Ursula en Madrid

Lo bueno de la FNAC es que es gratis entrar. No, no hablo por propia ruindad y avaricia (que me sobran, claro) sino porque gracias a ello la variopinta fauna que vaga por el centro de Madrid, pensionistas, profesores de filosofía perdidos en la gran ciudad, señoras con bolsas de churros recién hechos y ancianas homeless, ven una cola y allá que van, con la esperanza de pasar la tarde sentados y entretenidos. Además, por un extraño designio divino tengo la suerte/desgracia de enamorarme cada vez que voy, me pasó con Helena Miquel (�lena) y esta vez con una angelical y desgarradora ninfa que andaba por allí en representación de Foehn, prometedora discográfica catalana que pasea, exhibe, a �rsula y Balago en sus respectivos estrenos.

Pues bien, más allá del ahorro mi propósito era doble: primero entrevistar a �rsula y Balago. Segundo dejar de autoreprocharme haberme perdido el concierto del jueves en El Sol (que sí difrutaron los ganadores el concurso celebrado en esta misma web) y gozar, menos tiempo, de los dos fichajes de estreno de Foehn. De las entrevistas iremos dando cuenta poco a poco.

Torturado por el aroma de los churros y el crujir de la bolsa dieron comienzo los 45 minutos de concierto de los gaditanos �rsula, que tocaron algunas canciones de su reciente primer trabajo La banda sonora de mi funeral, una nueva y una antigua si no me falla la memoria. Un disco más que recomendable que se ha colado en la mayoría de listas de 2001, y no sin razón. Sonidos melancólicos, minimalistas, para escuchar sin prisas. Justo lo necesario para realizar la purga de cuatro o cinco curiosos que gracias al precio (0, recuerdo) no tenían remordimiento en marcharse, dejándonos a los demás felices de ahorrarnos los murmullos de fondo. Y es que con razón se quejan ambos grupos de la manía popular de parlotear en cuanto el volumen lo permite. Cierto es que no se trata de un sonido de concierto convencional y es tentador aprovecharlo como hilo musical y departir con el amigo de turno. El problema es que se pierde una de las grandes virtudes de Ursula: una riqueza sobresaliente no sólo que saben mantener el directo sino que gana ese encanto del semiacústico (sin el semi más bien) que absorbe sin piedad tu atención, ayudados por la duración: 45 minutos que no dan tiempo a aburrirse, algo que sí puede pasar a muchos en hora y media (ya se sabe, hay cosas que no valen para escucharlas en todas partes).

Todos (6 ó 7 si la memoria no me falla) bien. Varios trueques de instrumentos que a decir verdad se notaban poco en el resultado final (buena señal supongo) pero no puede dejarse sin elevar a un altar para posterior adoración al sobresaliente teclista que se marcó un tema con todo el escenario para él sólo. Embobó y arrancó uno de los aplausos más intensos de la tarde, inevitable a pesar de las vibraciones de la batería (sic) con los acordes más bajos (lo malo de la gratuidad, claro) pero exigió, y consiguió, el protagonismo que se ganaba canción a canción.

La víspera, en El Sol, se jodió el bombo en el momento crítico pero esta vez no falló, explosión final que sorprendió a más de uno y aportó energía para los últimos aplausos. Falló algo el sonido más por medios técnicos que por capacidades pero no lo suficiente como para amargar un buen concierto. Quizá un buen concierto desamargó a unos malos medios.

galo

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