Arcade Fire - Neon bible

galo el 5 Febrero 2007, 14:57 - en discos

Lo malo de que Neon Bible sea peor que Funeral es que va a contribuir a inflar aún más la desproporción del hype de Arcade Fire. “Era imposible superar semejante discazo” comienza a ser la conclusión más repetida entre los aficionados. Así, Neon Bible será recordado como el argumento definitivo a favor de Funeral y una victoria más del vulgo insensato, ese enemigo tenaz.

El de Neon bible es un título que me sorprende muy pocos han relacionado aún con la primera novela de John Kennedy Toole. Ustedes ya deberían conocerla y reverenciar a este autor memorable por los siglos de los siglos, se desarrolla en un pueblo de Luisiana durante los años de la recesión y narra la disputa librada por la tiranía moral del pueblo entre dos grupos de fanáticos religiosos. Arcade Fire han negado cualquier relación con el libro aunque muchas canciones tienen más puntos en común que un título expresivo y contienen alusiones constantes a la nutrida gama de luminarias morales de todo signo que disfrutamos en la actualidad Mirror mirror on the wall, show me where the bombs will fall (Black mirror), I don’t wanna fall in a holy war (Windowstill), Antichrist television blues. Estos temas se extienden por pura necesidad a otros paralelos como el devenir de la industria petrolera (quizá me paso en esto pero no hacen más que cantar sobre coches.. Keep the car running, No cars go..), la alienación de las masas, MTV, what have you done to me, (Windowstill) y, cómo no, el apogeo del estado policial They know my name because I told them (Keep the car running), I don’t wanna live in america no more (Windowstill). Como ven, disco denuncia, disco comansi, un poco con el mismo mensaje de siempre pero oye, al son de acordeones y órganos de tubos suena como más guay ¿no?

Miren, esta historia me huele demasiado a Hola, somos Arcade Fire, el grupo de moda para mentes despiertas como la suya, y venimos a removerle la conciencia: la humanidad sucumbe a los desmanes de sátrapas, fanáticos religiosos y malvadas corporaciones multinacionales. Y ahora, nos marchamos a pasar la tarde en nuestro sillón favorito del Starbucks, gracias por su atención.. Me toca mucho las narices. Es decir, ¿ustedes imaginan la reacción del lector medio de Pitchfork a tanta denuncia como algo distinto a una tertulia en su café favorito? Yo no. Y peor, no creo que Arcade Fire intenten nada distinto. Dios me libre de imponer obligaciones morales ni sociales a los artistas, pero por ese mismo motivo me irrita la exhibición de virtudes morales que hacen Arcade Fire y tanto les aplauden algunos sus apóstoles. “¡Qué profundos!”, dicen. Puede ser discreta y astuta, pero no por ello deja de ser exhibición, y es cierto que no dan lecciones desde un púlpito pero caen de cabeza en el estereotipo de joven ilustrado con bufanda de rayas multicolor, ejemplar de Chomsky y el Economist asomando por el borde de su bolso masculino (!), aficionado a mostrarse, discreto pero siempre visible, en tertulias de Starbucks mostrando todos los signos de un compromiso social burgués convencional, redundante y estéril, por tanto banal, por tanto improcedente, por tanto irritante. Digámoslo sin rodeos, Arcade Fire es un gafapasta hecho grupo musical, pero de los cosmopolitas, con pedigrí (el concepto gafapasta que en España nos dan sus ejemplares madrileños y barceloneses a fin de cuentas es bastante provinciano y paleto. De dominó, me sopla Pepo, nuestro redactor fáctico).

Pero respondamos la duda que todos ustedes ansían resolver: ¿puede gustarme Neon bible? Hagan lo que les dé la gana. Veamos, en lo que a música respecta es un disco aceptable que ustedes ya han comprendido no llega a Funeral ni a la suela de los zapatos, era un disco mucho más dramático y contundente pero Neon bible sufre canciones reguleras y anodinas como la propia Neon bible, Black waves / bad vibrations, Intervention o ese Ocean of noise que te sumerge en cinco minutos de una sosez insufrible y mortal. Podría lamentarse que el recuerdo de Funeral vaya a suponer semejante carga, ahora bien, no es tan terrible visto que sólo consiguen resultados dignos de mención cuando se mantienen cerca de él y al avanzar en otras direcciones les salen cosas como Keep the car running cuya única gracia parecer ser ese traquetreo que pretende pasar por intenso y trepidante sin serlo, o Antichrist television blues durante la cual se me ha vuelto a aparecer el fantasma de Bruce Springsteen por tercera vez en seis meses (las otras dos fueron The Killers y el catastrófico retorno de Idlewild).

Pero mi problema con Arcade Fire viene de largo. En cierto sentido me recuerdan a las misas-circo de predicadores americanos que han visto ustedes en cine y televisión y pese a todo son verdad. El barroquismo orquestal de Arcade Fire produce, o eso intenta, experiencias similares. En ocasiones lo consiguen, tienen momentos abrumadores, hipnóticos, capaces de saturarte el cerebro hasta la catarsis con cimbales, coros y un bombardeo épico de sonidos. Pero la duda fue siempre cuánto quedaría al salir de la carpa, si continuaría el trance y las visiones cuando se vacíe el escenario, cese el desfile de lisiados y curanderos y se apague la biblia de neón, si se conservará algo de todo aquéllo. La respuesta es, me temo, no. Arcade Fire pueden usar órganos de catedral, acordeones, orquestas sinfónicas y la biblia en verso, pero nada podrá superar la absoluta desconexión emocional que tengo con este tipo de grupos, no me transmiten nada en absoluto, y aunque me entretienen sus fanfarrias cacofónicas están a años luz del punto que distingue la música que escucho por ganas, por necesidad, de un hilo musical agradable. Y la vida es muy corta para hilos musicales.

Exprese su opinión insignificante sobre el disco con estas estúpidas estrellitas:
* * * * * * * ½    
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