durado lo que el periodo de venta de entradas. Un derroche de publicidad, de promociones, el irritante 2×1 de la víspera (en lugar de regalar entradas hubiera estado bien rebajar precios de consumiciones, lástima que eso no infle cifras de asistencia para los periódicos), cerrada la caja lo que sucediera el sábado era trivial. Ni un puto cartel a lo largo de los diez minutos de trayecto entre las estaciones de metro y el recinto, ni un guardarropa para dejar los objetos que no permitían meter (al salir había gente rebuscando entre los arbustos del parque para recuperar sus cosas), un triste puesto de comida, uno, quienes hablan de cuatro se refieren a cuatro dependientes, para alimentar a las supuestas nueve mil personas, que sería asediado por colas de veinte o treinta metros según avanzase la noche, ni una pantalla, ni un servicio de autobús, ni una indicación hacia el buho de Canillejas, por no haber ni pegatinas con el logotipo del festival decorando los monitores del escenario, ni pulseras que llevarse a casa de recuerdo (sí tuvieron, tuvimos coño, prensa y aquellos asistentes con treinta euros de sobra para pagar la entrada VIP, algún privilegio debían tener aparte de ver los conciertos a tomar por culo en su grada exclusiva).

Esta desidia no hace más que ilustrar cómo la importancia de los festivales reside cada vez menos en su faceta de espectáculo musical que en la capacidad de generar una orgía mediática. No quedaría más remedio que aceptarlo con el argumento de las leyes de mercado si no fuera por la lección que ha vuelto a dar el Primavera Sound haciendo viable un festival que, sin sacrificar la dignidad a los patrocinadores, ni el riesgo y la coherencia a ganar el favor del gran público en su nueva manía de ir a festivales por moda, está cobrando mucha más confianza y solidez que cualquiera de las alternativas. Y a la larga es lo que sustenta a un festival. El FIB asegura haber rozado el lleno, pero ha sido con más del 60% de guiris, un público fiel donde los haya, y el Summercase se ha estrellado a lo grande, con veinte mil asistentes menos que en 2007. A la dependencia en un perfil de público tan volátil hay que añadir el escandaloso envejecimiento de los carteles. La presencia de resucitados es cada vez más crucial en los carteles. Los grandes nombres de esta temporada han sido My Bloody Valentine, Morrissey, Siouxsie, Leonard Cohen, Sex Pistols, Blondie, The New York Dolls, The Verve, Ian Brown, Primal Scream, y no se trata del fracaso generacional, de la humillación del público menor de veinticinco años sin representación significativa en los escenarios (aunque a lo mejor ése es su mejor reflejo, la nada), sino de que algunos artistas andan ya rondando los sesenta y se van a morir el día menos pensado. A ver con qué llenamos los escenarios. Con cadáveres. Les aplaudiremos.

Babyshambles - Saturday Night Fiber 2008Lo mismo toca Pete Doherty, le vimos poca intención de matarse en nombre del Espectáculo. Salió sobrio, sobrio como no se le ha visto en mucho tiempo y a las demandas que le hacían desde las primeras filas con los chillidos y demás gilipolleces sólo concedió cabriolas desganadas. Muchos salieron con sensación de fraude, cosa lógica si vas a un concierto a ver las monerías de un bufón de tabloide, papel en el que esta vez Pete Doherty no quería meterse. Lo tiene crudo porque ya no es dueño de sí mismo sino propiedad colectiva de los payasos de sus fans. Sobre el escenario ven la proyección mental del personaje, a la entidad Pete Doherty, y cuando el humano encaja en el Personaje, tropieza por casualidad, o fuerza con desgana dos muecas de falso borracho, entonces le jalean y aplauden. “Fucking genius” decía una pancarta. Bravo tío, sé tú mismo, el que te digamos nosotros. Muérete. Pete Doherty no tiene escapatoria, incluso rechazando ser Pete Doherty le van a obligar a realizar la fantasía: cuando hablan de lo mal que estuvo el concierto todo lo que dicen está sólo para justificar una frase de entre dientes, que normal porque a saber qué substancias, porque borracho como siempre, porque colocado como siempre. La entidad Pete Doherty está colocada, su esencia consiste en estar colocado, es colocado, y quienquiera que sea esa masa de carne no tiene derecho a negarse a estar colocado. Qué asco de gente. Lo de reivindicarse como un artista serio ya está difícil pero nos gustó que lo intentase, y cómo lo hizo, con la guitarra casi siempre en las manos y cantando, no babeando sin camiseta como en la actuación lamentable del FIB 2006, la nostalgia de The Libertines cuando se enfrentaba en los solos al impersonator de Lou Reed que ha fichado como guitarrista. No tocaron nada de ellos y se marcharon con un celebrado Fuck Forever.

Siouxsie - Saturday Night Fiber 2008A Siouxsie era mejor verla de lejos o miope porque el mono de arlequín era como una bolsa de gelatina y la cara evocadora de esas pensionistas coquetas que se maquillan frotando la cabeza contra un estuche de acuarelas. Hemos borrado fotos terribles donde su cara parecía una toalla arrugada. Por respeto. Por miedo. En la comparación obvia con la oronda Debbie Harry, que tocaba el mismo día en el Summercase de Boadilla y llegó al extermo de prohibir la entrada de fotógrafos al foso, Siouxsie ha soportado mucho mejor el paso del tiempo. No sólo en lo físico sino en lo que importa, energía, voz. Debbie Harry se desentendía del micrófono cada tres frases, Siouxsie cantaba por encima y más alto que los instrumentos, saltando y retorciéndose sin parar. El esfuerzo le pasó factura a partir de la mitad, es admirable lo hiciera sin preocuparse de las consecuencias, que no fuera tan cobarde como Debbie Harry. Todo perfecto para el grupo de góticos del sector norte del público, mallas rotas, pelambres postizas, a pesar de lo inapropiado del momento con calor y luz, ella buscaba la niebla y la luna, “where is the mooon?”. El resto preferimos los clásicos de los Banshees, Israel, Hong Kong garden, Dear Prudence, Christine y dejamos escapar algún bostezo durante las canciones de Manta Ray.

Darte cuenta de que estás en quinta o sexta fila de un concierto de Morrissey sin sufrir contacto humano bien vale el fracaso de asistencia, que por aquella hora no rozaba los cinco mil espectadores. Y luego está bien porque se puede salir a mear, a dar una vuelta, a beber, sin acabar perdido allá en los montes con una muchedumbre hasta tu posición original. El público fue de los mejores aspectos del festival, libre de hordas de guiris beodos y con la presencia del sarasa punk y la maruja trash nativos de las alcantarillas de Malasaña reducida a una representación marginal.

Morrissey - Saturday Night Fiber 2008Morrissey alargó los preliminares con una buena dosis de mitomanía. Tres mugshots en el fondo del escenario y otro encima. Bajó un telón donde se proyectó un fragmento de The Untouchables con un diálogo parecido a “.. but we can’t arrest Morrissey..”, interrumpido por el vídeo de Looking for a Kiss de The New York Dolls en el 73 con la introducción de las Shangri-La’s (”When I say I´m in love you’d better believe I mean love L-U-V”) y volvió otra película antigua con la fase “in the end, the only thing left will be his music”. El principio bestial, Last of the famous international playboys, Ask, First of the gang to die, Irish blood, English heart, I just want to see the boy happy. En la redacción estamos de acuerdo en que merece mayor respeto tocar canciones nuevas pero cuando son un coñazo como la mayoría de Ringleader of tormentors, un repertorio así sirve. Además nos sorprendió con elecciones inesperadas, Why don’t you find out for your friend, Sister I’m a poet, de The Smiths, Vicar in a tutu, Stretch out and wait. Ésta, en el último tercio, con Death of a disco dancer y Life is a Pigsty (menos elaborada que de costumbre, el sonido de lluvia estaba grabado) hicieron perder ritmo al concierto. Estuvo parlanchín, muchas chanzas, como siempre condescendiente con la patria. Que habia ido a Fenac y decidido que The world is full of crashing bores, que “matador bang, matador bang, matador bang” (pero no siguió Meat is murder sino Life is a Pigsty), que cómo podemos soportar ese calor, bromas ininteligibles para que no las entendamos y nos sintamos estúpidos.

My Bloody Valentine - Saturday Night Fiber 2008Renovación casi completa del público de las primeras filas para ver a My Bloody Valentine que confirmaron nuestros temores. El sonido no era igual y se notó desde la primera canción, no sufrimos el impacto del ruido. El volumen estaba mucho más bajo, la música sonaba inerte. Llaman perfeccionista a Kevin Shields sin saber por qué, para dar nombre a sus manías, pero tienen razón. Hay algo que los demás no distinguimos pero existe, él lo ve, lo busca y al final puedes sentirlo. No estaba satisfecho, hacía muecas, se retiraba canción tras canción a dar instrucciones al técnico. De alguna manera se las apañó para conseguir lo que quería en el último cuarto y estuvieron muy cerca de repetir lo de Londres. También es cierto que estas pijotadas eran de los dos que los habíamos visto antes, hilábamos fino, íbamos a los detalles, jurábamos inmensidades incomparables, la becaria entró al foso a lo kamikaze y ahora protesta “joder, es que ni siquiera me dolieron los oidos”. Para los primerizos fue una epifanía gloriosa, de esas de girarse con caras de éxtasis, de no saltar porque los miembros no responden. También hubo varios que sólo hacían el paripé, era My Bloody Valentine como podía haber sido El Consorcio. Hubieran reaccionado igual. Enviamos recuerdos desde aquí al gnomo con camiseta roja, zona derecha del escenario, compañado por una excrecencia femenina que imitaba cada uno de sus gesto, sí, tú, el del “ZANKIU, ZANKIU KEVIN”, el de los puñetazos al aire con las muñecas dobladas hasta tocarse el antebrazo como un Mazinger-Z mariposón. Tú. Imbécil.

Con casi todo lo que merecía la pena del FIB destilado en una tarde preferimos no arriesgar el recuerdo con las dos basuras siguientes. Nos marchamos dejando un contingente de emergencia, el redactor ausente Pepo, para informarles del resto. De Hot Chip nos cuenta:

- No distinguí siquiera si el que cantaba era un tío y el “tecladista”, palabra que inventó Mika, llevaba un pijama.

De Mika:

- Sólo una pregunta. Tocar dos veces la misma canción sigue siendo cutre que te cagas ¿no?

Hombre, en el caso de Mika no hay riesgo. Fue Relax, primera y última. Conjuró un circo de peluches, globos, confetti, marionetas gigantes, chupachups gigantes y gordas negras desde el primer microsegundo de concierto y lo volcó sobre una “cantidad ingente de gente, o una cantidad ingente de ingente, todos como locos, dando saltos”. Nos pareció descabellado que en los telediarios de la mañana lo hubieran tratado como el cabeza de cartel del FIB y que las imágenes lo corroborasen. Pero era cierto, si en algún momento la cifra de asistencia se aproximó a la fábula de la organización fue durante Mika. Los hubo que entraron a las dos de la madrugada para verlo, muchos fugados del Summercase, muchos ignorantes de que habían tocado antes cuatro grupos, tres leyendas. Cabeza de cartel gracias a un público cuya mejor definición la dio el propio Mika cuando dijo que le daba pavor tocar después de Morrissey y Maibludivalentain pero que viendo al público ya no tenía miedo. La nota bizarra la puso con una versión de Just can’t get Enough, aunque nuestro reportero asegura que fue peor otra “que es algo así como “Big girl, you are beautiful”, que traducido es como “Eres gorda, pero no te denunciaré”, y saca a bailar a un montón de gordas porque lo que importa es el interior y etcétera y es para vomitar”. Le disculpamos no quedarse a DJ Supermarket.

Tienen más fotos a su disposición.

galo
¿Le ofende la superioridad de nuestro critero? No se reprima:
  1. becaria,

    Me pareció un crimen que my bloody valentine no tocaran Blown a wish,narices que mala suerte,yo que estaba tan crecida en el foso dispuesta a aguantar el torrentazo sonoro y comienzan tan flojito!

Ánimo, deslúmbrenos con su ingenio:

PARA SERVIRLE
 
 
  • Nomine sus discos favoritos de 2008. La eliminatoria comienza el 1 de diciembre. (detalles)
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