The Warlocks / The Phoenix Album

Entendiendo las referencias como adjetivos. Cuatro grupos para resumir a los Warlocks:

1. Dandy Warhols.
No es una forma como otra cualquiera de traer a colación a los Stones
y lo que ellos traen a su vez de equipaje y séquito. Los Warlocks
tienen muchos puntos en común con los Warhols, empezando por
la voz de Larry Hardy, que tiene un 40% de un Courtney Taylor más o menos pasado
según la canción. Están esos riffs que tanto gustan a los de Oregon como andamio
sobre el que derramar todo tipo de delirios alucinógenos: la primera, Shake
the Dope Out
se abre como más de un tema de los Warhols
(Minnessoter, Boys Better), esos uuuuh ooh
he-he-hey, esos coros, teclados, una maraña de pedales. Baby Blue,
la tercera, casi parece cantada por Taylor, arrastrando las palabras hasta perderlas
de vista, detrás se escucha a Holmstrom punteando casi por inercia. Y los pocos
problemas para darse el gusto de tirarse minutos enteros colgados de ruidos,
ecos y feedbacks alargando canciones hasta los 9:30 de Cosmic Letdown
o 14:15 de Oh Shadie.

2. Jesus and Mary Chain.
Otro 40% de la voz de Larry Hardy es de los hermanos Reid. J&MC
empiezan a entrar en escena con Hurricane Heart Attack, lógico
es que recuerden a BRMC. Sonido mucho más denso, más agresivo,
voces estranguladas. Las guitarras altísimas pasadas por una trituradora de
distorsiones (recuerden Psychocandy) se van a repartir por
todo el disco, aparecerán aquí y allá discretas, pero siempre presentes.

3. The Velvet Underground.
Posiblemente no sea una coincidencia que se llamasen The Warlocks
antes de formar la Velvet. No se trata de detalles como que
la base de Stone Hearts (tremenda) huela a plátano por todas
partes, es que detrás del rock de guitarras distorsionadas, detrás de los sonidos
sucios, del regusto a glam, detrás de los quince mil nombres que pueda uno nombrar
escuchando a gente como los Warlocks está, siempre, la Velvet.

4. The Doors. Treinta
años después las influencias han pasado por tantas manos que ya casi ni se reconocen.
Los Doors están en muchas partes y en ninguna, como casi todos
esos ‘mitos’ de finales de los 60 principios de los 70. Los quince psicodélicos
minutos de Oh Shadie no pueden esconder a los Doors
pero donde se materializan de forma evidentísima aunque fugaz es en Shake
the Dope Out
y lo hacen con unos teclados que tienen nombre propio:
Ray Manzarek. Y suena tan maravillosamente que me niego a no nombrarlos.

Galo.

galo
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