The Only Ones / Special view
La vida del periodista musical no es fácil. Lo digo sin ironía alguna, sé que a veces bromeamos quejándonos de la inabarcable gama de ofertas de índole sexual que llegan al buzón de nuestras oficinas, los pingües ingresos que obtenemos de la venta de espacios publicitarios, los cientos de discos que recibimos de las más importantes compañías discográficas nacionales e internacionales. Seamos sinceros, en el fondo nos gusta, disfrutamos hartándonos de discos,entradas, dinero y mujeres; ¿y quién no? Pero hoy vamos a ponernos serios. No es oro todo lo que reluce: ser periodista musical exige sacrificios, responsabilidades.
Somos faros de la cultura musical española y, por qué no, también la internacional. Como tales debemos permanecer recios e inmóviles derramando nuestra luz hacia el horizonte, llueva o nieve, truene Zeus o ruja Poseidón, no podemos vacilar, no podemos descuidarnos. Toda una generación navega entre la niebla batida por furiosas olas y afilada lluvia. Es nuestra luz la que buscan. No podemos fallarles. No podemos fallaros.
Con tal peso sobre las espaldas vivimos. Mientras ustedes se preocupan de banalidades como los exámenes de febrero, el acné, la frecuencia con que se masturban, excesiva a todas luces, cómo declarar su amor la chavala de serie b que les tiene sorbido el cerebro o qué camiseta ponerse el viernes para el Razzmatazz, nosotros no comemos, no dormimos, no bebemos, no vivimos. Sufrimos angustiados buscando otro rayo de luz para mostrarles el siguiente paso del camino. Sin discos aún en 2003 y con los pobres restos de 2002 la desazón que invade nuestras oficinas es tal que tenemos que rechazar las ofertas de muchas de las jovencitas que por aquí se acercan a ofrecernos su virtud. “Lo siento pequeña, tenemos unas responsabilidades que cumplir” es nuestra frase más repetida este mes. Qué traer a sus pantallas. Qué traer.
Hoy les presento (si ya se conociesen diría mucho bueno de usted) a The Only Ones, banda británica de finales de los 70 que duró escasos tres años, publicó tres discos y pasó sin demasiada pena ni gloria por una escena musical que andaba sobrada de talentos. Yo tuve el gusto de conocerles hace años. Entonces tenía una cinta permanentemente preparada en la cadena mientras escuchaba la radio y un resorte alojado bajo mis nalgas que se accionaba cada vez que escuchaba algo que me gustase, lo que daba con todo tipo de objetos en el suelo: vasos, artículos de papelería, comida, discos, yo.. Grabé muchas canciones así pero recuerdo muy pocas y sólo una con verdadera emoción: Another Girl, Another Planet, primer corte de este magnífico Special View, una especie de recopilatorio editado para los EEUU.
Al escuchar algunas canciones pensamos que si existe la perfección (y ésta no es Pampita) tiene que ser así. Seguro que a casi todos nos pasa con There is a Light that Never Goes Out, no se le puede añadir nada ni lo necesita, es perfecta desde el primer acorde al último, cada palabra, cada nota está ahí porque tenía que estar. La cantó Morrissey porque sólo él podía cantarla, sólo Marr podía tocarla. Esa canción existía antes de componerse, ellos no hicieron más que colocarse en su sitio.
Los tres minutos exactos que dura Another Girl no son tanta casualidad como parecen. Es una de esas exigencias del destino porque es, allmusic.com dixit, “as perfect a crystallization of power pop [..] as could be imagined“, la más perfecta cristalización del power pop que puede imaginarse. Y es así, de pies a cabeza, tres minutos, una melodía y un buen estribillo, todo lo que hace falta. Planta sobre la mesa un prólogo punteado sobrecogedor, desata una melodía deliciosa, suelta un estribillo de museo, destroza con un solo en caída libre, y remata. Cuatro acordes (cuatro), una canción de manual: estrofa, estribillo, solo, estrofa estribillo. Tremenda.
Con canciones así lo malo es que luego un disco te deja frío, y es lo que me ha sorprendido de Special View, que lejos de ser algo con que acompañar al himno esconde un puñado (dos, tres) de canciones que merecen la pena escuchar. Siete (de once) temas de tres minutos todos con melodías pegajosas (Flaming Torch, Lovers of Today , Someone Who Cares , Out There in The Night y Another Girl.., por supuesto), power-pop para saciar a cualquiera con muchas y muy buenas guitarras (hay unos par de detalles muy de los Who verdaderamente deliciosos). Escondidos andan algunos solos tremendos (The Beast). Por todas partes se cuelan muchas de las maravillas que había en las listas por aquellos (maravillosos) años: el principio de Peter and the Pets es una más de las muchas veces que la voz amarga a medio camino entre la desgana y la ironía de Peter Perret recuerda a un Lou Reed y una Velvet Underground demasiado recientes como para no estar muy presentes (viva!) en la música de The Only Ones.
Resumiendo, un argumento más para mi cada vez más firme convicción: ya me compraré los discos de ahora dentro de diez años. Vayamos a la serie media y compremos mejor y más barato. Si no los conocías corre a tu gestor de descargas preferido

Gran Torneo 2008
Boquerones en Vinagre
Uh Huh Her + The Fashion, Nueva York 29-10-2008 
