Summercase 2007
En Madrid hay diez minutitos entre el casco urbano y cualquier punto de la provincia. Esta perturbación en el continuo espacio-temporal fue descubierta en los años que yo cursaba los primeros cursos de la EGB, cuando hubo un éxodo gradual de compañeros de clase que se mudaron a una población periférica llamada Las Rozas. Luego vinieron Majadahonda, Pozuelo, Boadilla del Monte. Todos a diez minutitos. De repente tu amigo Daniel vivía en un chalet de tres plantas y en su cuarto no sólo había dos ventanas y tres consolas primitivas de videojuegos, había espacio. Meses después, en su cumpleaños, la mamá de Daniel aparecía en el jardín, que era un vergel de superficie mayor que todo tu piso con toneladas de juguetes olvidados entre el césped, piscina de plástico y manguera - manguera -, llevando una jarra de limonada casera, unas por entonces inauditas palomitas del no menos inaudito microondas y envases de salsa rosa que las demás madres intentaban desmitificar murmurando que sólo era mayonesa con ketchup. Pero tú estabas hechizado sin remedio por algo que era como vivir en una película americana. En alguna visita al baño, a uno de los tres baños, te escabullías por la cocina, ordeñabas el dispensador de hielos de aquella nevera fabulosa y explorabas la mansión a escondidas respirando el olor sintético de lo nuevo del que tú apenas tenías un vago recuerdo asociado al primer coche y una vez que papá había tapado unas grietas del pasillo con Aguaplast. Explorabas la casa abriendo armarios, metiéndote en armarios, recorriendo su espesa penumbra de abrigos y zapatos hasta distinguir la silueta de otro niño seducido por tu misma curiosidad un cuarto de hora antes. Creías haber encontrado a E.T. El regreso de los invitados al hogar urbano era unánime: mamá, ¿por qué no vivimos en Las Rozas? El aislamiento, la esclavitud del coche, la monotonía atroz del suburbio, la desaparición paulatina de Daniel de tu entorno social, la diferencia crucial entre minutos y minutitos, todo sonaba a excusas vanas ante un jardín con manguera y frigoríficos que vomitaban hielo.
Resultaba difícil imaginar una impresión similar en los pocos guiris que prefirieron la edición madrileña del Summercase’07 para encontrar el panorama desolador de una capital europea todavía incapaz de ofrecer mejores infraestructuras a un festival que un pedregal inmundo a tomar por saco en un margen de la M40. Madrid asestaba el golpe de gracia a su ya inmenso atractivo turístico y sin embargo los lugareños nos arrojábamos alegres y jubilosos a las brasas del julio castellano para sudar media hora de metro, otra de autobús interurbano sin aire acondicionado disfrazado bajo el seudónimo futurista “lanzadera” y tragar más polvo que el turbante de un beduino durante dos días de que nos hicieron recobrar la esperanza en un festival de primera división a diez minutitos de casa.
A Sinnamon hay que reconocerles el valor de enfrentarse con semejante monstruo llenos de ese espíritu altruista que les caracteriza, pero escuchar al público de Barcelona con protestas idénticas a la edición de Madrid hace pensar que, recinto aparte, el primer problema residió en la tremenda inexperiencia del emporio catalán en este tipo de eventos. Con toda lógica porque aún hablamos de la segunda edición, pero si un crecimiento tan extraordinario a nivel de público y calidad de cartel no va acompañado de una mejora organizativa acorde esto va camino del desastre. No teman, CommonPeopleMusic.com sí les va a contar qué quieren decir otros medios cuando hablan entre dientes de “mala organización”.
El viernes a primera hora nos dirigimos a los puestos de cambio de divisas para descubrir cómo resuelve el Summercase esa dificultad innata del camarero aficionado para contar papelitos a bulto. Sabe Dios que si solemos pagar con dos tercios del precio no es por malicia sino puro despiste pero nunca está de más prevenir y emitieron vales de cerveza, refresco o agua a tres euros, de red bull o bocadillo a cuatro y copa a seis euros. Caros. Imposibles de combinar. Válidos sólo para el día de compra sin posibilidad de canje. La cerveza dejaba un regusto a letrina. El refresco y agua a timo de la estampita. Los “combinados” eran una lotería a lo que no se hubiera agotado en cada barra (whisky-cola o, con un poco de suerte, ginebra con saliva del camarero). Los bocadillos en tres únicas variedades de las que probamos sólo uno de ternera con la textura de una bayeta sucia después del cual preferimos masticar tiras de césped artificial. A medianoche del sábado, agotado el suministro de redbules, los tickets quedaron reducidos a una inutilidad supina que unida a su bonito diseño los cualificaba como obra de arte. De hecho, lo único que se podía hacer con ellos era cambiarlos como cromos delante de la caseta. así, nuestra subsistencia dependió casi por completo de la caridad corporativa de Eagle y Nutella que nos alimentaron con bolsas de cacahuetes tostados, Nocilla y palitos de pan.
Claro que si la ingestión de comida y bebida era problemática peor lo sería su evacuación. Los urinarios de pie eran de una rusticidad acorde al recinto, desconchados y sin el acostumbrado tapón-filtro para el agujero que ofrecía la visión dantesca del depósito y una vía de escape al vapor úrico de la colillas hervidas en el líquido. La valla perimetral solucionó el problema convirtiéndose en meadero oficioso pero la función excretora tuvo momentos mucho más dramáticos. La epidemia de diarrea ocurrida durante la noche del sábado no podía ser culpa de la organización sino venganza divina o un complot urdido por camareros maliciosos que se hubiera dedicado a espolvorear laxante en la coca-cola del público madrileño, pues según hemos sabido la epidemia de diarrea sólo sucedió en Boadilla. Elegir una cabina tenía el tinte masoquista de un concurso japonés, a veces encontrabas la suciedad tolerable del uso multitudinario, otras, muchas otras, demasiadas otras, el interior estaba alicatado de mierda con diseños complejísimos de mosaico bizantino. Podemos imaginar infelices a quienes la urgencia física unida la oscuridad y el asco provocasen el resbalón, el contacto, la irremediable explosión por todos los orificios.
Hubo otros despropósitos que ya les iremos contando poco a poco, pero también dos aciertos que no escaparon a nuestro ojo atentísimo. Primero, claro, poner a nuestro alcance tan nutrido arsenal de proyectiles para dar la bienvenida a personajes de la calaña de Lily Allen o Miqui Puig, aunque hubiera sido perfecto el reparto de tirachinas a la entrada. Segundo, instalar tres fuentes de agua en sendas esquinas del recinto. Como idea estaba bien aunque los aficionados encontraron que el líquido elemento salía del tiempo, esto es, en estado gaseoso, con un silbido como de olla exprés, y caían retorciéndose de dolor con la boca escaldada. Así con todo la gente formaba colas kilométricas, no para aliviar la sed sino reconocer lo acertado del ingenio.
Comenzamos el capítulo musical. How I Became the Bomb presentaban su EP Lets Go! vestidos de nerd eduardiano ante un público escaso y sobre todo distante, diez metros para ser exactos, que perdió una oportunidad de oro para empezar el festival con el ánimo festivo que caracteriza las expediciones veraniegas de su revista amiga. Sólo nos faltó sabernos las canciones para llenar el vacío de las primeras filas con los bailes de moda pero nos dejaron de excelente disposición para cambiar de carpa en busca de The Hours.
El discreto interés que tenía la banda de Antony Genn (Pulp, Elastica) y Martin Slatery desapareció sin dejar rastro tan pronto notamos que teníamos a Jarvis Cocker dos metros a nuestra derecha y a partir de ahí todo fue maldecirse a uno mismo por el pudor, después a la becaria por llevarse la codiciada foto y por último apostar cuándo duraría la estoicidad del mito ante la avalancha de admiradores con cámara digital, que fue bastante más de lo que esperábamos. Ya sin motivos para continuar cociéndonos en la carpa fuimos a cubrir la cuota de patriotismo con The Sunday Drivers. A estos muchachos les va a resultar muy difícil disimular su falta de personalidad desde que aparecen en la sección musical de revistas tipo Cuore citados como “la nueva esperanza del pop español” junto a Sidonie y Deluxe. Aparte de que son un coñazo, lo más digno del trío pero con un sonido muy trillado que sólo entretiene a incondicionales del producto nacional.
Sobre el papel parecía mucho más atrayente hasta Miqui Puig, aunque fuera por el desafío añadido del blanco móvil. Venía a más o menos presentar Miope, un recopilatorio de sus infames veinte años de carrera que en realidad vienen a ser tres y una larga espera de diecisiete durante la cual su mayor triunfo ha sido aparecer en Factor X. Ante la crème de la crème del petardeo local y acompañado por el Conjunto Eléctrico y una grabación de Jeanette para el correspondiente dueto, sobrevivió encorsetado en un chaleco articulando una
serie de posturas y contorsiones que a lo mejor sin papada hubieran resultado sólo ridículas. Pero no crean, para tratarse de un personaje que me ha hecho tragar litros de bilis desde el insoportable Bonito es hasta lo pasamos bastante bien.
A James les falta un asesor de imagen para Tim Booth y una purga profunda en el club de fans. Nos las prometíamos muy felices en tercera fila hasta descubrirnos detrás de unos impresentables con la camiseta recién comprada en el mercadillo que seguían punto por punto el decálogo de la adolescente histérica, salvo que estos eran gordos, sudados, peludos, con cara de pocas luces y resaltaban el conjunto con la correa de unas bolsas en bandolera XDYE que para individuos de su perfil anatómico son la prenda más desfavorecedora después del tanga o los parches de pezón para vedette. James venían a tiro hecho gracias la propaganda obsesiva que les hemos hecho todos los que lo disfrutamos su actuación del FIB 2001, apenas un mes antes de anunciar su separación. El posterior fracaso de Tim Booth en su aventura personal ha puesto a huevo la reunión y dieron la sensación de volver en plena forma con un comienzo irresistible. Sit down o Say something eran sólo dos de los muchos temazos que les hubieran dado para llenar hora y media de infarto pero bajaron el ritmo en el segundo tercio, tocaron una canción nueva que tampoco era nada del otro mundo como para improvisarla con la letra en un folio y perdieron demasiado fuelle. La remontada, cuando llegó, fue gloriosa con Sometimes, Getting away with it o She´s a star entre otras. Compartió el título de mejor concierto de la jornada pero no estuvo a la altura del recuerdo. El presente nunca lo está, pero ver a Tim Booth rogando sin parar que no nos olvidéis por favor de verdad que volvemos pero acordaos por favor confirmaba que esta vez lo que fallaba no era sólo producto de la nostalgia.
No sirvió de nada el galope hasta Jarvis porque la situación bajo la carpa era insoportable. Riadas de gente forzando la capacidad de una Terminal S que ya rebosaba público por los cuatro costados, una temperatura que preferimos imaginarnos desde fuera y allá en la oscuridad, una sombra que por las contorsiones debía ser Jarvis Cocker. Soportamos el trasiego de gente escuchando de mala manera algo que sonaba parecido a las canciones de su último disco en espera de Fat Children pero nos rendimos a medio concierto. Con nuestras reservas de cacahuetes Eagle agotadas, Miguelito se acercó a comprar la cena momentos antes de cruzarnos con dos lectores veteranos. Nos tributaron unos paquetitos de aluminio en prueba de lealtad y gratitud pero al abrirlos vimos que contenían un insulto intolerable, atroz, y hubiera recibido un castigo severísimo de no ser por el providencial regreso de Miguelito con el sabroso bocadillo-bayeta. Por duro que resulte aceptarlo, las rebanadas de chorizo cular en esa blasfemia del pan de molde sin corteza fue lo único que nos evitó morir de inanición aquella noche.
Más tarde la misma carpa se confundiría con un matadero de vacas durante la actuación de The Gossip gracias a los berridos de Beth - Tanqueta de Arkansas - Ditto, que por otra parte trajeron una virtud inesperada: no se escuchaban las canciones. Me lo contaron, yo no estaba para disgustos y dediqué la franja horaria en toda su plenitud al inesperado y esperadísimo regreso de Jesus and Mary Chain. Recuerdo comentar a la salida que les había faltado sangre (el subconsciente pedía quizá una batalla de botellazos o algo más propio de los viejos tiempos) pero no, la culpa fue mía y sólo mía por quedarme a tomar viento habiendo notado ya que dos escenarios principales tenían serios problemas con el volumen y en varios conciertos se escuchaban acaso el bajo o la batería pero rara vez las guitarras. Era volumen lo que echaba en falta durante la ejecución gélida e impecable de los escoceses, con un repertorio bastante bien repartido por su toda discografía y dividido a partes iguales entre singles y otros que pudieron serlo pero no había sitio en las listas para tantas canciones cojonudas. Si no me falla la memoria sonaron entre otras Some candy talking, Happy when it rains, Side walking, Cracking up, Snakedrivers, las inmensas You Trip me up, Head on, Reverence. Hubo conmoción generalizada entre los enviados especiales al darnos cuenta que los primeros compases de Just like honey son idénticos al comienzo de Sabor de amor, el éxito inmortal de Danza Invisible. Sí, ríase mientras pueda.
Lo de coger esa mierda de sitios lo mismo no era culpa nuestra. Llevábamos desde las seis y media saltando de un escenario a otro sin coger aire y aun así había sido imposible encontrar una posición decente para Jesus and Mary Chain, ni Jarvis Cocker y a Electrelane nos los habíamos perdido sin darnos cuenta. Sobre todo el viernes, los horarios apuraban demasiado los intermedios sin necesidad, basta un cuarto de hora adicional para no obligar a nadie a perderse ni el final de uno ni el principio del siguiente, que suelen ser las mejores partes. No sé a qué venían tantas prisas si el servicio de autobuses de retorno tampoco empezaba hasta las tres y media.
Entre Orchestal Manoeuvres in the Dark, OMD para los amigos, y Air lo más sensato era dividir el tiempo, pero nos preocupaba la cuestión del orden. Lo elegimos a la perfección, como siempre. OMD apostaron por abrir con el infalible Enola Gay que pareció disparar docenas de resortes bajo el suelo de la carpa, la melodía fue magnificada por el vigoroso ulular de los Summercasers y llegó hasta el merendero adyacente donde la gente se deshizo de sus bocadillos para incorporarse la locura colectiva que superó el final del himno y duró por lo menos hasta la mitad del concierto cuando nos marchamos a la Terminal O. Allí, Air actuaban con un manto de estrellas como fondo de escenario y sin dar signos de asumir el evidente deterioro de su discografía e ingresar en un asilo. Llegamos a tiempo para ahorrarnos la morralla de Talkie walkie y Pocket symphony y no perdernos lo que importaba, Kelly watch the stars encadenada a Sexy boy hacia el final.
La ventaja de Kaiser Chiefs con respecto a !!! era descubrir cuánto aguanta un concierto con canciones cuya única misión es encontrar una o a lo sumo dos sílabas de coreado fácil tipo na-na-na-na-naa o ruby-ruby-ruby-ruby para solaz del sector garrulo del público, que era cómo no, mayoría. La cifra estimada por Kaiser Chiefs fue cinco. Durante ese tiempo y a excepción de Everyday I love you less and less, una de las exportaciones más irritantes que ha salido del Reino Unido desde Wannabe, pareció colar y se vio a nuestro Líder seguir el ritmo con la punta de un pie. Después intentaron un cambio de tercio con canciones sin estribillo machacón, esto es vacías por completo, y el equipo al completo caímos en apnea. Que el cantante se pusiera a escalar andamios en lo que debía ser el clímax del concierto y diez metros más arriba le estuviera esperando un micrófono marcado con adhesivo fluorescente da una idea del planteamiento que ofrecen éstos y el resto de compañeros su generación, espontaneidad en conserva macerada con perfiles demográficos. Después no había mucho más que ver y volvimos a casa ocultos como polizones en el bólido de los herejes del sándwich, que resultaban estar alojados en el salón nuestra colaboradora ocasional Escombro y su Caballero de la Blanca Armadura.
La tarde siguiente fuimos a recogerlos pero yacían acartonados bajo ráfagas de aire acondicionado dispuestos a evitar que la Becaria y servidor de ustedes cumpliéramos nuestro deber profesional viendo a 1990s y Hidden Cameras. Tenían un arma secreta: el Sing Star. Improvisamos nuestro festival particular con este cartel escalofriante que sólo se mantuvo en pie gracias al virtuosismo vocal de nuestro Director Serenísimo y sus portentosas versiones de Los Rebeldes, Mecano y Tino Casal. Llegados a este punto la explosión simultánea de todos los tímpanos en veinte metros a la redonda nos dejó preparados para afrontar sin temores el concierto de Editors que no convencieron a nadie con su post-punk de fotocopiadora y prevenidos por las dificultades alimentarias del día anterior nos pareció más provechoso dar una ronda por la zona promocional aprovisionándonos de tantos botecitos de Nocilla y bolsas de cacahuetes como nos fuera posible sacar a las azafatas.
Sr. Chinarro continuó su vertiginoso declive en un concierto que pondríamos mejor si se tratase de otro artista pero sale peor parado si juzgamos por los mismos criterios que servían para defenderle. Lo mejor de El mundo según, Gitana por ejemplo, podía compensar las desgraciadas G.G. Penningstone y Militar pero fue preocupante y en especial sospechoso verle soportar una hora de acoples casi sin inmutarse y marcharse a los camerinos sin dejar muertos ni siquiera heridos desangrándose sobre el escenario, acostumbrados (y ávidos) como estamos a presenciar la ejecución sumaria de instrumentistas por motivos tan diversos como respirar o dilatar el iris. Algo raro le pasa.
The View hacían suficiente ruido para mejorar, tampoco mucho, el espantoso Hats off to the buskers, otra nadería con expectativas a clavarse de un palo que el NME puso en ridículo otorgándoles el calificativo “riot rockers” cuando los pobres infelices tienen de riot lo que un autocar del Imserso.
En una apuesta personal para acumular aún más polvo que el viernes, nuestras cabelleras habían sufrido las mismas secuelas de aquellas peleas colegiales con borradores saturados de tiza, cruzamos el recinto hasta Lily Allen. La princesa de la zafiedad se dedicaba a pasear arriba y abajo del escenario con una voz atroz, la percusión grabada y una escenografía para matar de vergüenza a la comisión de festejos de Villar del Río. Los discursos, las risitas entre canciones y sus graves problemas de dicción propiciaron en muchos la típica confusión del ebrio con imbécil, que es el auténtico problema de Lily Allen. Apuesto que la botella de Jack Daniels que succionaba entre canciones era agua con regaliz para dar credibilidad al eterno numerito de la falsa borracha. El sonido seguía la misma tónica y tres o cuatro canciones después nos fuimos, creo que por temor de la expedición a que mis insultos, crecientes en volumen e intensidad, hicieran montar en cólera a los fans de la impresentable y nos linchasen. En ese momento Lily despellejaba Heart of glass con el sentido ético y artístico de una hiena.
Las cosas debían mejorar con PJ Harvey, que también dejó una actuación memorable en la misma edición del FIB que James, pero había venido con complejo de diva y un disfraz modelo Casa de la Pradera que no le hicieron ningún bien. La próxima vez que tenga el antojo de actuar en un ambiente íntimo puede invitar unos amigos a su bañera en lugar de dar por culo a las veinticinco mil personas que se hayan gastado los duros en verla insistiendo en tocar dentro de la minúscula Terminal S. Todo para un set acústico que apenas podía escucharse más allá de la mitad de la carpa, ahogado como no podía ser de otra forma por las secciones rítmicas de los dos escenarios principales. A la segunda canción empezamos a intercambiar miradas por el rabillo del ojo y sin mediar palabra aliviamos la decepción con un puñado de cacahuetes y buscamos a Phoenix porque tampoco vamos a engañarnos, puestos a divertirse sólo la ligereza de If I Ever Feel Better o Consolation Prizes daba veinte vueltas al numerito de la Harvey. Acertamos, no sé cómo lo dudan.
Astrud sufrieron un pequeño retraso por la afortunada caida de cartel de Mika, y otro por la incompetencia de la pareja técnicos encargada de enchufar los micrófonos, o más bien saltar por el escenario con mucho aspaviento y poca efectividad hasta que salieron Manolo y Genís a poner orden. Con ustedes no hemos hablado aún de su último disco pero los pasillos de la redacción son un cantar incesante porque Tú no existes es el disco nacional del año. Pudieron tocarlo casi entero, Paliza, Son los padres, Noam Chomsky y completar el repertorio con lo mejor de su discografía, Tres años harto de Mi fracaso personal, La culpa y La boda de Gran Fuerza, Todo da lo mismo y Todo nos parece una mierda de Performance, y más que me da pereza mecanografiar. Quienes cometieron el error de marcharse a Arcade Fire nos hicieron el favor de dejar la carpa medio vacía por una vez en todo el festival para escuchar a gusto la despedida con Vertedero de Sao Paulo. Los mejores del sábado, con diferencia, y una de las actuaciones más inspiradas que les hemos visto hacer hasta la fecha.
De todas formas la cuestión del aforo era engañosa, hubo varios cabezas de cartel que parecían atraer multitudes bíblicas pero si mirabas alrededor eran el único grupo actuando en todo el recinto, así salgo yo con el ukelele y también soy un fenómeno de masas. Arcade Fire fue uno de esos casos y no éramos nosotros los únicos que estaban por estar, se veían corrillos de gente sin prestar la menor atención al concierto pero eso sí, dándose abrazos y jadeando lo bien que tocan Arcade Fire no fueran a mirarles mal. El dichoso concierto estaba glorificado antes de empezar y como en estas situaciones lo que no hace el grupo lo completa el público con sus fantasías sirve de poco decir nada. A ver, yo pienso que la épica debería ser resultado de la actuación, no a la inversa. Arcade Fire (también a su manera Kaiser Chiefs o Editors) vienen con la épica como argumento de base, con una locomotora de percusión y fanfarria multinstrumental que atonta más que convence y justifica de manera superficial, pero suficiente, su objetivo de editoriales hinchados, grandes palabras y el medio millón de euros que según se rumorea han cobrado por dos conciertos. Eso sí, es difícil distinguir qué proporción de la grandeza resultante es producto del bombo de las revistas, los delirios colectivos del público o el propio concierto. Por nuestra parte la sensación de hastío tardó en llegar cosa de tres canciones, a partir de ahí resistimos sólo por canciones de Funeral.
El concierto terminó con el equipo desperdigado por el recinto y caminamos hacia el punto de encuentro más cercano con intención de reunirnos antes de Bloc Party sin reparar en que, una vez más, las multitudes habían vuelto su mirada hacia nosotros con fe ciega en nuestro criterio infalible y nos seguían hacia la estructura atrayendo gente a ritmo exponencial de manera tal que temimos alcanzar alguna masa crítica y acabar formando una singularidad cósmica que se tragase el festival entero, luego Boadilla, Madrid, España, el planeta, la galaxia y nos hiciera desaparecer en la oscuridad del Universo con un lacónico plop. Rompimos filas antes de la tragedia porque Miguel volvió a salvar la situación con un SMS donde nos comunicó que rodaba camino de la cama por la M-40. Conocido su historial lo cierto es que aguantar hasta las dos de la madrugada entra en la categoría de trasnochar y no quisimos empañar su hazaña con reproches porque, aparte de dignidad, tampoco perdía mucho.
Aun así los supervivientes estábamos dispuestos a darlo todo y bailar Los Pajaritos si hacía falta. Un vistazo rápido en la Terminal E nos hizo descartar a Bloc Party, demasiado monótonos, y optamos por la ronda de DJs. Belle & Sebastian DJs no salió como esperábamos, una cosa tipo soul-bakalao, y nos largamos a Scissor Sisters. El cantante llevaba encima una asfixia como no recuerdo desde Brett Anderson hace algunos FIB y no alertamos a los servicios de emergencia sólo porque la escena producía una satisfacción sádica con un curioso toque circense. Ella, la gorda, movía los labios sin que los altavoces dejasen el menor testimonio del esfuerzo, algo más tarde veríamos que su misión era aportar un discreto hilillo de voz femenina que salvase los descalabros de su compañero cada vez que intentase un falsete, así como darle tiempo recobrar el aliento entre canciones repitiendo el discurso idiota del “qué tal Madriiiiid, lo pasáis bien Madriiiid“. Dónde estarán los productores cuando más se los necesita. Nada, las canciones empastadas sin ninguna gracia y aburrido a morir. Probamos luego con 2 Many Djs que solían sacarte de apuros similares pero tampoco, llevan unas actuaciones sin otros ojos que para la omnipresente piara de pastilleros y no hay quien los soporte. Fracasados dos intentos de aproximación quemamos las naves en Amable & Gato. A ratos hubo que aguantar la inercia esperando que pincharan cosas normales pero salimos satisfechos. Urgente mejorar la oferta de DJs, en cantidad y variedad de estilos.
Cumplido el expediente salimos del recinto y vimos como en la parada de autobuses nacía una lengua de gente en fila de a cuatro con dimensiones de glaciar que para nuestra sorpresa pudo absorber una impresionante flota de vehículos articulados. Ahora bien, el publicitado servicio nocturno a Moncloa resultó ser un embuste y el autobusero nos despertó de la cabezadita para tirarnos sin ninguna consideración a tomar viento en Ciudad Jardín. No tuvimos que volver caminando a través de la Casa de Campo o embarcarnos en un laberinto de autobuses nocturnos de puto milagro porque estaba abriendo el metro (siempre he dicho que aguantar como campeones tiene sus recompensas), pero fue un detalle muy feo señores Sinnamon.
Y eso fue todo, primera división quizá, pero por la parte baja de la tabla sobre todo por cuestiones organizativas. Jarvis y la becaria se despiden diciendo adiós con la manita e invitándoles a visitar el resto de fotos en nuestra página de flickr.

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enhorabuena, galo, te has convertido en el critico msuical mas snob y pedante que he leido en mi vida, ya puedes trabajar en rockdelux.
ARCADE FIRE ES LA GRAN MENTIRA DEL S.XXI.
KEEP THE CAR RUNNING!! duaggg dan asco y cuando se ponen a cantar esta cancion como todos emocionados???
Que engañen a su puta madre, venga cobrando 80 millones por cada concierto…MANDA HUEVOS.
O luego cuando van diciendo soys el centro de una sociedad civilizada pero aver capullo quien coñó te ha dicho que tenga que darnos consejitos?
o cuando se ponen hablar de la biblia?
Mira tio si el disco es una puta mierda como es, no pongas el título de neon bible para dar algo de morbo, cuando no hay nada.
Luego eso si, canciones que con 3 personas se podían tocar perfectamente no veinte tios haciendo el gillipollas encima del escenario…es que son canciones como para Harry Potter o algo asi …es que es una espectaculo tan bochornosos me saca de mis casillas.
Pero cuidado que es como una secta si no esta atento te empiezan a comer la cabeza el matrimonio del reverendo Lovejoy(WORKING FOR THE CHURCH WHEN MY FAMILY DIE…dios…va agggg quita.. quita.. malos!
ARCADE FIRE MORÍOS Y ESE DÍA SOIS 400 EN EL ESCENARIO MEJOR
Vaya, ahora también crítico musical. No paramos de progresar..
es que leido algunos de sus articuletes, y su carrera es meteorica, ¿no sera usted pariente del gran Santi Carrillo (el de rockdelux)?. lo digo porque ambos tiene el mismo ego desmesurado…
Vamos, que te perdiste a !!! y LCD Soundsytem que fueron los mejores y te comiste el resto de mierda. No noto mucha diferencia entre la Allen y tú, quizás que ella se intenta tapar la frente chopo y tú no, pero por lo demás…
!!! son un timo y LCD unos pelmas, lo otro al menos dejaba cierto margen a la suerte. Por lo demás, si lo dice por la foto creo temo que se confunde de persona.
No, no me equivoco, antes en esta pagina había fotos suyas, o que usted decía que eran tales, cuando eran un blog que solo leian/leiamos enfermos melomanos como yo y cuando cada tres comentarios no había un oligofrenico sintiéndose ofendido por su criterio (que aunque falto y predecible, mucho mas alto que el de ellos)
Tampoco quiero decir que seas feo, a Lily Allen me la follaría, y probablemente a ti también, ademas tus carencias físicas se solaparían con tus textos. Eso si, la becaria ha sido un bajón de cojones, en mi imaginación y mis poluciones nocturnas era otra cosa.
En el próximo Summercase ven a mi vera y notaras la diferencia. El criterio a veces le ciega.
Señor Galo, colgar fotos de uno mismo acompañado de adefesios para parecer más agraciado es digno de fotologueras principiantes. Eso es contando con que no sea usted el obeso mórbido ni ninguno de los dos alopécicos.
Por cierto, nunca recibí mi chapa de parte de la Becaria. O debería decir de Bebe?
Gracias por la crónica, le queda a uno menos pena por haberse perdido el de Barcelona.
Hombre, Ales, lo que se dice frente chopo, tampoco, menos con esa recia cabellera que no tienes edad para ir así hijo, como insistía por entonces mi señora madre. De todas maneras ustedes no se preocupen de esos asuntos, a lo que tienen que rendirse no a mis apolíneos perfiles, que por desgracia la carne es efímera etc, sino a mi indiscutible superioridad musical.
Sr. Fosa, la chapa creo que va de camino por fin, con compensación y todo. A la tercera (o quinta) podría ir la vencida.
Muchachitos,siento si he provocado una decepción en vuestras líbidos,pero por favor ,no me comparen con Bebe y señor ales,lávese la boquita que así no va conseguir nunca una foto del director dedicada.
Cuantos despropositos y prejuicios volcados en un solo artículo.
Ya sabía yo que el golpe bajo iba a surtir efecto. Gracias por la atención prestada e ignoren mi anterior ruindad (tampoco había que desflickear la foto de Jarvis, methinks).
Ups, efecto colateral de otros arreglos, ya debería estar arreglado.
No me haga hablar mycroft, no me haga hablar.
Hable hable. Soy el primero en tener prejuicios, pero no hablo como si de mi boca raída de caries hablara el mismisimo dios del rock.
En fin… ya escribí una vez a modo principiante en esta página y no pienso caer en el mismo error de intentar razonar con quien sólo quiere provocar.
Y The Whitest Boy Alive? Supongo que también fueron una mierda, aunque no los vieras ya irías con la predisposición…
Pero aún con esta intención, hay algo que se me escapa de la lengua… cómo puedes (de verdad que no lo entiendo), cómo cojones… CÓMO COÑO PUEDES DECIR QUE LO MEJOR DEL FESTIVAL FUÉ ASTRUD???????????? Por no decir que en tu crítica “oficial” (perdona, es que me hace mucha gracia) el segundo mejor parado es el de Factor X.
En fin… lo que pasa que me haces gracia pero hijo mío… pareces un amargado. Prueba un día a ir a un festival a pasartelo bien. Vas a descubrir todo un mundo, el de los mortales.
Disfruta de TU inmensa ignorancia, ten por seguro que yo lo seguiré haciendo
Joder, que subnormal eres Pepo. Subnormal hasta para internet.
A The Whitest Boy Alive no los ví, no los comento. Intuyo que no está familiarizado con este tipo de conducta, nada corriente en los medios que debe usted frecuentar. Así a bote pronto Phoenix fueron mejor que Miqui Puig. Y Astrud fueron lo mejores del sábado, no del festival. Pero lo digo con la misma facilidad, tanta que incluso usted puede intentarlo en la quietud de su cuarto, pulse las siguientes teclas con su dedo índice, ese, el de los mocos: “A-s-t-r-u-d(espacio)f-u-e-r-o-n(espacio)l-o-s(espacio)m-e-j-o-r-e-s(espacio)d-e-l (espacio)f-e-s-t-i-v-a-l”. ¿Ve? Ya casi puede ser periodista, sólo necesita un poco de personalidad propia.
hay que tener valor para acercarse al concierto de Lily Allen; proeza digna de mi mas profunda admiración
Gracias, el deber profesional ante todo.
Fat Children fue con la que comenzó el concierto…la leche vamos.