The Cure / BloodFlowers
En efecto, The perfect album to say goodbye, tal y como reza el vídeo que regalaban con el disco en Madrid Rock. Recuerdo aquel día en que ví, en lo que supongo serían los cuarenta principales o algun embrión suyo, la última novedad de The Cure. El vídeo de Lullaby. Pensaba que a quien le gustaría ese tipo peludo, maquillado que se revolcaba en un camastro polvoriento y acababa cubierto de telarañas sirviendo merienda para alguna suerte de araña gigante.
Unos cuantos años después volví a oír a The Cure, ésta vez The 13th y me compré Wild Mood Swings porque me costaba 600 pelas y me gustaba esa canción. Desde entonces he comprado trece de las al menos 40 publicaciones oficiales que pretendo conseguir algún día. Cuando me enteré de la inminente publicación de BloodFlowers, a principios de 2000, corrí a comprarlo, sin demasiadas esperanzas de encontrar un disco como Disintegration, 17 seconds,Pornography o Wish, ni siquiera como uno algo más mediocre. No supuse que pudiese volver a escribir algo como A Forest, Just Like Heaven,A letter to Elise o muchas otras.. Sinceramente, con Wild Mood Swings creí terminado lo que habia sido The Cure. Ni siquiera el rayo de esperanza que supuso Wrong Number en Galore me hacía suponer que Robert volviese a la genialidad de finales de los 80. Me equivoqué. Y mucho
BloodFlowers es uno de los mejores discos que han publicado The Cure en toda su historia. Un disco que resume en nueve increíbles canciones toda su trayectoria desde 1978, año en que publicaron su primer single, Killing an arab.
Los discos de The Cure se han caracterizado siempre por la ambientación de que gozan cada uno de ellos, cada uno tiene una serie emociones, un ambiente que transmitir. Se echó de menos en Galore, un disco de recopilación que perdía esa característica mezclando canciones de distintos discos, de distintas épocas. La novedad de Wrong Number parecía una especie de aperitivo para los fans que esperábamos lo que todos sabíamos sería el último album de The Cure. BloodFlowers sabe a despedida. Parece bastante estúpido pero cuando escuchas BloodFlowers entero sabes que es su adiós definitivo.
No puedo elegir una, ni siquiera tres, mejor canción de BloodFlowers. En Out of this world Robert una preciosa melodía va creándose para dejar a Robert deslizarse con tristeza sobre ella: ‘always have to go back to real lives, but real lives are why we stay for another dream, for another world, another day. One last time before it’s over, one last time before the end..‘ Hacer una canción de once minutos como Watching me Fall, con una letra en la que no se repita más que el estribillo (y un par de veces), con una instrumentación impresionante con un caos de guitarras peleando con la voz desgarrada de Robert, después de llevar veinte años creando genialidades es, sencillamente, increíble. Más viendo la evanescencia de los sucesivos ‘mejor grupo del mundo’ con Oasis como máximo exponente que en 4 años se han quedado sin ideas.
La medio-filosófica Where the birds always sing (’.. the world is neither fair nor unfair, so one survives, the others die [..] it’s just us trying to feel that there’s some sense in it‘) que se excusa por una ruptura (’..you always want so much more than this, an endless sense of soul and an eternity of love [..] it’s not enough, you want everything, another wolds ehere the birds always sing, another world where the sun always shines, another world where nothing ever dies‘) precede a Maybe someday, que destaca por una sencillísima y genial letra sobre una vibrante batería. No sé si seguir poniendo letras porque alguien va a terminar por hartarse, pero sin duda son uno de las grandes virtudes de este grupo. De nuevo una ruptura (’but maybe someday i´ll see your smile as you call my name, start to feel and it feels the same and i know that maybe someday’s come‘).
The Last day of Summer se rinde definitivamente (Oscar, lo necesitaba decir) con una preciosa melodía de guitarra y unos violines se lamentan con Robert ‘all that i feel or trust in or love, all that is gone‘ para dejar paso a There is no if. Esta canción me recuerda a Just Like Heaven, la primera mitad exultante de alegría. En la segunda la guitarra se rompe y con ella el corazón de Robert. Quizás por recordar la Just Like Heaven y por la mustia alegría con que Robert la canta en cierto modo llegas a sospechar angustiado lo que te espera. Es verdaderamente increíble la forma tan sencilla en que crea situaciones tan hermosas y cómo las reduce a polvo con un par de palabras.
Tras The Loudest Sound y 39 cierra el álbum BloodFlowers, la canción que da título al disco, una canción, sencillamente genial con una guitarra rabiosa que, según todos los indicios, se cierra la trayectoria de los que durante más de veinte años han sido una de las bandas de culto más importantes. Robert Smith, verdadera alma del grupo, si no el grupo en sí, parece que seguirá en activo al margen de The Cure. Nunca con la misma intensidad que cuando tenía 25 años, pero aún capaz de crear maravillas tal y como ha demostrado con Bloodflowers. El error de mi vida fue no empeñar todo lo que tengo por ir al último concierto de The Cure en Madrid, uno de esos impresionantes conciertos de 3 horas que pocas bandas pueden permitirse.

Gran Torneo 2008
Boquerones en Vinagre
Uh Huh Her + The Fashion, Nueva York 29-10-2008 
