The Only Ones - Londres, 09/06/2007

The Only Ones - Londres, 09/09/2007Diez minutos en la cola de la entrada ya me habían dejado claro que aquella noche el Shepperd’s Bush Empire albergaría una suerte de reunión de antiguos alumnos del punk en la que amén de barrigas parabólicas y tatuajes medio diluidos en la carne no sería extraño tropezar con audífonos, bastones o dentaduras postizas al menor atisbo de agitación. Destacaba en esta noche geriátrica una isla de juventud y lozanía en los dos puestos centrales en la primera fila, ocupada por un muchacho élfico y, por supuesto, éste su fiel redactor, que estaba allí para ser testigo del último concierto de la gira de reunión de los míticos The Only Ones y lo que es más, contárselo. Pero permítanme insultar a los teloneros antes de entrar en materia.

Bastó ver un cigarrillo atrapado entre las cuerdas y la pala del bajo para saber que nos esperaba una hora de mierda, pero siempre está la duda del estilo. Fue, para mi absoluta desolación, una especie de rock tabernero infectado de ska casi tan anodino como repetitivo. El cantante era un infeliz con voz de dibujo animado y cara de lerdo que tapaba con cuantos objetos quedaban a su alcance, pelos, gorros, micrófono, y entre versos se dedicaba a dar tumbos por el escenario como si le hubiera picado un alacrán en las pelotas, aunque perdía credibilidad por segundos al ver que cuando se topaba con un cable recobraba la compostura en el acto, lo sorteaba con toda serenidad y continuaba la pantomima. Vinieron acompañados por dos palurdas en el rol de coristas que en el curso del concierto llegaron a articular tres palabras completas. A una le habían soplado que el negro adelgaza y, en lugar de cubrirse la panza con una carpa de circo como su compañera, salió con un vestido ajustado en el que las sombras de los focos dibujaron un paisaje dantesco. Recordar el nombre del grupo hubiera sido, más que inútil, estúpido.

Pero como todas las desgracias también ésta pasó dejando paso a The Only Ones. Alan Mair (guitarra) apareció aseado, gordo, y vestido como los músicos de oficio que ponen a Julio Iglesias en sus giras, con botines y ropa negra, John Perry (bajo) por el mismo camino pero algo menos gracias a un oportuno sombrero y Mike Kellie (batería) con el pelo un poco más fregona que en sus años mozos y una camisa de lino modelo Sánchez Dragó aunque bastante bien conservado. Lo de Pete Perrett era lo más próximo al embalsamamiento que puede verse en posición vertical, tremendo, delgado como un suspiro y envuelto en una gabardina negra que flotaba a su alrededor como si dentro sólo hubiera una tubería quebrada. The Only Ones - Londres, 09/09/2007Comenzaron con Here to eternity, Miles from nowhere y Flaming torch para regocijo instantáneo de un público que gracias a Dios no tenía las articulaciones para hacer el animal pero aullaba declaraciones de amor que los Only Ones reconocían un poco sorprendidos y devolvían murmurando tímidos we love you too. Pero había algo terrible en su mirada, como si los hubieran congelado hace treinta años y acabasen de despertar diez minutos antes para enfrentarse a los estragos del tiempo. En los ojos de Perrett había una tristeza apabullante, tocaba encogido sobre sí mismo o levantando la barbilla hacia el techo como si tirase de ella un hilo invisible y los tendones del cuello se tensaban formando surcos profundísimos, a veces abría la boca como se hace para contener la angustia y no romper a llorar y sus guitarrazos estaban afilados con una energía imposible para ese cuerpo exprimido que sonaban con el eco sobrenatural de un espíritu que lo hubiera poseído y estuviera dirigiendo el concierto. Alan Mair tocaba sus mejores solos como si estuvieran contenidos en la guitarra y sólo hiciera falta acercar las manos para que cobrasen vida y fueran pulsando las cuerdas en los lugares exactos. Al hacerlo ponía cara de sorpresa y levantaba los ojos hacia el público pensando anda mira lo que había aquí metido. No era descabellada la idea de que The Only Ones estuvieran actuando como mediums para otros Only Ones y que a lo mejor el chaval élfico y yo teníamos algo de ajeno en aquella celebración robada al tiempo. Es fácil imaginar incluso desde una perspectiva racional el efecto que tuvo todo este ambiente en canciones desgarradoras como The Whole of the law, o It´s the truth donde cantaba:

Something’s been going wrong
I’m all fixed up
And I don’t know what’s going on
Gotta talk to you
I gotta talk to you
It’s the last time
That I’m ever going to

The Only Ones - Londres, 09/09/2007Sonaron impecables In betweens, Flowers die, Programme, Dreamt she could fly, As my wife says, Big Sleep, No peace wicked, por supuesto la monumental Another girl, another planet y Beast. El primer bis era indiscutible y tocaron Flaming torch, introducida por un magnífico solo de Mike Kelly a la batería, Someone who cares y Lovers of today para retirarse entre entre abrazos y miradas de despedida furtivas a un público entregado que a fuerza de aplausos volvió a arrastrarlos de vuelta para ceder Me and my shadow y la ansiada Why don’t you kill yourself?. Nada más terminar Pete, agachado lejos del micrófono, murmuró algo que nadie entendimos y se retiró dejando al resto de la banda en más abrazos, más últimas miradas a una sala llena de público, oscuridad y luces y el humo fantasmal de demasiados cigarros para la actual psicosis antitabaco, dejándose consolar en la despedida por una ovación que fue despedazada por luces que cayeron implacables como un amanecer concluye una noche de brujas.

Fue un concierto hermoso y triste, muy triste.

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galo
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¿Le ofende la superioridad de nuestro critero? No se reprima:
  1. alize,

    no por triste y aún decepcionante, menos delicioso
    seguramente es para dar un poco de envidia

Ánimo, deslúmbrenos con su ingenio:

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