The Kills - Midnight Boom

galo el 27 Abril 2008, 10:24 - en discos

Vamos a reseñar este disco para borrarlo del disco duro sin remordimientos. Y no es que moleste más que, déjenme echar un vistazo.. el truño de Portishead que está a su lado, pero sí tiene la cualidad tormentosa de una úlcera bucal, un no poder dejarla en paz, una pulsión masoquista por buscarla con la punta de la lengua y palpar y adivinar la evolución por el sabor, el tacto, la intensidad de la punzada que te atraviesa la carne como un alambre al rojo. En esto flaquea la comparación, Midnight Boom te atrae, lo buscas, vuelves a escucharlo por enésima vez, y no mantiene esa satisfacción lacerante. Es más como restos de galleta. Insuficientes, efímeros. Pero insisto, hay algo que te hace regresar, algo que debe merecer la pena, no es nada concreto, a lo mejor una ilusión. No está en U.R.A. Fever. Empieza tortuosa, con un pulso lúgubre, ambos devolviéndose frases hasta concluir a dúo que “We are a fever, we are not born typical” y meterse en un estribillo que mezclan el Freak like me de las Sugarbabes con un scatch de rapero barato. Cualquiera que tomase ésto como el punto álgido del disco, una suposición lógica dado que la eligieron como single, tendría pocos alicientes para seguir adelante y por tanto se nos antoja por tanto temerario continuar con el agradable sonido de Alison Mosshart amasando un gargajo a toses. Pero es para bien porque si el disco tiene una salvación está en las cinco canciones siguientes. Cheap and cheerful aumenta revoluciones con un tono cercano a Le Tigre y aunque el comienzo de Tape song es similar a U.R.A. Fever logra un ambiente más inquietante, el (¿falso?), bajo suena casi imperceptible, aparecen notas de una guitarra como crujidos metálicos y detonan uno de sus estribillos de histeria contenida. En Getting down y Last days of magic repiten el mismo juego a dos voces con mucha más habilidad, las voces se rozan, hay un murmullo grave en el fondo que llena todo el espacio y crean mucha más tensión que en cualquiera del resto. El estribillo de la segunda es el mejor momento del disco, al cantar “My little tornado, my little hurricane” transmiten la misma sensación que retorciéndose frente al micrófono en el vídeo de The good ones y la mantienen en Hook and line con un desmadre atronador en el estribillo. Black balloon hubiera sido una despedida válida y sobre todo oportuna porque a pesar de que el potente minuto y medio de M.E.X.I.C.O.C.U. amaga el principio de una remontada ambiciosa en la segunda parte cantan “Running into trouble, running into trouble” y no es en vano, lo que viene es alargar hasta la docena de canciones sin necesidad y cargarse el disco.

Habiendo leído a The Kills decir que intentaban sacudirse de encima la etiqueta de “Fashion Rock” (que de todas formas era anterior al noviazgo de Jamie Hince con Kate Moss) sorprende escuchar el tono de glamour decadente con profusión ritmos sintéticos que domina en la segunda mitad. Lo que intentan es repetir la primera incorporando maquinitas, y no funciona. En la birria de Sour Cherry apilan aparatos de percusión, palmas, palos, algún bostezo de guitarra, todo sin orden ni concierto, una versión caótica de lo que han hecho ya mejor en Cheap and cheerful. En Alphabet Pony Alison Mosshart canta fatal, a gritos, sin aire, como una actriz borracha haciendo karaoke en una fiesta, el bombo suena como ahogado bajo una pila de almohadas. En la suerte de electro rock de What New York used to be intenta sonar sugerente pero recuerda a la de CSS cantando en un barril de feromonas y les cuesta media canción encontrar una manera de terminarla. Goodnight bad morning termina con la segunda despedida acústica, reflexiva, innecesaria, diciendo que “What a beautiful state we’re in”, como si lo que acabasen de enseñarnos hubiera sido un fin de semana entregado a los vicios y ahora cantasen desplomados en el sofá durante las primeras horas del lunes. Y tampoco era para tanto, tú andas con la sensación de que Midnight Boom tenía virtudes de las que puedes recordar y no importa cuántas veces lo escuches, no consigues deshacerte de ella.

Exprese su opinión insignificante sobre el disco con estas estúpidas estrellitas:
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