The Smiths / Wilde about the Smiths
Bienvenidos a un capítulo más de la serie ‘Alternativas para una actualidad musical de mierda’. Hoy con un disco de los Smiths que no es una gran maravilla pero sin duda les hará gozar. Sobran un par de versiones que no me gustan un pelo perpetradas por la pesadísima Sandie Shaw (I don’t owe you anything y Jeane) y abunda en curiosidades sin especial interés, como el single italiano de How soon is now, una versión alternativa de Hand in glove en unas tales Tony Trade sessions y un par de apariciones televisivas (This night has opened my eyes el 84 en Y.E.S. y Sheila take a bow del 87 en The Tube). Aparte de lo cual habrá que disculpar un sonido, lo digo desde ya, cochambroso. No teman, les será fácil a medida que vayan descubriendo el verdadero aliciente del disco: los conciertos.
No es excelencia acústica lo que debe usted buscar en un directo de los Smiths sino precisamente lo contrario, imperfección, visceralidad y berridos. Hace ya muchos años que Morrissey dedica sus actuaciones a deleitarse en su condición de mito con la misma placidez que empapa sus camisas en sudor, suelta los botones y la arroja al público para saborear el dulce néctar de la idolatría. Antes de tenerlos en ese estado tuvo que someterlos, esclavizarlos, y esa fue su tarea en los ochenta. Morrissey subía al escenario para azotar al público con una furia que sólo comprendieron las flores que reventaba contra cualquier cosa que pillase a su alcance, y esa sensación que no se encuentra con la misma intensidad en sus discos de estudio sí quedó parcialmente conservada en decenas de grabaciones como las que se incluyen aquí.
Tomen como ejemplo el magnífico de Hand in Glove principios de 1983, Morrissey acaba de ver prendida la mecha del éxito con el que lleva soñando desde que tiene uso de razón, dos metros a su izquierda siente la presencia de Johnny Marr, el caballero de la brillante armadura que le rescató de su cueva hace sólo unos pocos meses, sacándose de la manga uno de los mejores singles de la historia de la música pop. Y él tiene un micrófono. Por fin ha llegado su hora, quiere que le escuchen hasta en último rincón del planeta, ahora, sin esperar un minuto más, y lo van a hacer aunque tenga que reventarse la garganta. Somos uña y carne, somos fabulosos, grita al borde de la histeria con una desesperación y una urgencia devastadoras Si la muerte te toca un pelo lucharé hasta el último aliento. �¿Cómo saldrían los infelices que se metieron en ese concierto de la por entonces next big thing? Envenados para siempre, condenados a caer a sus pies veinte años más tarde suspirando por destrozar sus camisas.
El orden de las canciones no es particularmente acertado, en este preciso momento una versión del 87 de Panic no viene a cuento pero oye, siempre es un motivo más para entonar aquello de Hang the DJ. Se reciben mucho mejor otras dos de las antiguas, presentación en directo del ‘nuevo single’ Heaven knows I’m miserable now (París’84) y Miserable Lie. Vicar in a tutu (Whistle test’86), grande aquel Meat is murder que debió sumir el Madrid del 85 en un apocalipsis vegetariano bajo el aguijón de Marr y los inmiselicordes mazazos de Joyce. El dieciocho de mayo nadie en la capital pudo cenar siquiera un huevo.
1983, grande también un Accept yourself en la oscuridad de Birmingham que suena a gloria quizá por lo mal que se escucha, como si le oyéramos cantar desde la ducha una vez tuve un sueño y nunca se hizo realidad, y ahora el tiempo está en mi contra con tan engañosa jovialidad. The Queen is dead, 1987 en la Brixton Academy de Londres, el último concierto de su carrera barrido por una guitarra furiosa al borde de la deserción. Still Ill (The Tube’84) bastante fiel a la versión de The Smiths, subversiva, irresistible. Adorable Girl Afraid (Glasgow’84) con un Barbarism begins at home (Hamburgo ‘84) que merece la pena escuchar como uno de los pocos momentos que Rourke y Joyce se hacen con el protagonismo, y This charming man del glorioso Live at the Assembly Rooms (Derby’84).
Para el final queda el mejor momento del disco en una gloriosa I know it’s over. I can feel.. the soil falling over my head.. una pobre muchacha que se ha colado en el escenario gime junto a Morrissey con tal desesperación que parece estar a punto morir devorada por una piara de jabalíes. Empiezan a subirse más adoradores, el segurata intenta mantenerlos a distancia de ese frágil muchacho que se lamenta abatido .. oh mother i can feel.. the soil… pero de repente despierta furioso para defender a sus adoradores Jesus Christ, don’t be so stupid!! leave him alone stupid idiot!! leave him!!. El público aplaude breve y tímidamente, se les imagina sonriendo y sin demasiado asombro pero expectantes, él vuelve a hundirse en la desesperación, arrastrando a aquélla pobre infeliz que aulla como si sintiera el aliento de los jabalíes en los pies, Morrisseyle manda callar y continúa a trompicones pero manteniendo la misma cadencia, la misma placidez, la misma resignación ..over it’s over.. pese a luchar por alcanzar el micrófono contra la succión desesperada de decenas de brazos y ojos y bocas. Ustedes como buenos intelectuales no dejarán de recordar el final de El Perfume, y entenderán lo que Morrissey fue buscando desde la primera estrofa cuando, ignorado por la lánguida guitarra de Marr, le escuchen agonizar sepultado bajo una marabunta de histéricos oh moth.. I can f..ee…
Como curiosidad adicional terminamos con un megamix de Still Ill, This Charming Man y Hand in Glove donde se intercalan fragmentos de entrevistas (’�¿por qué llevo flores en el escenario? Creo que las flores son cosas muy bonitas, agradables e inocentes. No dañan a nadie, no eructan y no hacen nada feo, así que �¿por qué no? es mejor creo que blandir calcetines‘) y un coro de niños entonando This Charming Man. Qué perversidad, �¿llegarían a lo de ‘.. cuando el cuero se desliza con suavidad en el asiento trasero‘?. Criaturas.
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