Thom Yorke / The eraser

galo el 11 Septiembre 2006, 23:35 - en discos
The eraser

Es una escena inquietante y hermosa que te hipnotiza como los paisajes minuciosos de Edward Gorey. Un hombre con sombrero y un palo enfrenta el poder de su mano extendida a una marea de líneas negras, puntiagudas. El piano que comienza The Eraser suena como una campana de alerta medio de una calma tensa. Te despierta. Te hace prestar atención a preguntas que van dirigidas a otros. Dudas si las contiene o están a punto de tragárselo, si es él quien las crea. Suenan The Eraser, Analyse y supones que Thom Yorke quiere ser el tipo del sombrero, que las rayitas negras son sus demonios. La escena te despierta tanta curiosidad como sus desvaríos: puedes vivir sin los detalles pero quizá merezca la pena ponerse detrás y mirar el espectáculo. Es una trampa. Milésimas antes del minuto 3:02 se alcanzará el punto de no retorno, Eraser comenzará a envolverte con un piano sobrecogedor y las líneas negras dejarán de ser solo líneas negras. Hay algo flotando.

Echas monedas al pozo de los deseos. Por nosotros. Finges que aún estás al mando. The Clock ya no intenta fingir tranquilidad y Time is running out for us despierta la incómoda seguridad de que ya no estás aquí como espectador. Creo que a Thom Yorke le importaría un bledo: aislamiento, guerras y protocolo de Kyoto, repite sus obsesiones. Se negó a presentarlo como un proyecto en solitario o el preludio de una escisión, sólo quería averiguar cómo era hacer las cosas por su cuenta. Dice lo ha logrado y es agradable. El problema es que The Eraser ha escapado a las intenciones de su creador y parece pensar por su cuenta, obliga a acercarse y mirarlo de cerca, tocarlo, sentirlo palpitar, respirar contigo dentro. Te ha engullido cuando lo comprendes.

I’m known to bite in tight situations. Thom Yorke pierde los papeles. I want to eat your artichoke heart. Si hubieras empezado por Skip divided y Atoms for peace ahora estarías tomándote un colacao frente al televisor. Imaginas cierta afinidad con el hombre del sombrero. Como tú resiste, si resiste, en un rincón. Pero importa poco. Ninguno vais a escapar ya.

The Eraser se vuelve opresivo como la noche de insomnio en que Thom Yorke compuso And it rained all night escuchando la lluvia caer como metralla contra los cristales de su hotel. El hombre del sombrero desaparece, tú desapareces. The Eraser os ignora. Su dominio es absoluto, solemne.

Try to save your house, try to save your songs, try to run, but it follows you up a hill. Lo de Cymbal rush no es una amenaza, ni una advertencia, pero inquieta tras escuchar Harrowdown hill. En esa colina sobre la que apareció muerto David Kelly. Había dejado caer demasiada sangre. O tomado demasiadas pastillas de co-proxamol. O desvelado demasiadas inconveniencias sobre la búsqueda de armas químicas. We think the same things at the same time, we just can’t do anything about it. Don’t ask me, ask the ministry. The Eraser lo ha sumergido todo. Cuando termina sólo sientes impotencia.

Y sin embargo te ha negado cualquier respuesta. Volverás a buscarlas, pero nunca sabrás si al otro extremo ha engullido a aquel hombre con sombrero, si sigue resistiendo, cuánto resistirá o si algún día llegarán a retroceder.

Lo inquietante es que quizá debas decidirlo tú.

Exprese su opinión insignificante sobre el disco con estas estúpidas estrellitas:
* * * * * * * * *  

¿Le ofende la superioridad de nuestro critero? pulse aquí