The Get Up Kids / Guilt show
A ver, el que se haya vuelto a dejar abierta la jaula de las fraternidades universitarias que haga el favor de cerrarla, que esto se nos está llenando de pelmas. Aquí llegan The Get Up Kids, otro grupo para aumentar la oferta de bandas sonoras para película de adolescentes hiperormonados con melodías de manual y travesuras sonoras de baja intensidad. Pero no se queden en el estereotipo amigos ¡éstos traen un piano! Hay que joderse, al final los soplagaitas de Keane van a redefinir el pop del siglo XXI con su lema “haga lo mismo, pero con un piano!”. Quizá he cometido un error con este disco, dos semanas intentando sacar algo en claro de las notas de mi cuaderno centavro lo único que han conseguido es someterme a escuchas y más escuchas de un disco simplón e insustancial. Demasiado a todas luces, y luego pasa lo que pasa, que germina el resquemor aunque alguna cosa suelta como The one you want, donde hay que reconocer una buena mirada a Superchunk o Teenage Fanclub, intente apelar a la poca bondad que me quede. Poca en cualquier caso.
No hay manera. Para empezar parecemos estar ante otro caso típico de grupo que se ve forzado a admitir al primo del bajo, un chico retraído con problemas de adaptación que toca el piano, o el ukelele, para que destroce la banda. No encuentro otra explicación tras escuchar temas como Wouldt believe it y tantos otros, donde la vital importancia del piano queda plenamente demostrada pulsando un total de una tecla. Eso sí, muchas veces, y muy rápido. Sus canciones están plagadas de unos versos paletos (.. you look me in the eye and say the world is not gonna end) que casi te hacen ver a Sabrina bailando con su novio en un gimnasio cubierto de globos y serpentinas. Los muy ingenuos hasta terminan canciones un trallazo de guitarras, como en plan toma ya, ahí queda el rock. Puestos a coleccionar defectos ni siquiera se ahorran una incontinencia compositiva que les hace más mal que bien, sonando de un pretencioso que chirrían los dientes. Para There is a way out ceden al truco fácil del piano delicado sobre muro de sonido (no creo que haga falta meterse en detalles sobre la solidez del mismo), y hay que agradecer que en Conversation, después de ponerse en plan violín-épico-sintético-orquestal sin venir a cuento, se les pasen las ganas de seguir metiendo la pata y terminen el disco. En fin, amigos, inocuo. Qué liberación no tener que escucharlo más.
galo

Gran Torneo 2008
Boquerones en Vinagre
Uh Huh Her + The Fashion, Nueva York 29-10-2008 
